Thursday, July 17, 2014

Paso de dos de Eduardo Pavlovsky

Eduardo Pavlovsky and Susana Evans in Laura Yusem's 1990 production of 'Paso de dos.' (Photo by Carlos Feigues)
Paso de dos (1990), la obra de Eduardo Pavlovsky, es la historia polémica del “romance” de un torturador y la mujer que tortura.  EL y ELLA son los únicos dos personajes y comparten la intensidad de la experiencia corporal de la tortura de un ser humano a otro.  La relación entre los dos es ambigua; por momentos son amantes y otras veces son enemigos que se odian y se quieren destruir el uno al otro. EL se obsesiona con la intensidad de la relación y llega a depender de ELLA.  Sin embargo, al final ELLA lo resiste con su silencio; se niega a denunciarlo para no afirmar la identidad de EL:

No te voy a a nombrar.  Preferirías que te denuncie que cuente todo.  Sé que así te sentirías mejor, orgulloso de que todos sepan que me tocaste/querés ser héroe como todos los demás orgullosos otra vez de lo que hicieron/ orgullosos de andar sueltos desafiando y acechando siempre...no te voy a nombrar vas a seguir esperando...esperando siempre/ ese va a ser tu pequeño tormento te conozco bien es la única manera de estar prisionero no voy a hablar/ no te conozco sos irreconocible uno más de todos ELLOS (29)   
Paso de dos Primera Parte, Teatro Fray Mocho
Esta resolución de no hablar, de no denunciar la tortura y el torturador, es otro aspecto ambivalente de la obra porque sin la denuncia la tortura queda impune.

Paso de dos tiene una recepción mixta en Buenos Aires; tiene muy buena taquilla a la vez que levanta una polémica cultural en el país.  Una parte del público parece identificarse con la trama y experimenta cierta catarsis al ver Paso de dos mientras otras personas se ofenden por la temática.  Según Diana Taylor en “Spectacular Bodies: Gender, Terror and Argentina’s Dirty War” la obra tiene una recepción mixta precisamente por la representación erótica de la tortura (31): 
Paso de dos Parte Dos, Teatro Fray Mocho

Diana Taylor arguye que Paso de dos reafirma la misoginia no sólo de la dictadura, pero de la producción cultural actual.  Pavlovsky responde que su obra no tiene un compromiso con representar la realidad o con comunicar un mensaje crítico.  Lo que le interesa a Pavlovsky es que el público experimente la confusión y la ambigüedad del terror (Feitlowitz 70).

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