El sujeto de "pos-guerra": El perro en la niebla de Róger Lindo


Róger Lindo vivió veinte años fuera del país y la inspiración para su novela El perro en la niebla (2007) le vino cuando imaginó primero a un sujeto que manejaba en carro en Los Ángeles.  Este sujeto formaba un primer capítulo de su libro que Lindo quitó porque Horacio Castellanos Moya le aconsejó que sería mejor que el lector se metiera de portazo en la obra.  En mi parecer El perro en la niebla representa parte de la producción literaria centroamericana transnacional que, según Alexandra Ortiz Wallner, reconfigura el espacio centroamericano para tomar en cuenta sujetos desplazados y fragmentados. [1]       

En una plática que dio como invitado del Plan nacional de lectura en la Biblioteca Nacional de San Salvador (2012) Róger Lindo explicó que El perro en la niebla tiene aspectos autobiográficos pero que también es parte de una memoria colectiva.  En Jacintario Jacinta Escudos resume el argumento de la novela nítidamente así:    
El perro en la niebla (2007) de Róger Lindo representa la memoria personal del autor pero además hace uso de la ficción para construir un relato que le ayuda al lector entender el contexto de la guerra.  Vemos, por ejemplo, como en El perro en la niebla Lindo reconstruye la ciudad de San Salvador en los 70s y 80s:

Era viernes, para colmo día de pago.  La ciudad era un hormiguero pisoteado, la masa una sola garganta reseca, ávida de alcohol, de carne ansiosa por embrutecerse.  El final de la quincena siempre es como un ventarrón caliente: mejor no atravesarse en su camino (23).

El personaje de Guille cambia a lo largo de la obra de manera física y este cambio refleja el cambio interior simultaneo y su fragmentación como sujeto.  Cuando Guille ve su propia sombra él mismo se extraña:

Mi sombra ya no era la misma.  Se miraba extraña, como si perteneciera a otra persona.  Por primera vez se me ocurrió que tenía vida propia y hasta pensé en ponerle un nombre: si llegaba a quedarme solo al menos tendría con quien conversar (155).

Roger Winter-Stray Dog
En Talpajocote Miguel Huezo Mixco señala que El perro en la niebla rompe con el género testimonial de los años 80: “Quien espere otra novela testimonial que celebra los actos heroicos de los luchadores sociales, se llevará una decepción”.  Con El perro en la niebla Róger Lindo pone en cuestión el concepto de un sujeto testimonial que representa la “verdad” de un grupo colectivo.  Aquí ese testigo privilegiado de la historia desciende a un estado animal; es un “perro en la niebla” marginado y solitario sin la posibilidad de enunciar una verdad colectiva. 


[1] Vea 'Encrucijadas' de El arte de ficcionar (2012) de Alexandra Ortiz Wallner para leer más sobre esta subjetividad transnacional