Friday, November 14, 2014

La ESMA y la UCA: Dos sitios de la memoria


En “The ESMA: From Torture Chambers into New Sites of Memory” Paola Hernández analiza la hibridez del espacio Ex-ESMA en Argentina; por una parte es un espacio orgánico de la historia que durante la dictadura más reciente (1976-1983) opera como un centro de detención y de tortura; es un espacio “real,” un milieu de la mémoire en el sentido de Pierre Nora.  Por otra parte, el Ex-ESMA incorpora características de lo que Pierre Nora identifica como los leiux de la mémoire, los sitios de la memoria que sustituyen los espacios reales de la memoria.  El leiu de la mémoire asume un público distanciado del pasado y ofrece una conexión prostética con la historia; suplanta los lazos antropológicos e identidarios del lugar con representaciones simbólicas.  El leiu de la mémoire se vuelve imprescindible con el tiempo y el cambio generacional para suplementar la memoria individual que se va desvaneciendo.  Aquí, quisiera establecer un diálogo entre la ESMA y la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador), dos espacios históricos donde la memoria se representa, cada vez más, de una forma metafórica.[1]

Como un espacio público la ESMA hace resaltar el silencio generalizado sobre la última guerra en El Salvador.  Mientras la ESMA emerge en una sociedad que ha reconocido la violencia de la última dictadura con juicios públicos, en El Salvador aún domina el silencio y la impunidad con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la guerra de los 80.  La UCA en si no es un espacio público como la ESMA sino una universidad privada donde la memoria existe en una relación heterotópica con la cultura del olvido.  El 16 de noviembre se cumplen veinticinco años de la masacre de los jesuitas de la UCA de El Salvador.  En la madrugada del 16 de noviembre 1989 entró un grupo de militares a la UCA, sacaron los jesuitas de sus dormitorios, hicieron que se acostaran sobre la hierba y los ejecutaron a quemarropa.[2]  El ataque contra los jesuitas fue una decisión del alto mando de las Fuerzas Armadas y la consecuencia de las continuas denuncias que realizaron los jesuitas contra las profundas injusticias sociales del país.  Hasta ahora, el caso jesuita sigue impune. 

A pesar de esta diferencia fundamental entre las sociedades de posguerra de Argentina y El Salvador, en la ESMA y en la UCA hay una activa negociación y construcción de la memoria que Elizabeth Jelin clasifica como “trabajos de la memoria.”  Esta negociación activa y en colectivo de la memoria es una parte integral del proceso de construir el sitio de la memoria (leiu de la mémoire).  En la ESMA, por ejemplo, se ve la historia de la dictadura mediada a través del museo con visita guiada y con la documentación del Archivo Nacional de la Memoria.  De una manera semejante, en la UCA se han elaborado varios espacios dedicados a la preservación de la memoria de la masacre del 16 de noviembre.  Estos espacios corresponden a lo que Diana Taylor define como el archivo: “the documents, maps, literary texts, letters, archaeological remains, bones, videos, film, CDs, all those items supposedly resistant to change” (The Archive and the Repertoire 19).  La sala de los mártires es un museo donde se enfatiza la memoria de la noche de la masacre; se exhibe ahí los trajes que llevaban puestos los jesuitas cuando los atacaron y las ruinas de libros y objetos personales que fueron destruidos en el asalto.  Además en el centro pastoral se guarda un archivo fotográfico del asesinato de los jesuitas y sus colaboradoras y los restos de los padres jesuitas reposan en la Parroquia Universitaria “Jesucristo Liberador.” 

Hoy en día la ESMA es un sitio de la memoria (leiu de la mémoire) performativo donde se lleva a cabo prácticas corporales, conmemorativas y culturales.  Retomando la conceptualización de Paola Hernández, “This site becomes a center stage where both the discursive and the performative systems will unite in creating a space for the archival as well as the creative side of the repertoire” (Hernández 75).[3]  De la misma manera, los jesuitas se conmemoran en la UCA con varios homenajes que incluyen una recreación de la masacre, una elaboración y exposición de alfombras y una procesión de farolitos.  Durante el mes de noviembre la UCA se transforma en un espacio teatral donde se llevan a cabo varias prácticas corporales, conmemorativas y culturales.  La escenificación de la masacre de los jesuitas por “actores” recrea una imagen emblemática, difundida extensivamente en los medios de comunicación nacionales e internacionales en 1989, de los cuerpos de los seis jesuitas cubiertos por sábanas blancas.  La representación de esta escena por “actores” es una estrategia teatral que resiste el olvido al hacer visible los cuerpos asesinados de los jesuitas.  Otro homenaje que se hace en el mes de noviembre es la elaboración de alfombras de sal colorada que se exhiben en la calle durante la procesión de farolitos que traza una ruta a la capilla.  Las alfombras son un archivo efímero de escenas conmemorativas y culturales que tardan horas en elaborar pero que se deshacen durante la procesión.  Estos homenajes incorporan estrategias artísticas para resistir el olvido impuesto por la amnistía firmada en 1993 pero no pretenden ser leídos como eventos artísticos.  De esta manera entran en la liminalidad que Ileana Diéguez Caballero percibe al borde de la vida y el arte y entre lo ético y lo estético.  Son los eventos que “si bien no tienen un fin estético producen un lenguaje que atrapa la percepción y suscitan miradas desde el campo artístico.”  (Diéguez 11).

En fin, la UCA es un sitio como la ESMA; ambos espacios son, en un principio, sitios “reales” de trauma histórico-el milieu de la mémoire de Pierre Nora.  En los dos espacios también se ve, en el trabajo constante y activo de representación de la memoria, elementos del leiu de la mémoire de Nora.  Además, las conmemoraciones, prácticas corporales y eventos culturales que se llevan a cabo en la ESMA y la UCA son ejemplos claros de lo que Ileana Diéguez Caballero define como el “artivismo,” las estrategias liminales entre la vida y el arte.  No obstante, una diferencia clave entre los dos espacios es que las prácticas de la memoria en la UCA utilizan estrategias artísticas con el fin político de hacer visibles las violaciones de los derechos humanos de la guerra que hoy en día todavía siguen impunes.  




[1] En Multidirectional Memory Michael Rothberg propone una discusión teórica útil sobre la ética de comparar las memorias de distintos países.  Rothberg posita una mirada comparativa no-competitiva y no-jerárquica: “I suggest that we consider memory as multidirectional: as subject to ongoing negotiation, cross-referencing, and borrowing; as productive and not privative”(3).
[2] Entre las personas asesinadas figuran Ignacio Ellacuría, entonces rector de la Universidad; Ignacio Martín-Baró, vicerrector y notable académico de psicología; Segundo Montes, director del Instituto Universitario de Derechos Humanos; Juan Ramón Moreno, director de la Biblioteca de Teología; Amando López, profesor de filosofía, y Joaquín López y López, uno de los fundadores de la universidad; Julia Elba Ramos, trabajadora de la comunidad, y su hija Celina.
[3] Taylor define el repertorio como una especie de archivo efímero que enfatiza las prácticas corporales que transmiten la memoria. “Performances function as vital acts of transfer, transmitting social knowledge, memory and a sense of identity through reiterated…’twice-behaved’ behavior” (3).  El repertorio se comunica a través de prácticas repetitivas que exceden el archivo (37).

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