Tuesday, January 20, 2015

Santa María de la espera: El teatro de la memoria

Foto: TIET
Santa María de la espera (Índole Editores San Salvador, 2013) se enfrenta con el problema de cómo representar la presencia y la ausencia del sujeto desaparecido.  El sujeto desaparecido aparece en la obra en un sentido onírico y siempre con dos calacas de la muerte; está presente el desaparecido pero sin una subjetividad clara.  Lo que el público o lector de la obra llega a saber de la vida de esta persona, lo sabe por las memorias de dos mujeres que lo siguen esperando más de veinte años después en la “posguerra.”  Sin embargo, se ve que la memoria es un proceso complejo de imaginación y de reflexión que no promete una reconstrucción fiel del pasado.  La hermana del desparecido, por ejemplo, dice que lo recuerda no sólo como fue sino como habría sido si hubiera tenido la oportunidad de terminar el bachillerato e ir a la universidad.  Hay un cuestionamiento sutil de la posibilidad de recuperar el pasado; la imaginación emerge como algo que complementa la memoria.

Con esta obra Harry Castel continúa el diálogo intertextual con Luz negra (1964) de Menen Desleal  y Esperando a Godot (1952) de Samuel Beckett.  En Santa María de la espera, dos mujeres cuarentonas conversan mientras esperan el regreso de Lázaro que desaparece en la ofensiva de noviembre de 1989.  Así como en las obras de Menen Desleal y Samuel Beckett, la ausencia de una persona es patente y los personajes principales construyen una relación alrededor de esta ausencia.  María es la hermana de Lázaro y Marta es su novia; ambas han pasado las décadas desde la guerra en un especie de limbo esperando el regreso de Lázaro.  Las dos han desarrollado una manera de comunicarse a través de un silencio pesado; encienden y apagan velas, están conscientes del aniversario de la ofensiva y dialogan muchas veces sólo con puntos suspensivos.  Se puede leer en la relación de María y Marta una reflexión sobre la impunidad y el silencio actual que vive El Salvador.  

El momento histórico actual de “posguerra” se representa en la espera eterna de María y Marta.  En este sentido, con esta obra se ve la continuación de un diálogo sobre la memoria que establece hace poco Jorgelina Cerritos con Audiencia de los confines.  En esa obra Jorgelina Cerritos representa la actualidad como una noche eterna llena de silencios cargados, espacios vacíos y poblada de subjetividades precarias.  Con el performance de estas obras se escenifican los silencios y los traumas de la “paz”.  Santa María de la espera  y Audiencia de los confines son performances que van abriendo espacios para dialogar con la memoria traumática.  Establecen espacio públicos para procesar el trauma individual y en un país como El Salvador, en que todavía predomina la impunidad y el silencio, esos espacios son sumamente necesarios.  Es claro que obras como estas y la producción cultural en un sentido más general, muy lejos de ser frívolas, están abriendo espacios que pueden tener un impacto transformativo y catártico en el público.

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