Tuesday, July 15, 2014

El testimonio de una quebrada: El infierno de Luz Arce

El infierno (1993)[273p] es el testimonio de Luz Arce.  Después de trabajar en el gobierno de Salvador Allende, Arce es detenida y torturada por la DINA, la policía secreta de Pinochet.  Luz Arce empieza a colaborar y entrega a varios miembros del MIR a la DINA.  Llega a ocupar un puesto de trabajo como profesora de contrainteligencia en la DINA/CNI.  Con la transición a la democracia, Arce da su testimonio a la Comisión de la Verdad y Reconciliación y lo publica en El infierno.  El Padre José Luis de Miguel escribe la introducción al libro y ahí compara el testimonio de Luz Arce con una confesión religiosa que busca la catarsis y la reconciliación.  Aquí considero la construcción de El infierno como un texto retórico que intenta persuadir al lector del valor del testimonio del “quebrado”.

En  “The Margin at the Center: On Testimonio” John Beverley propone el testimonio como un texto que representa un grupo, un colectivo y no sólo un individuo y un destino personal; evoca una polifonía de voces ausentes.  El testimonio se distingue de la autobiografía en que un sujeto coherente y libre cuenta una historia personal. 

Más allá de una historia general de una mujer detenida por la DINA, la historia colectiva que Luz Arce busca contar es la historia tabú de los “quebrados”.  Esta es una parte de la memoria de muchos inidviduos, pero no forma parte de la memoria colectiva.  Arce describe una situación en que casi todos terminan colaborando para sobrevivir.  Ella es parte de una red de colaboradores; Raul Navarrete la entregó a ella a la DINA, por ejemplo.  Ella también entrega a otras personas, pero explica que trata de entregar a personas marginales o que ya son colaboradores de la DINA.   

Arce explica las condiciones extremas que sufre en su detención; es su historia personal pero también es la historia colectiva de terror que lleva muchos a colaborar durante la dictadura:

Sin decir nada me tiraron sobre una colchoneta y me violaron.  Varios hombres: al principio intenté resistirme, traté de impedir que me sacaran la ropa, pegué a ciegas patadas.  Luego en el suelo, y con el peso de esos individuos sobre mí, su aliento fétido, me dolía adentro como si me hubiesen roto, dolor en todo el cuerpo, estoy llorando, ya no tengo fuerzas, sólo percibo que soy “algo” tirado ahí que está “siendo” usado.  Que si resisto es un estimulo, que si me quedo quieta, si vago mentalmente por otros lugares parecer ser menos para ellos el incentivo, soy una muñeca desarticulada…comienzo a aprender a morir…(El infierno, 53)

En escenas como esta, la construcción narrativa de la tortura funciona para justificar la colaboración de un individuo y también de un colectivo de “quebrados”.  Arce explica que las violaciones la convierten en una “muñeca desarticulada” y hay una fragmentación de su subjetividad.  Según propone Elaine Scary en The Body in Pain, no puede haber traición cuando el cuerpo está expuesto a condiciones inhumanas ya que la tortura destruye la subjetividad.  Cualquier acto del sujeto se justifica después de la tortura (Cruel Modernity, Franco 174).  Sin embargo, Diamela Eltit arguye que Luz Arce se deja seducir por el poder de la DINA.  La traición y la tortura son, en su parecer, excusas porque su colaboración dura más que la tortura inmediata (Emergencias “A mi juicio”, Eltit 56). 

Por otra parte Luz Arce explica que colabora, en gran parte, para proteger a su familia.  Ella empieza a colaborar cuando la DINA detiene a su hermano y la amenazan con detener también a su hijo.  Según lo presenta Arce, ella tenía que decidir entre traicionar a su familia o traicionar a la izquierda.  Aquí es interesante contraponer la auto-representación de Luz Arce como una buena madre con el análisis de Diamela Eltit de Luz Arce como una mujer que traiciona a su familia.  Eltit compara a Luz Arce con La Malinche, que puede ser vista, a la luz de la teoría feminista, como “chingadora” del poder patriarcal.  Por ejemplo, cuando el ex marido de Luz Arce quiere quitarle a su hijo, Luz Arce utiliza sus conexiones con la DINA para “chingar” a su ex marido.  Según el análisis de Jean Franco, la narrativa de  Arce muestra el lado oscuro del liberalismo individual; Luz Arce sacrifica la colectividad para salvarse a si misma y a sus seres más queridos (Franco 174).

En fin, El infierno es un testimonio en el sentido de que cuenta una historia personal que también es la historia colectiva de los “quebrados”; un grupo de víctimas marginados por ambos bandos.  Los “quebrados” son como los muselmann que Giorgio Agamben describe en Auschwitz como los prisioneros más débiles que se han dejado vencer y que todos consideran abyectos.  El infierno busca justificar la colaboración de Luz Arce con la DINA, pero también revela que ella forma parte de un colectivo de personas como los muselmann.  Los “quebrados” son, en cierto sentido, víctimas que no resisten la violencia; se quiebran por dentro.  Los “quebrados” nos dejan con la contradicción de que son víctimas que sufrieron daños tan completos que se les cuestiona la ética de contar su testimonio.  



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