Sunday, December 11, 2016

Imágenes viajeras: las prácticas fotográficas en la época actual de migraciones




Meridiano 89 oeste. La Prensa Gráfica 11 de diciembre 2016.  
En las horas antes de emprender el viaje por tierra hacia los Estados Unidos, Miguel (*nombre seudónimo), un veinteañero del departamento de Cabañas en El Salvador, se toma una foto y la sube a Facebook.  Subtitula la imagen sin pretensión alguna, “Cuando salí.”  Esta foto apareció en mi línea de tiempo en los medios sociales la semana pasada y me llevó a reflexionar sobre las prácticas fotográficas en la época actual sobresaturada de imágenes y migraciones.

Nada del aspecto casual de Miguel delata que está a punto de irse.  Usa jeans, una camiseta y zapatos tenis y posa de pie junto a su madre.  Se paran lado a lado en la luz matutina de la hacienda de caña donde su familia ha vivido y trabajado por más de tres generaciones.  La mirada de ella es directa y estoica con una sonrisa casi indetectable.  Al trasfondo está una línea de ceibas y una vieja mesa de trabajo de color turquesa.  Es probable que la foto haya sido tomada por uno de sus parientes que se había asomado para despedirse o quizás por su mujer antes de entregarle su hijo de cuatro años que también haría el viaje primero a Houston y luego a una corte de inmigración en Nuevo Orleans para solicitar el asilo.

A lo largo de la historia de la fotografía, el medio ha documentado imágenes semejantes del traslado de personas a través de fronteras geográficas y culturales.   Estas fotos nos han permitido superar la distancia y visualizar las transiciones, los desplazamientos, las dificultades y las oportunidades inherentes en la migración.  En comparación con otros géneros fotográficos como el retrato o el paisaje, la mirada fotográfica de imágenes como ésta de Miguel gira en torno a la idea de mostrar una ruptura del sujeto con el espacio temporal y físico.  Esa ruptura la recalca Miguel con el subtítulo, “Cuando salí.”  Sabemos que, si le va bien y le aprueban el asilo, es probable que nunca regrese a la hacienda de caña de Cabañas y que su hijo nunca la trabaje ni la recuerde más. 

En vez de re-presentar la presencia de una persona en un espacio geográfico, este archivo informal de imágenes viajeras cataloga la ausencia de personas como Miguel, las esperanzas que los impulsan a irse, e interrumpe la dicotomía conceptual de cruzar una frontera dejando atrás el país de origen.  Revela que no hay una “vida nueva” sino un desdoblamiento de la conciencia que se nota en la necesidad de subir fotos a los medios sociales para seguir existiendo en la imaginación de amigos y parientes.  Ahora toca estar pendiente de dos realidades.  En los últimos días Miguel ha subido otras fotos; una de su hijo durmiendo sobre un colchón de aire azul en alguna ciudad entre Texas y Luisiana y otra de él mismo ahora sin el trasfondo de árboles de ceiba ni la mesa de trabajo gastada; solo hay una pared blanca atrás que parece tabula rasa.


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