Monday, November 21, 2016

Lilian Galindo Pohl de Tierra de infancia. Claudia Lars


Hoy 21 de noviembre cumple años mi bisabuela, Lillie Emma Elizabeth Pohl Müller de Galindo. Lilian nació en 1888 y fue una joven estadounidense de origen alemán que, por circunstancias de la vida, llegó a El Salvador y en el cual se quedó a vivir hasta el día de su muerte.  Ser inmigrante marcó su vida como había también marcado la de sus papás que llegaron a Nuevo México saliendo de Bonn, Alemania.  Claudia Lars escribe esto sobre ella...

“Por entonces vivía con nosotros una señorita norteamericana, llamada Lilian. Llegó en barco, desde un remoto puerto norteño, a hacerse cargo de la valiosa plantación de caña de azúcar que le dejó como herencia un pariente cercano, que en nuestro país hizo fortuna. “Era una joven delgada y pensativa, con tranquilos ojos claros y pelo color de paja. Para su edad había leído mucho, y estaba decidida a no quedarse al margen de los acontecimientos del mundo porque el destino la condenaba a permanecer –no sabía por cuanto tiempo- en un pueblecito del istmo centroamericano. Como resultaba peligroso que una muchacha tan agraciada viviera sola en la plantación, se le invitó a ocupar un cuarto de nuestra casa, siquiera para mientras podía establecerse en otro lugar del país, o vender la propiedad y regresar a su patria. “Debo a la joven extranjera el conocimiento de muchos libros de la literatura inglesa, y le agradezco todavía su inteligente compañerismo, que estimuló mis primeros intentos de escritora y que me abrió luminosos caminos hacia el porvenir. Por eso me es grato recordarla en este libro. “Mi dormitorio –vecino al de ella- se fue llenando de revistas ilustradas y de periódicos de Nueva York y San Francisco, y la gran república del norte –cuna de Lincoln y del libérrimo Walt Whitman- se me volvió más familiar y próxima. Un vivo deseo de conocer parte de su grandeza empezó a crecer en mi corazón. “La pobre Lilian debe haberse sentido en medio de nosotros como canario entre tordos, pero era tan conforme y modesta que disimulaba incomodidades, descuidos, y hasta impertinencias. Su Biblia forrada en cuero –que constituía el asiento de su fe y de su valor- pasó a mi escritorio en varias ocasiones, y aunque este libro sapientísimo me había iluminado muchas veces anteriormente, ahora tomaba ante mis ojos un nuevo sentido y se me iba transformando en algo esencial. “Todavía recuerdo aquel dulce canto que Lilian me enseñó una noche, entregándome cada palabra de él con sumo cuidado, a fin de que yo aprendiera a pronunciarlas perfectamente:

In the shade o fan old apple tree…

“Y también repito en la memoria el otro que cantábamos las dos, con voces armonizadas, a la orilla de los cañaverales que se balanceaban en la brisa de la tarde:

Old man river…

“¡Cómo gozaba yo al lado de aquella chelita seria, que hablaba el español casi también como nuestra gente, y que me contaba tantas cosas interesantes!... Bendigo a la vida porque en una edad como la que yo tenía entonces –“edad ingrata” en la que ya somos mujeres sin dejar de ser niñas, y en la que ocultos cambios del alma y del cuerpo nos turban, nos confunden y nos inquietan, preparándonos para el triunfo o la derrota en el futuro- yo tuve dos amigas finas y puras: la rubia Lilian en mi pueblo, y la morena Luz Aragón en el convento. A ellas he regresado a menudo en viajes de evocación, complaciéndome ante su gracia juvenil y la limpieza de su mente. “Cuando llegué esta vez a mi casa no encontré en ella a Lilian. Estaba en San Salvador, arreglando un asunto que siempre tiene importancia para cualquier mujer: iba a contraer matrimonio… No puedo negar que la noticia de su viaje a la capital me causó más dolor que regocijo, pues en un pueblo como el mío la pérdida de una compañera tan dulce era casi una tragedia. Sin embargo, pronto comprendí que ella tenía derecho a escapar del fastidio de su aislamiento, y deseé que la vida le regalara los siete secretos de la buena suerte.”

** Claudia Lars, “Tierra de infancia”, colección Gavidia, volumen 25, UCA Editores, 2005, p. de la 203 a la 205.

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