Thursday, July 23, 2015

Hay una diáspora interna en este país... (*)

Foto: Evelyn Galindo-Doucette
San Salvador, El Salvador. Hay una diáspora interna en este país.  Lo noto sin condena ni queja como una condición del país que llama la atención por sus implicaciones reales e inmediatas.  No me refiero a los hermanos lejanos, a la emigración de salvadoreños que viven fuera, sino a la inmensa cantidad de personas que han abandonado al país, sin haberse ido físicamente.  Transitan las calles y recorren los espacios nacionales imaginándose un presente y un futuro en otros espacios con otros horizontes; tienen en la mira llegar a ciudades globales como Barcelona, Montreal o a las ciudades de los Estados Unidos como Los Ángeles, Houston, Chicago, Washington D.C., o Nueva York.  Los motivos por querer irse son diversos y todos válidos; se quieren ir para reunirse con sus familias, por la falta de oportunidades que les ofrece el país, por la violencia de las pandillas, o por un desencanto social y político más general a causa de la inseguridad, la corrupción y la delincuencia.

El término “diáspora” se ha utilizado desde el exilio judío de la Tierra de Israel para referirse a varios grupos de personas que viven fuera de sus espacios de origen.  En todo caso el lugar de origen se convierte en un imaginario que se experimenta con nostalgia, pero a veces con desprecio como vemos en El asco de Horacio Castellanos Moya.  En el caso de la diáspora interna que se ve en El Salvador, se construye un imaginario global idealizado.  Los que quieren irse se van por un deseo intangible por lo que viene de fuera.  Van a un lugar construido de un mosaico de fragmentos reunidos de los medios de comunicación y del flujo migratorio de personas.  El crítico Arjun Appadurai da el ejemplo de cuando era niño en Bombay y su hermano mayor estudiaba en Stanford.  Llegó a  asociar el olor del desodorante Right Guard de su hermano con la vida en los Estados Unidos.  En este caso el Right Guard de su hermano interrumpe el sentido de lo local y contribuye a la construcción de un imaginario global.  Algo semejante lo noté en una comunidad de Chalatenango sin electricidad ni agua corriente.  Un hombre campesino sin mayor educación de unos setenta años me señalaba un pájaro típico salvadoreño y comparó la cresta con el cabello de la cantante estadounidense Rihanna: “Ese allá.  El que tiene el copete como la Rihanna.”  ¿Qué significa cuando un campesino atado a una difícil realidad local se identifica con un imaginario global y interpreta con facilidad a un símbolo cultural como la Rihanna?  Es lógico que los salvadoreños nos imaginamos moviéndonos en esos espacios globales como los actores cosmopolitas de esas nuevas realidades.

Sin embargo lo que implica este imaginario global para el país es la deconstrucción del concepto del ciudadano local: la falta de compromiso social y político del individuo con el presente y el futuro de El Salvador.  Hace falta enfrentarnos con el hecho que la gente no quiere acabar como los miembros de la Banda Wallace Hartley, la orquesta de violinistas que se hundieron en 1912 con el RMS Titanic. Al mismo tiempo está claro que la vida nacional sufre cuando una gran parte de la población ha perdido la esperanza y vive de una forma casi espectral, irreal y efímera en el país, mientras juntan dinero y documentos, ya sin la ilusión de vivir una vida digna a largo plazo en El Salvador.

(*) Publicado en contrAPunto 24 de julio 2015

Saturday, July 18, 2015

Recordando el 30 de julio de 1975: Teorema de desubicación de Víctor Crack Rodríguez

Teorema de desubicación Crack Rodríguez 301 de julio de 2013
En el marco de la conmemoración de los 40 años de la masacre de estudiantes en una marcha de la UES en 30 de julio de 1975, se considera la arte-acción Teorema de desubicación (2013) de Crack Rodríguez.


Una parte de la propuesta artística de Víctor Crack Rodríguez cuestiona los usos formularios de la memoria y las construcciones políticas de la realidad social.  El artista interviene en plazas públicas, en conmemoraciones, en espacios emblemáticos y en procesos nacionales y propone otras maneras de vivir y experimentar esos espacios.  Víctor Crack Rodríguez llama sus intervenciones, arte-acciones, estos son eventos que el artista caracteriza como experimentos secos; menos actuados, melosos y rígidos que el performance.  La arte-acción incide en la realidad, no es un espectáculo representado con el propósito de entretener a un público.  En una entrevista reciente Crack Rodríguez explica, “Estoy haciendo verbo, eso es arte acción…No vengo a adornar la ciudad, vengo a ser parte del lugar, espacio, y tiempo.”  Mientras que el performance tiene una estructura coreografiada y una propuesta fija, la acción se abre a la posibilidad: “Creo que hay que estar abierto a lo que pueda pasar o a lo que de la situación.  Yo puedo decir que las cosas van a suceder de cierta forma pero al final se desarrollan de otra.  Que la gente del lugar llegue y te de algo de tomar o te peine, eso no lo puedo controlar, no lo voy a controlar.”

Aquí me interesa analizar Teorema de desubicación, una arte-acción relacionada a la memoria del 30 de julio.  Se lleva a cabo el 30 de julio de 2013 en la 25 Avenida Norte en la capital salvadoreña donde soldados de la Fuerza Armada masacraron a los estudiantes de la Universidad de El Salvador en la misma fecha de 1975.  Esta arte-acción responde a lo que Andreas Huyssen conceptualiza como la “cultura de la memoria”, la representación formularia del pasado en monumentos y conmemoraciones que suelen facilitar el olvido y la impunidad.   El artista incide en la procesión conmemorativa del evento para llevar a cabo una acción violenta; agarra un pupitre en medio de la calle y le da contra el asfalto por varios minutos hasta destruirla.  La acción interrumpe el sosiego y el orden de la procesión de la memoria y dificulta el consumo fácil del contenido residual del pasado.  La memoria deja de ser algo liviano y dócil que se puede encapsular en una procesión pacífica o en una narrativa política para convertirse en algo volátil que puede llegar a exigir que el estado responda a la represión y a la injusticia histórica con reparaciones reales.


Monday, July 13, 2015

Fotos de un evento artístico para 300 niños de comunidades rurales de El Salvador. 71 de los 300 tuvieron que cancelar su participación por situaciones de violencia.


Fotos de un evento artístico hoy en el museo MARTE para 300 niños de escuelas públicas de comunidades rurales de El Salvador. 71 de los 300 (casi un 25%) que se habían inscrito en el evento tuvieron que cancelar su participación a última hora por situaciones de violencia en sus comunidades.  No podría estar más clara la necesidad urgente de experiencias como estas para estos niños.  El evento fue organizado por la escultora salvadoreña María Teresa (Titi) Escalante.




Saturday, July 11, 2015

La producción cultural contra hegemónica: República de la muerte de Mayra Barraza

República de la Muerte (2010, 2012) de Mayra Barraza es una exposición que establece un diálogo estético con los discursos de formación del estado nacional después de 1992.  Después de la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador entra oficialmente en una etapa de posguerra y de transición a la paz. Se recalca la importancia transcendental de la firma de los Acuerdos de Paz con conmemoraciones públicas cada 16 de enero y con representaciones en monumentos y murales públicos de la conciliación lograda entre los movimientos de derecha e izquierda política del país.  En República de la muerte la artista cuestiona los discursos de “paz” y de “posguerra” en que se basa la República de El Salvador después de 1992 al marcar la violencia actual que fragmenta el cuerpo del ciudadano salvadoreño.  La serie cuestiona la posibilidad de una comunidad nacional sin una valoración básica de la vida humana de sus ciudadanos.

En vez de representar cuerpos emblemáticos vitales como los que figuran en diversas pinturas, monumentos, y estatuas clásicas y modernas, los cuerpos que representa la artista son cuerpos fragmentados, desmembrados y marginales.  Por ejemplo, el retrato de una mujer en República de la Muerte no es un retrato corriente de la cara y un torso de una persona viva sino una cabeza rodante desmembrada del torso (Título: Cabeza rodante).
Cabeza rodante, 2009

La artista interviene también en el discurso nacional monumentalista con su escultura en bronce “brazos”; aquí en vez de una estatua de un cuerpo heroico instalada en una plaza pública, Barraza representa un brazo desmembrado anónimo sobre una base de grama y piedras.


Brazos, 2006-2008
Con un enfoque en el cuerpo humano y en la violencia corporal la exposición de Mayra Barraza presenta una producción cultural contra hegemónica independiente ya desligada de los discursos políticos de las derechas e izquierdas y revela un compromiso con representar y denunciar la realidad cotidiana.  Al mostrar la aceleración de la inseguridad y de la violencia corporal después de la firma de los Acuerdos de Paz, su obra cuestiona los mismos discursos de “paz” y “posguerra” y sugiere que los traumas históricos irresueltos de la guerra de los 70-80s se inscriben en los cuerpos actuales.

Wednesday, July 8, 2015

Un archivo en miniaturas: El Museo de Arte Popular.

La colección de miniaturas de Ilobasco del Museo de Arte Popular de San Salvador, El Salvador es una muestra visual que narra la cotidianidad de los salvadoreños.  Se puede leer las representaciones visuales como una crónica popular de escenas de la vida nacional; las procesiones, la molienda, las representaciones de violencia política, la firma de los Acuerdos de Paz, y el proceso de la migración de un migrante salvadoreño hasta llegar a los Estados Unidos.  Las miniaturas son documentos de la cultura visual que cuentan la historia del país desde una perspectiva popular.

Una representación en barro de la violencia política

El proceso de migración de un migrante salvadoreño a los Estados Unidos




La firma de los Acuerdos de Paz

Escenas costumbristas, Dominga Herrera

WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...