Thursday, December 25, 2014

¿Hay una manera ética de representar el trauma?: Buena memoria de Marcelo Brodksy


En Buena memoria, Marcelo Brodsky propone una contemplación ética de imágenes del pasado, pero no logra resolver la problemática que plantea Susan Sontag en Regarding the Pain of Others sobre la representación del trauma.  Sontag destaca varios problemas de la representación sobre todo con respecto a la transmisión de imágenes de un fotógrafo a un público distante.  La crítica señala que las imágenes de los traumas son espectáculos que un público distraído consume en espacios alejados del conflicto; frente la tele en las salas de sus casas o en los museos públicos.  Sontag cuestiona las posiciones privilegiadas del fotógrafo y del espectador y la economía de imágenes de la violencia y el trauma.  Para Sontag el fotógrafo es una figura como la que propone Gabriel Peveroni en Sarajevo esquina Montevideo.  En esa obra el fotógrafo se compara con un buitre por la manera en que subsiste de escenas violentas y de imágenes sangrientas.  El espectador, según Sontag, forma parte de un público hambriento de imágenes: “It seems that the appetite for pictures showing bodies in pain is as keen, almost, as the desire for ones that show bodies naked” (33).

En un principio las fotos de Buena memoria desafían la relación que establece Sontag entre el fotógrafo y el espectador.  Las fotos de escenas de familia, por ejemplo, no representan la violencia del pasado, sino que hacen visibles las vidas truncadas por la violenta represión e incitan la contemplación sobre el impacto de la dictadura militar en la generación anterior.  Es de suponer que el fotógrafo tomó las fotos para un grupo íntimo y que, en el momento de tomarlas, no pensaba en su propio beneficio económico.  Brodsky cambia el público de estas imágenes al montar las fotos de escenas de familia en una exposición asociada con la represión violenta.  En este sentido, Brodsky desplaza al fotógrafo de la imagen fotográfica.  El fotógrafo se convierte en una parte de la contemplación del espectador sobre el trauma; es una víctima que pierde a un ser querido.     
      
El problema fundamental de la representación para Sontag es que la distancia física y psicológica del espectador de la escena fotografiada limita el impacto emocional de la imagen.  En las fotos de colegio de Buena memoria Brodsky trata de cerrar la distancia entre el espectador y el público al re-inscribir la memoria en el espacio real donde las fotos se tomaron.  La exposición de las fotos se hace en lo que Pierre Nora llama el milieu de memoire.  El milieu de memoire es un espacio que hace contraste con el concepto del museo; es un espacio auténtico de la memoria que se asocia con la formación de la identidad personal.  Los estudiantes del Colegio Nacional que se identifican con el espacio tienen un lazo emocional espontáneo con los estudiantes anteriores que compartían la misma identidad.

Por otra parte, hay una serie de fotos de Buena memoria que se toman durante la exposición.  En estas fotos las caras de los estudiantes de 1993 se reflejan en el vidrio por encima de las caras de los estudiantes anteriores.  Las caras turbadas de los estudiantes de 1993 flotan por encima de las imágenes de los estudiantes del pasado.  Hay una yuxtaposición del presente y el pasado que crea una reacción emocional fuerte en el espectador actual, un momento que Roland Barthes define como “punctum” (Cámara lúcida 65).  En Cámara lúcida Barthes desarrolla la dicotomía entre studium y punctum: studium se refiere a la interpretación cultural, social y política de una imagen mientras punctum se refiere al impacto emocional que la imagen crea en el espectador.  Como nota Roland Barthes, el impacto emocional de la foto en el espectador actual es un efecto de la dualidad de la imagen. Resulta de la yuxtaposición inesperada de dos elementos suspendidos que no corresponden a la misma realidad; en este caso, una foto del pasado montada en una exhibición y, la otra, de la mirada del sujeto de 1993 hacia ese pasado.  El impacto emocional del punctum forja un lazo de identificación entre el espectador y la imagen.

Se ha discutido aquí cómo Buena memoria de Marcelo Brodsky propone una contemplación más ética de imágenes del pasado. Brodsky desplaza el fotógrafo-buitre de la imagen fotografiada al re-contextualizar escenas de familia en una exposición sobre la represión de la última dictadura militar.  El fotógrafo original no puede anticipar el contexto en que las va a montar Brodsky y no beneficia económicamente de la publicación de las fotos.  De ahí, Brodsky se enfrenta con el problema de la distancia entre el público espectador y la imagen fotografiada con instalar la exposición en el mismo espacio donde se tomó la foto de graduación, en el milieu de memoire de Pierre Nora.  Algunas de las fotos muestran los estudiantes actuales mirando las imágenes de los estudiantes del pasado.  La dualidad de estas fotos crea un momento de punctum en el espectador que ayuda a cerrar la distancia psicológica entre el espectador y la imagen que tanto preocupaba a Sontag.

Brodsky, con las técnicas que se han mencionado, logra que haya una contemplación ética del pasado en su exposición en 1993, pero con el tiempo cae en una problemática representación del trauma.  Hoy en día hay un nuevo público espectador que mira las imágenes de Buena memoria.  ¿Cómo mira estas fotos el espectador de 2014?  Este espectador no sólo mira la historia en la tele o en los museos actual, sino que lidia con la expansión de fuentes de información y habita un espacio cada vez más fluido, transnacional y virtual.  Hay una nueva economía de imágenes sin fin y distancias físicas y temporales cada vez más formidables.  Claro está que el espectador de 2014 que compra Buena memoria en amazon.com o que mira fragmentos del texto en .pdf, o en marcelobrodsky.com no tiene la misma reacción emocional que tiene el estudiante del Colegio Nacional en 1993.  Sin embargo, el momento de punctum que resulta de la yuxtaposición del pasado y el presente de las fotos todavía se percibe.       

Buena memoria de Marcelo Brodsky es, en gran parte, un ejemplo del uso de imágenes para la contemplación ética del pasado.  Sin embargo, por su propia admisión, Brodsky dice que sus fotos de la exposición en 1993 capturan el momento de la transferencia intergeneracional de la memoria (54).  En este punto discrepo respetuosamente de Brodsky porque la contemplación ética del pasado implica más que un download de los archivos del pasado.  Concuerdo con Elizabeth Jelin que la noción de la “memoria colectiva” se vuelve problemática cuando se concibe como una entidad dominante separada de las memorias individuales.  Jelin explica que hay un intercambio discursivo complejo entre la memoria individual y la memoria colectiva: “Lo colectivo de las memorias es el entretejido de tradiciones y memorias individuales, en diálogo con otros, en estado de flujo constante…”(Trabajos de la memoria 22).  En fin, Buena memoria Marcelo Brodsky es una contemplación más ética del pasado, pero queda corto de resolver la problemática que plantea Susan Sontag sobre la representación del trauma. 


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