Hacia una representación más ética de Monseñor Romero

Foto: UCA San Salvador. Evelyn Galindo-Doucette, 2013. 
San Salvador, El Salvador. Con la inminente beatificación de Monseñor Romero el 23 de mayo y el reconocimiento oficial del Vaticano de que fue Mártir, se ha visto un aumento repentino dentro del mundo cultural de homenajes, convocatorias artísticas, eventos, actividades, proyectos y de representaciones de su figura.  En un comentario sobre la canonización de Monseñor Romero Jon Sobrino señala: “antes de la canonización oficial, ya ha tenido lugar la canonización popular de Monseñor Romero. El hecho es evidente, y de esta canonización popular vive la canonización oficial.”  Es decir que la insistencia de las masas en recordar y en representar el valor de su figura ha sido fundamental para llegar a su reconocimiento como beato y mártir de la Iglesia Universal.  Quiero dejar claro que mi intención aquí no es, de ninguna manera, negar la importancia de Monseñor Romero ni la necesidad de establecer el valor de su persona.  Es sumamente necesario no olvidar nunca su defensa incansable del pueblo y su sacrificio total y de mantenerlo como un símbolo de entrego, dedicación, coraje, y de una decencia humana que cada vez se vuelve más vital.

Lo que propongo aquí, en cambio, es la necesidad de emprender un diálogo sobre la ética de la representación en el mundo cultural y artístico no sólo sobre la figura de Monseñor Romero sino también sobre iconografía de los Jesuitas de la UCA, de Roque Dalton, de Prudencia Ayala, de Farabundo Martí, entre otros.  En Regarding the Pain of Others Susan Sontag destaca varios problemas de la representación sobre todo con respecto a la transmisión de imágenes a un público distante.  Sontag señala que imágenes pueden convertirse en los objetos de consumo de un público distraído que no pone la necesaria atención al significado de las representaciones que consumen.  El problema fundamental de la representación para Sontag es que la distancia física y psicológica del espectador limita el impacto emocional de la imagen representada.  Hace falta considerar, por ejemplo, cómo percibe el público de 2015 las representaciones de Monseñor Romero en llaveros, camisetas, en iconografía pop, e incluso en textos literarios y en investigaciones académicas.  

El público actual lidia con la expansión de fuentes de información y habita un espacio cada vez más fluido, transnacional y virtual.  Hay una nueva economía de imágenes sin fin y de distancias físicas y temporales cada vez más formidables.  Claro está, por ejemplo, que el espectador de 2015 que compra una imagen punk de Monseñor Romero por internet para su apartamento en Chicago no experimenta la misma reacción emocional que puede experimentar el hijo de un desaparecido frente su imagen representada en las catacumbas del catedral de San Salvador.  La reflexión que propongo como necesaria hacer en este momento dentro del mundo artístico y cultural salvadoreño no es si representar o no a Monseñor Romero sino cómo usar su imagen para una contemplación ética del pasado.  Es más, cómo representar el pasado sin amplificar las distancias físicas y psicológicas entre el pasado y el presente.
Foto: UCA San Salvador. Evelyn Galindo-Doucette, 2013.
(*) Este texto fue publicado en contrACultura.com.sv 30 de marzo de 2015.