Friday, October 24, 2014

La queja del gaucho derrotado: Martín Fierro de José Hernández


El gaucho Martín Fierro: El gaucho derrotado
El contexto histórico del autor
José Hernández (1834-1886) nace en Buenos Aires en 1834.  En 1852 Juan Manuel Rosas es derrotado y Sarmiento y Mitre gobiernan el país.  Sarmiento abre el país a la “civilización”, la inmigración y hay un nuevo enfoque en el desarrollo de la agricultura.  Encierran las pampas y se integra esta zona a la vida nacional.  El gaucho pierde  su libertad de movimiento en el campo, un aspecto básico de la formación de su identidad.  En 1868 Hernández regresa a Buenos Aires y establece el periódico Río de la Plata donde critica a las políticas de Sarmiento.  En 1872 escribe Martín Fierro.  En 1881 ocupa puestos en el gobierno de Buenos Aires y muere en la misma ciudad a los 56 años de edad.

La pena extraordinaria del gaucho
Martín Fierro es la más grande poema de la literatura gauchesca y forma parte de una tradición ya establecida de literatura gauchesca en el siglo 19.  En 1866, por ejemplo, Estanislao del Campo (1834-1880) escribe el Fausto, un texto que se distingue de Martín Fierro por su tono jocoso; se burla de la ingenuidad del gaucho. 

Martín Fierro se ubica geográficamente en Buenos Aires y recorre el territorio hasta Santa Fe.  Es una profunda reflexión sobre la condición humana y, en específico, sobre la condición del gaucho en la sociedad argentina del siglo 19.  Presenta una denuncia a la desdicha del gaucho y describe su posición social derrotada.. 

Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela;  

Que el hombre que lo desvela
Una pena extraordinaria,             
Como la ave solitaria
Con el cantar se consuela.

La pena del gaucho dentro de la sociedad argentina es extraordinaria y se consuela con cantar su vida y con tocar la guitarra (viguela).

En Martín Fierro el gaucho se queja de ser marginado en la sociedad argentina; las autoridades le quitan todo y el gaucho vive como un subalterno perseguido a quien no se le permite tener familia, casa o empleo fructífero.  En este sentido es muy distinto a Facundo de Sarmiento que construye el gaucho como una figura poderosa rebelde y amenazadora. 

¡Y qué indios, ni qué servicio,
si allí no había ni cuartel!
Nos mandaba el coronel
a trabajar en sus chacras, 

Martín Fierro describe sus frustraciones con la vida militar.  Denuncia el hecho que los gauchos no hacen nada en la frontera aparte de trabajar para el beneficio personal del coronel.  Hernández denuncia la corrupción: “Yo he visto negocios feos a pesar de mi ignorancia”. Es decir, el gaucho no sabe mucho, pero entiende que en la frontera hay corrupción.

Por otra parte, José Hernández, a través de Martín Fierro, ataca el indio y el inmigrante.  El indio es una amenaza y el inmigrante es una presencia innecesaria.  Odia también a los “gringos” porque no saben nada de la vida del campo y de la frontera: “Yo no sé por qué el gobierno nos manda aquí a la frontera gringada que ni siquiera se sabe atracar a un pingo”.   Montarse un caballo, en la argentinidad del siglo XIX, es uno de los valores del macho argentino..

Más malo que una fiera:
Martín Fierro vuelve de la frontera y  no encuentra nada de la vida que había tenido que dejar: “Ni la tapera encontré,” dice.  En ese momento se asume como gaucho rebelde y lo que Sarmiento llama “El gaucho malo”.  Martín Fierro dice: “Yo juré en esa ocasión ser más malo que una fiera”.  Esta es una declaración de guerra a la civilización, hecha desde una barbarie maltratada y ofendida: “El gaucho anda huyendo siempre pobre y perseguido, no tiene cueva ni nido, como si fuera maldito, porque el ser gaucho, barajo, el ser gaucho es un delito”.

El texto de Hernández tiene un alcance universal ya que sirve para expresar la desdicha de los desplazados, de los marginados, de los que se ven rechazados por la civilización. En el Martín Fierro Hernández expresa el dolor y la humillación de ser pobre: “Para el pobre –entonces- son los calabozos, para él las duras prisiones, en su boca no hay razones aunque la razón le sobre, que son campanas de palo las razones de los pobres”.  El pobre, nunca tiene razón porque no tiene quien lo defienda y sólo puede defenderse él mismo. El pobre, aunque hable y diga sus razones, nadie las escucha.  Su aspecto de pobre ya lo denuncia y lo destina a la cárcel. El hecho de ser pobre es un delito.

El momento del consejo
Para el gaucho no hay un futuro abierto, como lo hay para el hombre de la civilización.  El gaucho, a cambio del hombre letrado, es marginado y tiene que abrirse el camino a la fuerza.

En un momento Martín Fierro se encuentra con unos soldados y empieza a pelear y pelea con un coraje excepcional. Tal es así, que uno de los integrantes del grupo de soldados, al verlo pelear con tanta valentía, se pone de su lado y dice: “No permitiré que se mate así a un valiente”.  Es el sargento Cruz que va a ser el amigo de Martín Fierro, y pelea junto a él.

Lo que Hernández quiere demostrar es que al gaucho se lo trata muy mal, pero no es el enemigo de la civilización sino todo lo contrario. Al ser la Argentina un país pastoral, el gaucho es la condición de posibilidad del desarrollo nacional, porque es él que puede mejor que nadie lidiar con la vida del campo.

Cuando Hernández escribe la segunda parte ya ha pasado la época de la denuncia.  Los gauchos han sido integrados al sistema que hegemoniza, que domina Buenos Aires.  Entones, José Hernández cambia el propósito del texto para dar consejo.

Al final de la segunda parte, Martín Fierro es totalmente sumiso al programa nacional de Arentina.  Se puede relacionar con la Argentina de hoy porque habla del olvido y de la memoria como algo perjudicial para los pueblos.  Entonces, dice: “Sepan que olvidar lo malo también es tener memoria”.  Es decir, hay que olvidarse de lo malo para seguir adelante como un país.  El final es conformista en el sentido que Argentina se abre a todos.  El gaucho, bajo precio de trabajar y dejarse expoliar, va a vivir feliz como una figura importante de la sociedad argentina.

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