El asesino melancólico de Jacinta Escudos

 Foto:  Sandro Stivella

El asesino melancólico (2015, Alfaguara) de Jacinta Escudos es su nueva novela de 95 páginas (dividida en 10 capítulos).  La sencillez de la trama engaña; en realidad se presta a una lectura existencialista intensa y compleja.  Con una primera cita de Albert Camus la autora entabla un diálogo intertextual con el texto El extranjero (1946).  Con esto, la existencia concreta del ser humano se sitúa, en el texto de Escudos, en el primer plano de reflexión.  El asesino melancólico es en realidad una novela existencialista donde se cuestiona el sentido de la vida y de la muerte y en que hay una reflexión extendida sobre la razón de ser en relación al entorno actual, a lo absurdo y a la desmemoria.

El protagonista de la novela es Blake Sorrow, un hombre inconmovible que lleva una vida minimalista sin relaciones, intereses o compromisos.  A los 50 años se admite a sí mismo ser un fracasado ya que su vida no tiene motivo aparte de cuidar el parqueo donde trabaja y cobrar el pago a los conductores del estacionamiento.  La acción empieza cuando una de las clientas del parqueo, Rolanda Hester, una ama de casa divorciada a los 55 años, le pide a Blake Sorrow que la mate.  Blake Sorrow cree no haberla oído bien, pero cuando acierta que matarla sí es lo que ella le pide, se niega rotundamente a hacerlo, no por algún sentido moral, sino porque ser asesino no va con la percepción que tiene de sí mismo.  A partir de ese momento Rolanda Hester le deja cartas por las cuales Blake Sorrow va conociéndola y entendiendo poco a poco el vacío que le ha producido el deseo de matarse.  Nace en él una simpatía irónica por Rolanda Hester que lo lleva a considerar maneras de matarla y a imaginar formas ideales para ella de suicidarse.  Un día él la invita a la playa donde ella saca una pistola y termina suicidándose.  Blake Sorrow es acusado de su asesinato y condenado a 30 años en la cárcel; en vez de la liberación en la muerte que encuentra Rolanda Hester, Blake Sorrow pierde toda libertad.  La última reflexión de Blake Sorrow sobre su vida es que la prisión no es un buen lugar para envejecer.

Las relaciones intertextuales entre El asesino melancólico de Jacinta Escudos y El extranjero de Albert Camus guían la lectura del texto.  La novela empieza con una cita de El extranjero de Albert Camus que nos mete de golpe a una historia que se desarrolla paralelamente al texto de Camus y a las claras semejanzas entre Meursault, el protagonista de Camus, y Blake Sorrow.  Así la estructura de la vida de Blake Sorrow se puede entender como un comentario existencialista según la filosofía del absurdo que Camus expone en El extranjero y en El mito de Sísifo; la vida es absurda, se llena de repeticiones vacías carentes de un sentido real, como se ve en la vida del protagonista de Escudos.  Lo que se entiende por una vida llena de “sentido” se construye a base de los principios de una comunidad y de una sociedad.  La filosofía de Camus en cambio resiste nociones de un bien y un mal absoluto y universal.  Por lo tanto, el suicidio de Rolanda Hester, en vez de ser una cuestión moral, es un problema filosófico; ¿Qué hacer frente una vida que no vale la pena vivir?  En El mito de Sísifo, Albert Camus considera que esta es la pregunta clave de la filosofía: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación” (11).

Sin forzar una lectura de posguerra, ya que es claro que El asesino melancólico no se ata a un contexto nacional específico, se puede leer este texto como parte de un grupo de obras salvadoreñas que tocan el tema de la desmemoria publicadas en la última década como son Audiencia de los confines: Primer ensayo sobre la memoria (Índole, 2014) de Jorgelina Cerritos, Camino de las hormigas (Editorial Santillana, 2014) de Miguel Huezo-Mixco, María de la espera (Índole, 2013) de Jen Valiente, Perro en la niebla (Verbigracia, 2007) de Róger Lindo y Jimmy Hendrix toca mientras cae la lluvia (Puertos abiertos, 2011) de Carmen González Huguét.  Hay varias instancias en el texto de Jacinta Escudos en que el narrador se refiere a un pasado que el protagonista no quiere recordar: “Blake Sorrow no pensaba en su pasado. Nada bueno había en los recuerdos de su vida. Nada que le interesara revivir. Había aprendido bien a escabullirse de aquellos fantasmas. Entonces se deslizaba hacia otros recuerdos, como el sol, la arena y el color del mar, que era lo único que le podía interesar de aquel tiempo”(68).  En El asesino melancólico la desmemoria es una ausencia inquietante que lleva a una crisis existencialista.  La ausencia de la memoria contribuye a una vida llena de preocupaciones superficiales “como el sol, la arena y el color del mar.”  Los personajes están atrapados en situaciones sin esperanza, obligados a repetir las mismas acciones cotidianas y a vivir vidas vacías en que lo que más importa, no se puede reconocer abiertamente.  La producción literaria actual de El Salvador, en particular, obras como El asesino melancólico de Jacinta Escudos, Audiencia de los confines de Jorgelina Cerritos y María de la espera de Jen Valiente, nos señalan una crisis existencialista impulsada, en parte, por el trauma, por la desmemoria y por no hacerse cargo del pasado.