Monday, November 17, 2014

El cuartel central de la Policía Nacional


Foto: Kenny de skyscrapercity.com
Cárceles clandestinas es el testimonio de Ana Guadalupe Martínez, una de los altos dirigentes del Ejército Revolucionario Popular (ERP) en los años 70 y 80 en El Salvador.  En la primera parte de su testimonio Ana Guadalupe Martínez narra su captura, su tortura y las condiciones miserables de las cárceles clandestinas de los cuerpos de seguridad (Policía Nacional, Guardia Nacional, Policía de Hacienda, Policía de Aduana). Durante la guerra los presos políticos capturados por los cuerpos de seguridad son encarcelados en las cárceles clandestinas, interrogados bajo tortura y una gran parte de estas personas terminan desaparecidas o asesinadas.  Ana Guadalupe Martínez describe las cárceles clandestinas con detalle e incluye varios mapas con las direcciones exactas de los edificios.  Esta reconstrucción textual de las cárceles clandestinas es uno de los muy pocos documentos que recuerdan este lugar.  Con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, se desmoviliza la Policía Nacional y el cuartel central “El Castillo” pasa a albergar las oficinas del nuevo cuerpo policial, la Policía Nacional Civil.  En contraste con un sitio de la memoria como la ESMA de Argentina donde hay un reconocimiento público de la historia del lugar, no hay un reconocimiento oficial de la historia de “El Castillo.”[1]  Irónicamente, el edificio, ubicado en el centro de San Salvador, todavía es el cuartel principal del cuerpo policial del estado.  Con respecto a la memoria, ¿Qué hacer con un espacio como “El Castillo?”  Predomina una cultura internacional de la memoria que estimula la creación de sitios de la memoria en espacios como este, pero Andreas Huyssen señala que espacios históricos como “El Castillo” ya tienen una relación fundamental con el pasado que se suele pasar por alto.  Utilizando la mirada teórica de Huyssen, aquí analizo “El Castillo” como un palimpsesto urbano que presenta una tercera alternativa entre la representación simbólica de la memoria y el olvido.

Andreas Huyssen propone la existencia de “una cultura de la memoria” obsesionada con la representación simbólica del pasado en el presente.  El crítico da ejemplos de la memoria en Alemania y arguye que la práctica de la monumentalización en Berlin facilita el olvido: “Recalling Robert Musil’s observation that there is nothing as invisible as a monument, Berlin-and with it all of this memorial-crazed Germany-is opting for invisibility.  The more monuments there are, the more the past becomes invisible, and the easier it is to forget…” (Huyssen 32).  Huyssen considera que la “cultura de la memoria” responde al peligro del olvido con la creación de sitios de la memoria que forjan lazos de identidad con el pasado: “Nora’s lieux de mémoire compensate for the loss of milieu de mémoire just as musealization compensates for the loss of lived tradition” (24).  Sin embargo, el lieu de mémoire como un signo de la memoria se pierde en la liviandad del consumismo y en las prácticas virtuales de la actualidad: “Memory as re-presentation, as making present, is always in danger of collapsing the constitutive tension between past and present, especially when the imagined past is sucked into the timeless present of the all-pervasive virtual space of consumer culture” (10).  El olvido es inherente en la construcción de la memoria puesto que no es posible representar el pasado en su totalidad.  También existe el peligro de que la memoria funcione como una reparación simbólica y que sirva para preservar la impunidad: “Memory, after all, can be no substitute for justice, and justice itself will inevitably be entangled in the unreliability of memory” (28).  El palimpsesto es una manera de conceptualizar el pasado que presenta una alternativa a la representación simbólica.      

El palimpsesto reconceptualiza los espacios urbanos y la relación de la ciudad con la historia y el tiempo.[2]  Según Andreas Huyssen, la ciudad es un espacio cargado de historia que se escribe y se re-escribe; la arquitectura tiene una relación fundamental con el desarrollo de la identidad política y nacional de la ciudad.  Pensar en la ciudad como palimpsesto “implies voids, illegibilities, and erasures, but is also offers a richness of traces and memories, restorations and new constructions that will mark the city as lived space”(Huyssen 84).  El Cuartel Central de la Policía Nacional Civil es un palimpsesto grabado sobre otros espacios anteriores.  El edificio, ubicado en los alrededores del centro histórico de San Salvador, fue construido en los años 1930 por el arquitecto italiano Brutus Targa y la fachada conserva un estilo barroco traído de Europa.  El Cuartel “El Castillo” funciona como la sede de la Policía Nacional por sesenta años.  Después de la firma de los Acuerdos de Paz la Policía Nacional desaparece como un cuerpo de seguridad y es reemplazada en sus funciones por la Policía Nacional Civil, institución que ocupa el inmueble.   “El Castillo” fue sujeto a modificaciones y remodelaciones en 1996 y en 2008.  Para las antiguas generaciones “El Castillo” representa un icono de la historia salvadoreña por ser el bastión de la seguridad presidencial del General Maximiliano Hernández Martínez en los años 30.  Para las generaciones que vivieron la guerra, “El Castillo” representa las detenciones ilegales, la represión del estado y las violaciones de los derechos humanos.  Para los que viven la actualidad de “posguerra” y de “paz”, el espacio es un monumento vivo al olvido y a la supresión de la memoria que viene después de la firma de los Acuerdos de Paz.

En conclusión, conceptualizar el sitio histórico como un palimpsesto interrumpe la dicotomía entre recordar y olvidar con una manera alternativa de pensar la relación entre el tiempo y el espacio.  El Cuartel Central de la Policía Nacional Civil es un espacio donde quedan grabados varios momentos de la historia nacional pero donde estas señas del pasado pueden pasar desapercibidas.  Es un ejemplo de un espacio que, a primera vista, no es discursivo, pero que se puede leer como un palimpsesto de la memoria en San Salvador.  No se representa el pasado de una manera simbólica ni tampoco se han olvidado las funciones históricas del lugar.  La memoria depende de la participación activa de individuos que conocen la historia del espacio.  El hecho de que no hay señas oficiales del pasado no es evidencia de la no-discursividad, sino graba claramente la cultura del olvido y de impunidad de la actualidad en El Salvador.             


[1] Durante la dictadura más reciente (1976-1983) en Argentina, la ESMA opera como un centro de detención y de tortura.
[2] El palimpsesto es un concepto literario que  se refiere a un texto grabado nuevamente; es un manuscrito que aún conserva las huellas de otro escrito anterior pero que da lugar a lo nuevo. 

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