Friday, February 26, 2016

¿Cómo distinguir entre un fanático de derecha y de izquierda?

Giovanni Tazza
Este texto del venezolano  Efrain Jose Granadillo me hizo reflexionar sobre el contexto salvadoreño. Vale la pena leer y analizarlo:

"Es inevitable que en un proceso “embrionario” de revolución surjan situaciones emocionales y psicológicas desbordadas. Y digo “embrionario” porque nuestra revolución sigue en proceso de gestación en el vientre de la patria con la esperanza de algún día parir y pueda cristalizar la justicia social, sin distinción de clases sociales, sin prejuicios ni posiciones extremas.

El fanático político puede serlo de la tendencia izquierdista o derechista, ésta última con sus matices de facismo, de ultraderecha, racismo, clasismo, etc. Un partidario de una de esas dos posiciones que no analice con equilibrio la filosofía de su tolda política, que no tenga ponderación en su accionar como miembro militante y que crea ciegamente en lo que sus líderes le predican, es un fanático en esencia, un dogmático más. El fanatismo abraza como subconjunto doctrinario al sectarismo. Un sectario no acepta autocrítica, no permite que el vino nuevo entre en un odre nuevo, por el contrario, cualquier vino nuevo le corroerá aún más su odre viejo, o sea, su mente, su función intelectual. Esa persona es un peligro latente y puede causar mucho daño a su paso. La historia es abundante en ejemplos patéticos. El fanatismo no solamente existe en el ámbito político, también en lo religioso se presenta con mucha fuerza. Recordemos los excesos criminales de la Inquisición católica, las famosas Cruzadas, el genocidio nazi contra los judíos de la vieja Europa, y el más reciente que palpita como sangre en corazón de hiena en los asesinatos sumarios e impunes de palestinos por parte de los sionistas de Israel. En el deporte también han ocurridos hechos lamentables por el desenfreno al apoyar a algún equipo de fútbol, de béisbol, etc.

Esas conductas torcidas deben ser estudiadas con sumo cuidado en el acontecer político nacional. ¿Un fanático de la derecha? Veamos las marchas de los pertenecientes a la OND (oposición neurótica disociada). Allí el odio y la exacerbación irracional colman las paciencias de cualquier agudo espectador. Cuando aquella señora fuera de sí arrojó un paquete de arroz sobre el ex ministro Samán se comportó como una auténtica fanática derechista. En el sabotaje petrolero vivimos escenas de fanatismo tenebroso que no vale la pena recordar.

¿Y cómo nos afecta ese flagelo en el socialismo bolivariano? Debemos diferenciar entre el oportunista que se disfraza de rojo y pregona su hueco apoyo irracional a nuestro líder presidente y el fanático chavista que está convencido de que este proceso no tiene errores de doctrina, de procedimiento y de sanción. El caso reciente del affaire Henry Falcón sacó a relucir el trapo hediondo del fanatismo rojo. Salió una diputada (ya lo hizo hace pocos años con otro dirigente) y dijo que ese señor se alió a nuestros enemigos y que si pasaba a otro partido afecto al proceso entonces quedarían “congeladas” las conversaciones con ese grupo, el PPT. Fanatismo puro. Al insultar al adversario, descalificarlo y barrer el piso con él, es signo evidente de un desequilibrio psicoemocional . El que se quiera ir que se vaya pero no lo debemos enviar a la hoguera inquisitorial, aquí no queremos Torquemadas, lo que necesitamos es ponderación y respeto y poner en práctica lo que nuestro presidente tanto repite: El amor. Muchos de nosotros hemos cuestionados decisiones del comandante Chávez y no por eso saltamos ninguna talanquera. Sin autocrítica ningún proceso revolucionario llegará a buen puerto, nunca lo hará. Cuando varios de los actuales ministros que provienen de otros partidos de izquierda se pasaron al Psuv, no ocurrió ningún escándalo por parte de aquellos, simplemente guardaron silencio y continuaron adelante. Si algún miembro del Psuv “salta” al PPT o al PCV, esperemos los acontecimientos y no procedamos con ligereza cayendo en fanatismos ridículos que desdicen de la naturaleza del asunto. Y me pregunto: ¿Será que el gobernador de Bolívar, de Aragua, de Trujillo, por ejemplo, y alcaldes dizque rojitos del ámbito nacional son de izquierda y revolucionarios patria o muerte? En los hechos muchos de ellos son unos burócratas que se olvidaron del pueblo que les dio su voto sincero y ahora padece, ese pueblo, en el desierto del olvido. ¿Y donde están sus obras socialistas, dónde? Hay excepciones. Sin la lupa de nuestro presidente el país no andaría en los esperanzadores caminos que trillamos actualmente. ¿Alguien me puede decir por qué en VTV no se escucha ni se ve la autocrítica de nuestros hermanos revolucionarios que piden a gritos un bálsamo para aliviar sus penas por falta de servicios básicos, vivienda o promesas incumplidas?"

Fragmento de “Cómo distinguir entre un fanático de la derecha o de izquierda”, aparecido en aporrea.org en 2010.
efraingran@gmail.com

Tuesday, February 23, 2016

Notes on Art and Propaganda

Toby Clark's Art and Propaganda argues that studying images can provide important information about how narratives of national identity are constructed through the cultural production.  Images are intimately tied to politics and studying visual culture can contribute to a history of politics and society.  Clark shows that art has a long political history since ancient times when rulers in Rome raised monuments as a show of power (9).  He leads up to modern day examples such as the CIA funding art exhibits in New York's MOMA in the 1940's and 50's in which US painting was viewed in contrast with the kitsch style of Soviet communist artists.  Clark dedicates a lot of the book to showing how the Nazi's used art and techniques of performance for political purposes.  The Nazi's also stigmatized modern art not in line with the politics of their regime as "degenerate" art.

Otto Freundlich's The New Man, 1917.
Clark's overall argument seems to be that art has long been a political tool.  This point is argued quite convincingly and he provides examples of art in modernity, fascist and communist states, art as war propaganda and art as a tool of protest.  Clark also gives examples of art being used to build narratives of national identity and memory such as in public murals and with the Vietnam Veterans Memorial (35, 118).  Some deeper points that Clark reflects upon, but does not spend much time on, are also very useful.  For example he asks if propaganda can ever be "morally good," given the fact that it turns art into a tool of persuasion and manipulation of the masses.  He is obviously troubled my the problem of political art, censorship and misinformation in cases where there is an ethical or moral reason behind this use of art.  Clark cites an article by Lucy Lippard "Propaganda for propaganda" written in the 1930s where she evaluates if art can be morally good.  According to Lippard, art is intended to provoke a new way of seeing the world around us and so Lippard encouraged artists to make "good propaganda."   In my opinion, the question of good or bad propaganda is not essential for critics, but rather critics should focus on highlighting and revealing how art is political and how it is used as propaganda.  Still, it is an interesting and provocative reflection.  Another interesting point that Clark makes is that the political function of art may not necessarily be inherent in the work, but depends on the context of its display.  Clark gives the example of Henry Wallis' The Stonebreaker, 1857 and explains that stone-breaking was a common forced labor for inmates in the UK.  If policymakers were faced with a painting like Wallis' in the boardroom, it would impact the political message of the work.
Henry Wallis' The Stonebreaker, 1857.






Friday, February 5, 2016

El surrealismo virtual: Reminiscencia Arqueológica de El Angelus de Millet de Dali en 360 grados

Comparto esta versión virtual del cuadro de Salvador Dalí "Reminiscencia Arqueológica de El Angelus de Millet”(2016) en que el público traspasa el cordel que protege los cuadros del museo para adentrarse en el lienzo y experimentar el paisaje creado por el artista.  Me parece una manera genial de imaginarse en el mundo creado por Dalí y de dialogar con su obra.

Trasfondo artístico: 
El Ángelus es un cuadro del pintor realista francés Jean F. Millet. Data del período 1857-1859 y se trata de un óleo sobre lienzo que mide 66 cm. de alto por 55,5 cm. de ancho. Se conserva en el Museo de Orsay de París, Francia.  Millet representa una escena campestre, que es la que dominará en principio su obra. Esta posición atraerá la atención de la burguesía, ya que el mundo rural simbolizaba «lo bueno» en contraposición de la postura reaccionaria del sector obrero.  La escena actual muestra a dos campesinos que han interrumpido su trabajo en el campo para rezar el Ángelus, la oración que recuerda el saludo del ángel a la Virgen Maria en la Anunciación. En medio de un llano desértico, los dos campesinos se recogen en su plegaria. Sus caras quedan en sombra, mientras que la luz destaca los gestos y las actitudes, consiguiendo expresar un profundo sentimiento de recogimiento.
El Angelus  (Jean Millet 1857-1859)

El Angelus de Millet se convirtió en una obsesión para el pintor español Salvador Dalí, quien realizó distintas reinterpretaciones pictóricas del mismo tema y sobre cuyo significado escribió entre 1932 y 1935 un ensayo titulado "El mito trágico del Angelus de Millet". En su libro "Confesiones inconfesables", Dalí afirmaba que el Angelus se había convertido para él en la "obra pictórica más íntimamente turbadora, la más densa".

Reminiscencia Arqueológica de El Angelus de Millet” (Salvador Dalí 1933)

WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...