Saturday, September 5, 2015

Comparto la foto no para que se vea la víctima, sino para que se vea el verdugo.

Source: Twitter.com
La víctima absoluta nunca puede dar su consentimiento para que se represente su experiencia porque no la sobrevive.  El testimonio esencial y radicalmente significativo que hace falta es el de Aylan Kurdi, pero como una víctima completa de los horrores de la guerra y de la crisis global de inmigración, no puede contar su historia.  No nos puede dibujar con crayones la manera que se mecía el barquito ni nos puede enseñar el tono azul exacto del mar.  Ser víctima absoluta significa perder la posibilidad de dar testimonio. 

A la hora de ver la foto del niño ahogado se lidia con la ética de representar el sufrimiento de otra persona.  Es más la foto nos despierta una serie de sensaciones que incomodan.  Primero la muerte de un niño inocente nos desespera.  Parece haberse quedado en reposo y uno naturalmente busca levantar y chinearlo para poder encontrar la sonrisa acostumbrada de un niño de tres años.  Nos inquieta quedarnos suspendidos sólo con la impotencia de querer hacer algo pero sin manera de intervenir en esa realidad. 

Pero por otra parte lo que nos molesta de la imagen es vernos acusados en lo sucedido.  La foto nos señala como cómplices en la muerte sin sentido de ese chiquillo.  Nos interrumpe la narrativa cultivada en países del primer mundo de ser sociedades humanitarias civilizadas; desenmascara el salvajismo y la barbarie a que hemos llegado.  El que mira la foto en la portada de un periódico o en la pantalla de su computadora forma parte de ese mundo “civilizado” que se rehúsa a acoger a niños como Aylan que piden amparo.  Nosotros somos lo realmente abyecto de la foto; no un niño muerto que parece dormir.  En la foto no es sólo la víctima que aparece sino también nosotros, el verdugo.  Vemos la apatía de la sociedad en que participamos en la extensión y la insensibilidad del mar; en ese profundo gris reconocemos la sociedad con que colaboramos a diario.  La brutalidad que nos molesta de la foto no es del niño siriano ahogado, es la nuestra.  Comparto la foto no para que se vea la víctima, sino para que se vea el verdugo. 

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