Friday, October 31, 2014

La identidad nacional cubana en Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde

"Cecilia Valdés" de José Mijares, 1995.

Cecilia Valdés es la novela cubana más destacada del siglo XIX. Situada en la época colonial cubana alrededor de 1830, la novela corre la cortina a los complejos problemas raciales y las interacciones entre las personas que habitan la Isla. El argumento de la novela se centra en la pasión incestuosa de dos hermanos, pero lo que más interesa es la descripción de la sociedad cubana: los españoles y los criollos, los esclavos negros y los negros libres, los de raza mezclada y las fiestas y otras tradiciones de la época.  Según Ivan Schulman, Cirilo Villaverde “retrata a los personajes en forma representativa-simbólica-en el teatro de la vida cuyo escenario ficticio es la ciudad de Habana” (Schulman 286). Este simbolismo se extiende no solo a los personajes del libro sino también a sus acciones cargadas de significado alegórico. En esta entrada se analiza la imagen femenina en Cecilia Valdés de una esclava negra que amamanta a bebés de distintas razas como una alegoría de la formación de la identidad nacional cubana.

La ama de leche en la novela cubana Cecilia Valdés tiene la función de distanciar a la clase criolla de la peninsular, un paso perentorio hacía la formación de la identidad nacional cubana. En la novela María de Regla es una esclava negra que amamanta a Adela Gamboa, la hija de una familia blanca distinguida, formando lazos de cariño entre ellas dos. La madre de Adela, Doña Rosa de Sandoval, es una mujer criolla que, por su matrimonio con el hidalgo español Don Cándido Gamboa y Ruiz, pertenece a la plutocracia colonial. En Cecilia Valdés, el alejamiento entre Don Cándido Gamboa y Ruiz y su familia hace resaltar la discordancia entre el criollo y el peninsular en la sociedad colonial lo cual contribuye a la manifestación de una nueva conciencia nacional cubana. La unión entre mujeres de distintas clases y castas se vuelve a ver en la fraternidad que surge entre Dolores, la hija esclava legítima de María de Regla, y Adela. Estas muestras de cariño y de identificación que transcienden la raza y el parentesco representan la integración del criollo a la nueva identidad nacional cubana separándolo a la vez de su historia y linaje español.

Cirilo Villaverde utiliza el núcleo familiar Gamboa y sus miembros individuales para representar la sociedad de una manera alegórica. Doña Rosa representa el elemento criollo con sus inseguridades que provienen del ser subordinado al peninsular en la sociedad colonial. Don Cándido es el padre representante de lo español que engaña a la esposa ilusionada (lo criollo) y a la madre de Cecilia (lo mestizo)(Schulman 287). Los hijos de la familia Gamboa vienen a representar la nueva generación criolla afectada por la esclavitud y por el contexto social del colonialismo. Es esta nueva generación criolla que, según Benedict Anderson, establece una identidad nacional nueva que la distingue de sus parientes peninsulares (65).

En la novela Don Cándido Gamboa y Ruiz pertenece a la casta peninsular que en sus interacciones con su familia ilustra la difícil relación entre los criollos y los peninsulares paisanos. Don Cándido Gamboa y Ruiz es “un caballero español, rico hacendado de Cuba, fundador de una familia distinguida…con ínfulas de noble, ya en camino de titular y ganoso de rozarse con la gente encopetada y aristocrática de la Habana”(305). Don Cándido representa la casta peninsular que domina la sociedad cubana e ilustra las ataduras típicas de un peninsular con España. Por ejemplo, en la novela vemos que la legitimidad de Don Cándido proviene de haber nacido en España y de la sanción española del título Conde de Casa Gamboa que pretende obtener. Don Cándido representa el dominio de lo español en la sociedad cubana.

En Imagined Communities Benedict Anderson explica la marginalización del criollo en la sociedad colonial: “even if born of pure white parents [they] have been suckled by Indian ayahs in their infancy and thus had their blood contaminated for life” (Anderson 60). No solo se desprecia a la nodriza regional por cuestiones raciales, sino a la vez la nodriza es el agente de una experiencia en el extranjero que contamina al bebé de una forma que interrumpe el lazo con el Viejo Mundo. Esta influencia contaminadora que rompe con el pasado europeo es el comienzo de una identificación nacional distinta: “The accident of birth in the Americas consigned [the creole] to subordination-even though in terms of language, religion, ancestry, or manners he was largely indistinguishable from the Spain-born Spaniard. There was nothing to be done about it: he was irremediably a creole” (Anderson 58). El tratamiento preferencial de los peninsulares basado en el hecho de haber nacido en España crea una relación tensa entre los criollos y los peninsulares que provoca las primeras chispas del nacionalismo cubano: “Hidden inside the irrationality was this logic: born in the Americas, [the creole] could not be a true Spaniard; ergo, born in Spain, the peninsular could not be a true American” (Anderson 58).

La tensión entre el criollo y el peninsular se representa en la relación padre-hijo de la familia Gamboa. El hijo de Don Cándido Gamboa, Leonardo, pertenece a la nueva generación criolla y aunque se beneficia de los dones de la esclavitud critica a su padre por ser español y por establecer la esclavitud en la sociedad cubana. Leonardo distingue entre su propia generación y la de su padre expresando duda sobre la legitimidad de la aristocracia a que pertenece su familia: “la nobleza comprada con la sangre de los negros que tú y los demás españoles robaban en África para condenarlos a eterna esclavitud, no era nobleza sino infamia” (401). Don Cándido, en cambio, critica a su “sangre de criollo”: “El bribón, el insurgente, el desorejado!...vaya si le hierve la sangre criolla en las venas…como se armará en esta isla el desbarajuste de la Tierra Firme…quieren la libertad porque les pega el yugo…porque no pueden soportar la tiranía…que trabajen los muy holgazanes, y no tendrán tiempo ni ocasión de quejarse del mejor de los gobiernos” (401). Don Cándido se decepciona con Leonardo y dice que lo va a castigar para que suelte “la sangre criolla que tiene en las venas.” Con esto, Don Cándido revela que él cree que estar en Cuba ha arruinado a su hijo, todo esto se hubiera haber podido evitarse con mandarlo a España como había tenido pensado” (179).

La esposa de Don Cándido, Doña Rosa Sandoval, es una criolla como sus hijos lo cual la separa de su esposo y afecta su matrimonio. La relación entre la pareja representa la desconfianza entre los peninsulares y los criollos de la Isla: “Tiras de los criollos como si mis hijos y yo fuéramos de tu tierra. Odias a los habaneros ¿por qué te duele que te paguen en la misma moneda?” (401) Doña Rosa cuenta que su madre le había aconsejado no casarse con Don Cándido porque el hecho de nacer en España significaba que él tenía otra naturaleza a la de Doña Rosa. Cuando Don Cándido traiciona a su esposa, Doña Rosa explica que la ha traicionado por ser, él, peninsular, y ella, criolla: “el criollo, el paisano mío se hubiera portado conmigo con más lealtad y decencia” (210). El uso del término “paisano” expresa que el ser criollo es un componente importante de la identificación local. La nación es un concepto moderno que según Benedict Anderson es “una comunidad imaginada” que nace de una identidad colectiva (6). “El paisano” que Doña Rosa imagina no es alguien real que ella conoce, sino un ser imaginado, y a pesar de no existir, Doña Rosa tiene presente la imagen de una comunidad cubana.

María de Regla desempeña un papel materno que, sin querer, se opone al papel de madre criolla que desempeña Doña Rosa. María de Regla es la esclava de la familia Gamboa que se vuelve una figura clave de la alegoría presente en Cecilia Valdés. Al principio de la novela ella amamanta a Cecilia Valdés, la hija ilegítima de Don Cándido en la Casa Cuna. María de Regla tiene su propia hija, al mismo tiempo que nace Adela, la hija menor de Doña Rosa. Doña Rosa le entrega Adela a María de Regla para que se la amamante y le prohíbe a María darle de mamar a Dolores; ésta se cría aparte de Adela con leche de cabra y de vaca. Aunque se lo había prohibido Doña Rosa, María de Regla se pone ambas niñas a los pechos y las amamanta juntas sin hacer diferencia entre ellas (171). Esta imagen de dos hermanas, una negra y la otra blanca, amantadas por una misma madre es un símbolo de la igualdad de razas dentro de una comunidad nacional. Cuando Doña Rosa descubre que María de Regla ha estado amamantando a ambas bebés, ella se enoja y tan pronto como puede destetar a su hija, castiga a María de Regla mandándola a vivir y trabajar en el ingenio. María de Regla tiene que dejar a su propia hija y a Adela que por el hecho de haberla amamantado le tenía cariño. “María de Regla sintiese en lo profundo del pecho su separación a un tiempo de la hija, del padre de ésta y de Adela misma” (172). La conexión entre María de Regla y Adela Gamboa abre el camino a otro tipo de identificación relacionado con la experiencia de criar y nutrir y no determinado por el origen biológico. El acto de amamantar crea una conexión profunda entre la nodriza y el bebé alimentado. La relación de madre e hija entre María de Regla y su propia hija Dolores que solo amamanta a escondidas y limitadamente es menos fuerte que la relación entre María de Regla y Adela. Según Lorna Williams en The Representation of the Female Slave in Villaverde’s Cecila Valdés: “The slave mother can only establish lasting affective bonds with a child whom she has nursed through the accepted momento of weaning”(Williams 73). Dentro del contexto de la esclavitud donde la mujer esclava no es dueña de su propia maternidad los enlaces tradicionales de madre e hija se rompen lo cual abre campo a una nueva identificación social.

Los lazos de cariño entre María de Regla y Adela Gamboa representan la capacidad de identificación entre razas, un paso importante y perentorio hacia la formación de una identidad nacional cubana. Adela reconoce a Doña Rosa como su madre, pero a la vez para ella María de Regla también es una figura materna que acredita con haberla criado. Adela funciona como mediadora entre las Doña Rosa y María de Regla: “Me duele que hables así de quien me crió…creía que la habías perdonado. ¿Qué te ha hecho para tanto rigor?” Adela intercede por María de Regla: “¿No crees tú mamá que María de Regla ha purgado la culpa?...¿Por qué la tienen tanto tiempo en el ingenio?” (175) El cariño que siente por su ama de leche muestra la profundidad del enlace que se ha formado entre las dos. Para Doña Rosa, la relación forjada entre su hija y la ama de leche es un efecto secundario tolerable de su posición privilegiada: “Por desgracia te dio de mamar, debes de tenerle algún cariño, lo comprendo” (176).

Cuando Adela está en el ingenio de vacaciones y la encuentra a María de Regla, ésta le dice a Adela “hija” y la acaricia cuando le cuenta que siente su presencia en el corazón. En la novela queda claro que María de Regla siente el mismo cariño por Adela que Adela siente por ella. Tienen una relación madre-hija aunque María de Regla es una esclava negra y Adela es una aristócrata blanca. El acto de amamantar dentro del contexto colonial cambia a Adela y a María de Regla porque su relación trasciende la raza y la clase a pesar de las normas sociales.

La novela establece una equivalencia funcional entre Dolores y Adela que son amamantadas por María de Regla (Williams 74). La imagen de igualdad entre Dolores y Adela se ve por primera vez en el fuerte simbolismo de la escena ya mencionada aquí en que María de Regla amamanta a las dos bebés con una a cada pecho. La esclava que simultáneamente amamanta a un niño libre y a uno que nace esclavo interrumpe la jerarquía social que sostiene la sociedad cubana. La yuxtaposición de Adela y Dolores basada en su origen maternal común continúa a medida que crecen las niñas: “Y como crecieron juntas, como en realidad mamaron una misma leche, no obstante su opuesta condición y raza, se amaron con amor de hermanas”(Villaverde 173).

María de Regla es la única representación en la novela de una madre calurosa que amamanta y cría a bebés. “Among the mothers in the novel, neither Doña Rosa, nor Rosario Alarcón, Cecilia’s mother nurses her own child. Only the Black wet nurse, María de Regla, is described as performing the motherly act of nursing” (Luis 116). María de Regla es la madre biológica de una hija negra esclava y la madre de leche de Adela, blanca y de la clase alta, y también de Cecilia Valdés, una mulata libre (Rosell 99). Aunque Cecilia Valdés, a quien se le ha ocultado el secreto de su pasado, queda afuera de la hermandad activa que exhiben Adela y Dolores, el autor se esfuerza en mostrar el paralelo entre Adela y Cecilia Valdés a través de las varias referencias al parecido de las dos jóvenes. Al criar las tres razas más marcadas de la sociedad cubana, María de Regla desempeña el papel alegórico de la madre de la nación.[1]

En fin, con la alegoría de la ama de leche, Cirilo Villaverde demuestra que, con el cambio generacional, la brecha crece entre los peninsulares y los criollos. La nueva generación que “mama una misma leche” se separa cada vez más del Viejo Mundo y construye nuevos lazos de identificación que anticipan la manifestación de una conciencia nacional cubana.

Bibliografía

Aedo, María Teresa. "Cecilia Valdés: Diosas, vírgenes y madres en la identidad mestiza de Cuba". Acta Literaria 1995: 5-22.

Anderson, Benedict. Imagined Communities. London and New York: Verso, 2006.

Castro-Klaren Beyond Imagined Communities: Reading and Writing the Nation in Nineteenth-Century Latin America. Baltimore and London: The John Hopkins University Press, 2003.

González Mandri, Flora. Guarding Cultural Memory: Afro-Cuban Women in Literature and the Arts. Charlottesville and London: University of Virginia Press, 2006.

Luis, William. Literary Bondage: Slavery in Cuban Narrative. Austin: University of Texas Press, 1990.

Rosell, Sara. La novela antiesclavista en Cuba y Brasil, Siglo XIX. Madrid: Editorial Pliegos, 1997.

Schulman, Ivan A. "Sociedad colonial, sociedad esclavista: La Habana de Cecilia Valdés". La Chispa 87' Selected Proceedings 1987: 281-290.

Villaverde, Cirilo. Cecilia Valdés. México: Editorial Porrúa, 2006.

Williams, Lorna V. "From Dusky Venus to Mater Dolorosa: The Female Protagonist in the Cuban Antislavery Novel". Woman as Myth and Metaphor in Latin American Literature 1985: 121-136.

Williams, Lorna V. "The Representation of the Female Slave in Villaverde's Cecilia Valdés". Hispanic Journal 1993: 73-89.


[1] El nombre de María de Regla evoca dos imágenes religiosas: la Virgen María y Yemeyá, la diosa africana del mar, de la maternidad y la fecundidad (Luis 116). Este hecho confirma el papel de María de Regla como la figura alegórica de madre de la nación porque no sólo es la madre de Adela, y de Cecilia y Dolores, sino que es la madre de las tres razas que sus hijas representan: la raza blanca, la mulata, y la negra (Luis 116).

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