Antígona en El Salvador: Una alegoría de la "posguerra"


Antígona es la tragedia clásica de Sófocles basada en un mito griego.  La dramaturga argentina Griselda Gambaro, el colectivo peruano Yuyachkani,  y varios teatros latinoamericanos han retomado la obra clásica por su resonancia con el tema de la memoria y la ética de la “posguerra”.  Aquí considero el mito griego en dos adaptaciones latinoamericanas para poder imaginar Antígona en términos de la realidad salvadoreña de “posguerra”. 

La acción de Antígona comienza en el primer día de la paz después de una lucha fratricida por el trono tebano.  La guerra termina con la muerte de dos hermanos, Eteocles y Polinices, que se dan muerte mutuamente.  Creonte, el tío de los hermanos se convierte en el rey de Tebas y mientras que a Eteocles se le recuerda como héroe, a Polinices se le tilda de traidor.  Creonte prohíbe sepultar al cadáver de Polinices y tiran el cuerpo al campo para que lo devoren las alimañas y las aves rapiñas.  No se permite que los tebanos lamenten la muerte de Polinices.  Ismene, una de las hermanas de Polinices y de Eteocles se somete al edicto de Creonte, pero la otra hermana, Antígona, no; ella entierra a Polinices y recibe el castigo de ser emparedada viva en una cueva.

Antígona furiosa de Griselda Gambaro en Argentina
En Argentina, Griselda Gambaro escribe el texto de Antígona furiosa (1986) para conmemorar el trabajo de las Madres de la Plaza de Mayo (Werth, Theatre, Performance and Memory Politics, 35).  La expulsión de Antígona a la cueva se puede leer como una referencia a los desaparecidos de la última dictadura.  Antígona declara: “No estaré con los humanos ni con los que murieron, no se me contará entre los muertos ni entre los vivos.  Desapareceré del mundo, en vida” (210).  La lucha entre Antígona y Creonte evoca el tema del autoritarismo de la dictadura de Jorge Rafael Videla (1976-1981).  En la versión de Gambaro Corifeo y Antinoo son dos porteños típicos que reemplazan al coro en la versión clásica.  Por miedo de Creonte y por respeto a su autoridad, ellos se burlan del sufrimiento de Antígona y de sus reclamos por justicia. (Werth, Theatre, Performance and Memory Politics, 44).  Se puede argüir que Corifeo y Antinoo representan la sociedad argentina que, por temor a la dictadura, no protestó los abusos que presenciaron.

Antígona de Yuyachkani en Perú
En 2002 y 2003 el colectivo peruano Yuyachkani acompaña las audiencias públicas de la Comisión de la Verdad y Reconciliación realizando acciones escénicas en los mercados y las plazas.  En esta versión de Antígona se enfatiza que la paz engendra ciertos silencios sobre el pasado.  En la caverna, Antígona dice, por ejemplo: “…les recuerdo una ley de Olimpo que dice que nada grande entra en la vida de los hombres sin alguna maldición.  Si la paz es esa cosa grande, yo soy la maldición, la ola rara que se estrella y muere en el interior de esa cueva”.  Ismene, la hermana de Antígona, ha optado por guardar el silencio pero se da cuenta que el silencio también es un castigo: “En tu elevado reino pídele a Polinices que me perdone la tarea que no hice a tiempo porque me acobardó el ceño del poder, y dile que ya tengo castigo grande: el recordar cada día tu gesto que me tortura y me avergüenza”.  La representación de Antígona en las audiencias públicas comunica la necesidad de romper el silencio que guarda Ismene para enterrar al pasado como hizo la heroína trágica, Antígona.

Antígona en El Salvador
Sin duda ya se han realizado versiones de Antígona en los teatros y en las universidades de El Salvador.  Aquí simplemente propongo una Antígona más; una Antígona como alegoría de la “posguerra” salvadoreña.  La acción comienza el 17 de enero de 1992, el primer día después de la firma de la paz.  Con el fin de la guerra mueren las utopías de la izquierda y se acaba el monopolio de la derecha.  Y con respecto a la memoria, ¿Quiénes hacen el papel de Ismene que opta por el silencio y el olvido?  ¿Quiénes son las Antígonas expulsadas por querer enfrentarse con el pasado?