Monday, October 13, 2014

La mediación del archivo en Mi vida después de Lola Arias



Foto: Lorena Fernández
En Biografías escénicas: Mi vida después de Lola Arías, Paola Hernández afirma que el teatro documental actual no es nuevo; en los años 60 - 70 el teatro latinoamericano ya utiliza aspectos del “archivo” en el sentido de Diana Taylor y los inserta en el performance.  Diana Taylor define el archivo como: “the documents, maps, literary texts, letters, archaeological remains, bones, videos, film, CDs, all those items supposedly resistant to change” (The Archive and the Repertoire 19).  Este teatro documental temprano influenciado por Piscator y Weiss así crea lo que Roland Barthes define como “the reality effect” que le otorga legitimidad a la obra (The Theatre of the Real, Carol Martin 5).  Estas técnicas de lo “real” en el teatro documental del siglo XX tienen el propósito de politizar al público para moverlos a acción o para que tomen conciencia política (Hernández 115). 

El nuevo teatro documental se distingue del modelo anterior principalmente porque no se preocupa por politizar al público sino por revelar la mediación del mismo archivo (Hernández).  Se utilizan artefactos “reales” en la escena dramática que ponen en cuestión la validez del archivo en sí.  Este juego entre el teatro y la realidad es patente en el marco representativo de Mi vida después de Lola Arias ya que se trata de un grupo de actores de la segunda generación después de la más reciente dictadura en Argentina que relata sus memorias “reales” a través del teatro, un medio que se asocia con lo fingido.  Las memorias de los jóvenes y los artefactos y documentos que ponen en escena dan legitimidad a la memoria que construyen en escena pero últimamente el esfuerzo de los actores por narrar el pasado pone en cuestión la capacidad de representación del archivo.

Los elementos documentales que los actores ponen en escena son artefactos como cartas, fotos, grabaciones, y la ropa de sus padres.  Cada objeto tiene una conexión orgánica son sus padres y son estos lazos los que crean “the reality effect” que propone Roland Barthes.  Estos artefactos forman un “archivo” de la memoria que le da peso a la narración de los actores.  Sin embargo, el mismo archivo requiere la imaginación del actor para poder contextualizarlo dentro de la narración.  Liza, por ejemplo, muestra fotos de su mamá cuando esta trabajaba en Telenoche, un programa de noticias.  Liza se sienta en una silla en frente de la proyección de su mamá y lee las noticias en su lugar como si fuera ella.  Primero, Liza cuenta que su mamá tenía que decir noticias distorsionadas por la censura.  Esto ya pone en cuestión la validez de los datos históricos que forman parte del archivo.  Luego, Liza añade que tampoco sabe las noticias que contaba su mamá y que ha buscado los diarios de la época para poder imaginarse las noticias.  Para poder narrar la memoria de su mamá, Liza reúne las memorias fragmentadas con su imaginación y se revela la incapacidad del archivo para representar el pasado.  Lo que se representa para el público es entonces un archivo distorsionado e imaginado.  Una lluvia de ropa interrumpe la narración de Liza y hace resaltar la ausencia y lo espectral del pasado.  Más tarde, otro actor, Pablo muestra una foto de su mamá con pelo corto.  Pablo dice que no sabe por qué su mamá usaba el pelo corto. Para poder narrar el pasado suplementa el archivo con su imaginación: “Ella es mi mamá con el pelo corto, yo supongo que ella usaba el pelo así porque se sentiría como uno más entre sus cuatro hijos varones.”  La imagen en sí no revela la historia del corte de pelo de su mamá.  Es la recepción de Pablo de la foto y las preguntas que él hace cuando mira la imagen y sus propios deseos que se revelan en su narración.  El público está frente un documento limitado en su capacidad para contar el pasado.  La información que propone Pablo demuestra su mediación en el archivo.  En otra instancia, otro actor, Blas manipula las fotos con un marcador y unas tijeras; sus acciones representan la mediación física del archivo.  Blas escribe sobre las fotos y las corta mientras Vanina narra sus memorias.  Otra vez se ve que la narración de la memoria excede las imágenes; Blas tiene que añadir detalles a las fotos para hacer que sostengan la narración de Vanina.  Otra vez se ve con este ejemplo que la capacidad de representación del archivo es limitado; el archivo es mediado por el propio actor y su imaginación.  

Con estos tres ejemplos de Mi vida después de Lola Arias se revela la mediación del archivo del teatro documental actual (Hernández).  En estos tres casos las fotos son artefactos “reales” del pasado, pero estos documentos sólo mantienen una relación imprecisa y ambigua con el referente original.  Mi vida después es una obra que utiliza los documentos no para mover el público a acción sino para cuestionar la posibilidad de recuperar la memoria y de saber la “verdad”.  Se construye la ausencia de sus padres y se enfatiza la distancia creada por el cambio generacional y temporal.  En este sentido se parece mucho a la película Los rubios de Albertina Carri que revela el proceso de filmación más que se trata de la recuperación de la memoria de sus padres.  Mi vida después y Los rubios son dos ejemplos de la producción cultural en que se utiliza el archivo para destruir la soberanía del documento y construir, en su lugar, un performance de la ausencia. 

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