Audiencia de los confines: Primer ensayo sobre la memoria, Jorgelina Cerritos


En pleno siglo XXI, luego de guerras, catástrofes, insurrecciones, genocidios, Acuerdos de Paz, migraciones, pandillas, en nuestros países, constantemente, se nos enseña a olvidar.  A olvidar un pasado que –como piezas de rompecabezas- no ha sido siquiera reconstruido para poder salir a la luz.  Confinados en el olvido, la desmemoria se pasea entre nosotros reinando en la oscuridad y nuestra historia se tergiversa día a día con el tiempo.  –Prólogo
Audiencia de los confines, Jorgelina Cerritos (Teatro Stabile Napoli, Italia 2013)
Audiencia de los confines: Primer ensayo sobre la memoria de Jorgelina Cerritos es una pieza de teatro sobre la desmemoria y la impunidad en El Salvador.  La obra plantea una metáfora de una noche eterna, el resultado de no haberse hecho cargo de la historia, de la memoria y de la verdad como sociedad.  La acción empieza cuando Carola, uno de los tres personajes de la obra, oye campanas que señalan un juicio que traerá por fin la luz de la mañana.  Carola anuncia: “La hora del juicio ha llegado y su luz disipará las sombras”(Conjunto 167, 62). 
Audiencia de los confines, Jorgelina Cerritos (Teatro Stabile Napoli, Italia 2013)
Los tres personajes responden de distintas formas a la profecía de las campanas.  Mauro está incierto frente la verdad; durante la guerra él presenció una masacre en su pueblo y vio morir a su hijo.  Sobrevivió porque tuvo miedo y se escondió.  La ambiguedad del pasado de Mauro contribuye a su incertidumbre sobre qué le lleva el amanecer.  Alonso, por su parte, resiste la memoria: “Para qué quieren que amanezca?  ¿Qué van a hacer si esa calle se llena de luz y de gente?  ¿A dónde quieren volver?  ¿Nadie los conoce, nadie los recuerda.  Ni nosotros mismos.  Nos fuimos con el tiempo perdido y yo no quiero saber lo que hice ni lo que fue de mí”(Conjunto 167, 73).  Aquí se nota que Alonso no quiere saber la verdad porque le sería traumático recordar su papel en el pasado; en este sentido representa una parte de la sociedad salvadoreña que teme que se sepa la verdad porque sospechan que sería muy dolorosa.  Carola le responde a Alonso que es por el olvido que están en una noche eterna y que ella sí quiere saber la verdad aún si es dolorosa:
Alonso. La luz va a cegarte.
Carola. No me importa.
Alonso.  Va a dolerte.
Carola. No más que esta espera.
Alonso. Va a ponerte frente a frente con lo que sos y con lo que de vos queda.
Carola. No me da miedo. 
Audiencia de los confines, Jorgelina Cerritos (Teatro Stabile Napoli, Italia 2013)
Audiencia de los confines propone el habla como una manera de imaginar una transición a un nuevo amanecer nacional.  Carola convence a Mauro y a Alonso que tienen que hablar para quitarse la culpa, pero también “para reconstruir la historia, para recuperar la memoria y para conocer la verdad”.  Luego cita las palabras de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en homilía de 1977, “La palabra es fuerza.  La palabra cuando no es mentira lleva la fuerza de la verdad”.  Cuando los tres empiezan a hablar y a contarse sus historias se dan cuenta que se entrelazan sus memorias.  Sin embargo cada uno mantiene el silencio sobre aspectos de los traumas que han sufrido.  En este sentido la pieza no sólo revela la lucha entre la memoria y la desmemoria sino, como propone Elizabeth Jelin, cada memoria tiene sus zonas particulares de olvido (Trabajos de la memoria, xviii).  Estos silencios en las historias de cada uno de los personajes no se pueden narrar.  "La memoria siempre es selectiva: la memoria total es imposible" (Trabajos de la memoria, Jelin 17).  Cuando unen los fragmentos de sus historias un destello luminoso inunda el cielo, pero después vuelve la tiniebla. 
Audiencia de los confines, Jorgelina Cerritos (Teatro Stabile Napoli, Italia 2013)
En la última escena Mauro saca una bolsa llena de pedazos del mural de la Catedral Metropolitana de San Salvador, “La armonía de mi pueblo”, creado por el artista salvadoreño Fernando Llort en 1997, en celebración por los cinco años de la Firma de los Acuerdos de Paz y que fue destruido en 2011 por las autoridades de la Iglesia Católica.  Los pedazos botados del mural representan fragmentos del pasado histórico del país.  Ahora se han convertido en piezas de un rompecabezas.  La obra termina cuando Carlota y Mauro empiezan a armar el rompecabezas y notan que hay muchas piezas que todavía faltan:
Mauro.  Mira ve, una pieza debe faltar por aquí…
Alonso. ¡Una pieza, una pieza!
Carola. ¡Jmm, un montón de piezas que deben faltar!... 
El final se puede interpretar como un llamado a la sociedad salvadoreña a dialogar sobre el pasado para contribuir sus piezas al rompecabezas de la verdad.  Aunque el tiempo ha pasado y pueda ser traumático recordar, la obra sugiere que en colectivo, se puede reconstruir la historia para salir de la larga noche de la desmemoria y apariencias falsas.   
(Vea un performance de Audiencia de los confines en youtube presentada en italia, 2013):
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