Sobre la imaginación

*Publicado en Séptimo Sentido La Prensa Gráfica 5 feb 2017

Una vez, en la bruma de la niñez y con poco tiempo en los Estados Unidos, le conté a una maestra del colegio que mi familia había formado parte de un circo.  Recuerdo inventar con ganas y descaradamente; con cada detalle practicaba el vocabulario y la gramática de la imaginación.  Alguno de nosotros era artista del trapecio, otro sabía manejar animales exóticos, alguien se especializaba en malabares de fuego y no sé qué otra cosa le habría contado.  Lo que sí recuerdo es el sabor de exponer mi vida, sus personajes y objetos como un cuarto de maravillas; un gabinete de curiosidades con viales de "sangre de dragón" y esqueletos de seres míticos.  Ahora, años después, me maravillo de haber tramado tal historia y de acompañarla hasta con un dibujo en tamaño grande de mi familia Cirque du Soleil.  Era un caso de imaginación ingenuo o quizás mi mente de fantasía sabía representar mejor la sensación de exotismo de niña centroamericana trasplantada en los años ochenta en Wisconsin.  

Con el tiempo llegué a abandonar esos juegos de la imaginación y acepté que la potencia real está en lo táctil; en lo que uno sabe y conoce por estudio o por experiencia propia.  Pero siempre llegan esos giros inesperados de la vida que te dejan plantada en el umbral de todo lo que no sabes hacer ni tienes idea cómo resolver y sos niña otra vez inventándote circos y escenas, vulnerable pero creativa.

Por circunstancias de la vida, en los últimos meses he estado inmersa en el proyecto de restaurar una casa de 1905 casi en condición de ruinas.  Ha sido un proceso de prueba y error y de improvisar e inventar reparaciones y arreglos.  Levantar la casa ha exigido el tanteo de buscar posibilidades y el brío de la imaginación; algo que sabía manejar mejor de niña y que me está tocando rescatar de la atrofia del desuso.  

Claro que he recurrido a YouTube y sus miles de tutoriales sobre el detalle más mínimo de la vida, pero cuando se me complica un proyecto lo que más ayuda es un taladro y la imaginación.  El mejor antídoto en esos momentos es poder percibir otras maneras de hacer las cosas y recurrir al aire sabiendo que existe un sinfín de posibilidades.  Es más, aun cuando hay un camino prescrito y bien señalado me doy cuenta  que es preferible no seguirlo sin primero imaginar por lo menos dos o tres vías alternativas; tal vez exista otra manera de llegar al objetivo, una técnica para hacerlo uno mismo que te ahorre dinero, quizás no tenga que ser construido de esa forma, tal vez haya otro uso para esa puerta de cedro o cosas que convendría eliminar de ese contrato.

Después de todo la imaginación como instrumento básico es algo que nunca debería haber subestimado ni olvidado con la niñez.  Es la capacidad únicamente humana de ver lo que no existe y de transformar nuestro entorno.  En El sur de Jorge Luis Borges la imaginación es esa vidriera de cristal que separa a Juan Dahlmann del gato negro del café Brasil.  El animal vive en la eternidad del instante y el hombre, por la capacidad de poder imaginar el pasado y el futuro, vive en la sucesión del tiempo.  La herramienta más potente que tiene el ser humano para intervenir en su propia historia es la capacidad de imaginar otros tiempos y realidades.  En fin a lo que quiero llegar es que la imaginación es un arte radicalmente práctico.