Friday, December 5, 2014

Después del cinismo: El arte de narrar en tres cuentos de Claudia Hernández


En Estética de cinismo (2007) la crítica literaria Beatriz Cortez propone que una “estética de cinismo” ha proliferado en la producción cultural actual del istmo centroamericano, después de terminada la época de los proyectos revolucionarios en El Salvador, Guatemala y en Nicaragua.  Según Beatriz Cortez, la producción literaria de los escritores de posguerra se caracteriza por una estética de “desencanto causado por la pérdida de los proyectos utópicos que antes dieron sentido a su vida y su interacción con un mundo de violencia y caos”(Contrapunto Aug. 2011).[1]  Para Cortez la “estética de cinismo” funciona como un paradigma para pensar la producción cultural del istmo de posguerra:  “Mi interés es explorar la sensibilidad de posguerra como una que contrasta con la sensibilidad utópica y esperanzadora que acompañaba la fe en los proyectos revolucionarios” (25).  El sujeto cínico que propone Cortez responde a la frustración de los proyectos revolucionarios por separarse de ellos con actos que vacilan entre lo indiferente, lo impúdico y lo sarcástico. Según Cortez la literatura de posguerra centroamericana mantiene un diálogo de rechazo con la sensibilidad anterior de utopía y de esperanza característica del testimonio y de la novela testimonial que tienen un compromiso político y un fin retórico de concientización. 

Rafael Lara Martínez arguye que con la posguerra inicia una búsqueda literaria que va más allá de un compromiso político o un rechazo de este: “La posguerra reemplaza el relato llano del testimonio clásico por una búsqueda consciente e intensa de un arte en el narrar”.  De esta forma se corta el diálogo con la literatura comprometida y nace algo nuevo.  Hay una intención literaria novedosa que ya no se agota en la dialéctica entre encanto y desencanto revolucionario:  “Hay además un excedente.  Un surplus de sentido se levanta sobre las cenizas de un ideario de renovación social que no fue.  Lo llamaré literatura.” (Rafael Lara Martínez, “Cultura de paz: herencia de guerra” Istmo)  Basándome en tres cuentos de la escritora salvadoreña Claudia Hernández, “Mediodía de frontera,” “Hechos de un buen ciudadano” y “Lluvia de trópico,” propongo que la “estética de cinismo” es un paradigma demasiado cerrado para conceptualizar la producción literaria de la posguerra.  La “estética de cinismo” así como la propone Cortez dificulta un análisis neutral sobre el arte de narrar y la intención literaria de posguerra que propone Rafael Lara Martínez.  Como se verá, los cuentos de Claudia Hernández (n. 1975) que aquí se analizan crean ambientes literarios grotescos, irónicos, humorísticos y abyectos que revelan el sufrimiento trágico de la sociedad actual, pero que van más allá de la denuncia.

En Mediodía de frontera un perro callejero entra a un baño y encuentra a una mujer a punto de suicidarse.  La autora presenta al lector con una mujer fuera de su contexto social; no se sabe las razones que la llevan a quitarse la vida.  Tampoco queda claro si la “frontera” se refiera a un espacio geográfico o a la condición psicológica de la mujer de estar en el límite entre la vida y la muerte.  Lo único que se comunica del contexto social es una sensación trágica que se experimenta visceralmente por los elementos grotescos del cuento.  Por ejemplo, en sus preparaciones para suicidarse ella se corta la lengua y se la da de comer por trozos al perro.  Luego la mujer se sella la boca con pegamento. En contraste con la mujer en el proceso de deshacer su humanidad, se ve la “humanidad” del perro que llora por ella y permanece a su lado después del suicidio cuestionando así el concepto de la compasión como una característica humana.  El hecho que las mujeres que encuentran el cuerpo de la mujer le tienen lástima al perro dificulta una lectura de este cuento como una crítica a la crueldad de la sociedad.  Si hay denuncia, no queda claro exactamente a qué o a quién se dirige esa crítica.  Por lo tanto “Mediodía de frontera” es principalmente una obra literaria que va más allá de una crítica cínica para representar la tragedia del ser humano en un ambiente literario grotesco.   

En “Hechos de un buen ciudadano (parte i)” y “Lluvia de trópico” se percibe el legado de guerra de manera visceral.  En el primer cuento un hombre encuentra el cadáver lacerado y recién asesinado de un desconocido en la cocina.  En vez de asustarse por el cuerpo como el lector anticiparía, el hombre de la casa responde de una manera irónica; pone un aviso en el periódico para tratar de reunir el cadáver con su familia.  La reunión de la familia con el cadáver también es irónica porque no reconocen al cuerpo puesto que la mujer que buscan está viva, no muerta, “con los labios purpúreos, no violáceos”(Hernández 17).  La crítica social es ambigua; no queda claro si se critica a la sociedad que se ciega ante la violencia o a la violencia en sí.  En “Lluvia de trópico” Claudia Hernández hace uso del tema tabú del excremento como un mecanismo del humor negro.  La única pista geográfica que nos da la autora es que el cuento toma lugar en la región del “trópico.”  De modo que se dificulta una lectura del cuento como una crítica cínica de una sociedad particular.  Por otra parte, aquí las personas se oprimen a si mismas.  El gobierno trata de prohibir la “caca,” pero la gente se ha acostumbrado de tal modo que se empiezan a enfermar cuando se limita la “caca” habitual.  En “Hechos de un buen ciudadano (parte i)” y “Lluvia de trópico” hay un desencanto impreciso que no se puede ligar a priori con los fallidos proyectos revolucionarios.  Es más, los elementos irónicos y el humor negro no se agotan en un rechazo de la esperanza anterior; son elementos de surplus que revelan una nueva intención narrativa de representación de la sociedad actual desligada a un ideario de revolución social.

En fin, la “estética de cinismo” de Beatriz Cortez es un concepto útil que provee un punto de partida para reflexionar sobre la producción cultural y literaria de la posguerra.  Sin embargo funciona como un paradigma para analizar sólo una parte de las técnicas narrativas nuevas.  Los cuentos de Claudia Hernández, por ejemplo, manifiestan un nuevo proyecto narrativo desligado de los proyectos revolucionarios fallidos de los años 80.  Se representa la tragedia humana con un fin literario ya no comprometido con las políticas del pasado.



[1] El cinismo tiene sus antecedentes en el modelo griego de los cínicos que crearon un culto de indiferencia frente los convenios sociales de su época, de modo que el cinismo implica una actitud de apatía y superioridad frente la sociedad. 

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