Sunday, May 11, 2014

Tiempo pasado: Cultura de la memoria y giro subjetivo de Beatriz Sarlo

Daniel Varney "Hands of Time"
Beatriz Sarlo.  Tiempo pasado cultura de la memoria y giro subjetivo: Una discusión Argentina: Siglo Veintiuno Editores, 2005.  166 pp.

Tiempo pasado cultura de la memoria y giro subjetivo: Una discusión de Beatriz Sarlo es un texto corto de ciento sesenta y seis páginas y seis capítulos que presenta una crítica del testimonio y de la autoridad que se le otorga al género.  El argumento de Beatriz Sarlo responde a una sociedad en transición democrática que busca “recordar” la dictadura de manera pública para restituir lo que se borra por la violencia y la represión del estado.  Mientras la discusión de Sarlo parte del contexto cultural de Argentina, no se limita a este país y maneja ejemplos del Holocausto, del Gulag y de otros crímenes masivos del siglo veinte.  El libro es una discusión que parte de la convicción de Susan Sontag que es más importante entender el pasado que recordarlo porque el concepto de “recordar”, según Sarlo, significa aceptar la hegemonía moral de una historia subjetiva.

Sarlo indica que en las últimas décadas emerge una “cultura de la memoria”, de allí el título de su libro.  Esta “cultura de la memoria” impulsa una serie de proyectos para “preservar” el pasado reciente y, en términos de Charles Maier, se puede caracterizar al momento cultural como “una era de auto-arqueologización”.  Sarlo señala que este interés renovado por la historia colabora con el mercado capitalista en la producción y circulación de narraciones personales que pretenden descubrir “la verdad” en la reconstrucción de la experiencia individual.  Sin embargo, para Sarlo, “La idea misma de verdad es un problema” (163).

Una pieza clave del argumento de Sarlo es que el “tiempo pasado” es siempre una construcción.  Primero porque la mirada hacia atrás se arraiga en el presente, pero también porque la memoria organiza el pasado según las modalidades del relato contado.  Sarlo explica que se suele excluir aspectos de la historia vivida que no contribuyen al hilo principal de la narración como, por ejemplo, los momentos de aburrimiento en los centros de concentración.  La memoria enfatiza aquellos hechos que parecen explicar un principio teleológico de la narración que se cuenta sobre el pasado.  Así, el género testimonial crea un pasado ilusorio.

Sarlo define como “giro subjetivo” a la reinvindicación de los historiadores a la voz subalterna y a la etnografía de este “nuevo sujeto” como un método de entender el pasado desde su lógica.  La narración en primera persona se convierte en una manera de llegar a saber la “verdad” sobre el pasado.  Sin embargo, Sarlo cuestiona la idea que se puede entender el pasado y sugiere que cualquier declaración de  “verdad” histórica es una imposición hegemónica de una re-presentación del pasado.  Por otra parte, Sarlo está conciente de que su crítica de la primera persona se podría tomar como un cuestionamiento al testimonio como un instrumento jurídico y, por eso, aclara que no se trata de cuestionar el testimonio en sí, sino de reconocer los privilegios que se le otorga a este género.  Sarlo llama a la comunidad intelectual a examinar críticamente al testimonio como un discurso retórico e invita la reflexión sobre por qué no se trata al testimonio con la misma mirada crítica que se aplica a otros discursos históricos.

Desde el punto de vista de Sarlo el testimonio es una ficción en primera persona; “no hay verdad sino una máscara que dice decir la verdad” (39).  Pero además, y junto con ello, Sarlo arguye que el testimonio es ilusorio porque no existe un sujeto externo al texto.  El testimonio pide la confianza ciega del lector y su autoridad para contar “la verdad” se sostiene en el pacto entre el autor y el lector que afirma que lo que se narra es “la verdad” y que hay una vida como referencia externa al texto.

Por otra parte, Sarlo retoma los bases filosóficos de críticos como Jacques Derrida y Giorgio Agamben sobre la imposibilidad del testimonio autobiográfico.  Para Derrida por ejemplo, el testimonio siempre busca persuadir al lector.  La narración se organiza con la intención retórica de persuadir y no con la intención de reconstruir fielmente al pasado.  Por su parte Giorgio Agamben pregunta hasta qué punto el testigo puede contar la “verdad” puesto que el testimonio es el habla de un sobreviviente que habla por las víctimas absolutas del Holocausto que no tienen voz para dar sus propios testimonios.

Una vez establecida su desconfianza por la narración en primera persona, Sarlo propone otras maneras de trabajar la experiencia como el ensayo, la biografía y la literatura que no se sostienen en la petición de la verdad del testimonio personal.  Estas serían aproximaciones al pasado desde afuera de la experiencia, “como si los humanos pudieran apoderarse de la pesadilla y no sólo padecerla” (166).  Casi al final del libro Sarlo retoma la idea de Susan Sontag sobre la importancia de entender el pasado; plantea la literatura como una manera de imaginar y de entender una “verdad” histórica que ya no se puede “recordar”.

Con todo, el texto de Sarlo es audaz y polémico en su manera de enfrentarse con la hegemonía moral del testimonio.  El mayor aporte de Tiempo pasado cultura de la memoria y giro subjetivo: Una discusión es que llama a la comunidad intelectual a examinar los privilegios que le otorgan al testimonio, es decir, la confianza que se da a estos textos por el simple hecho de ser narraciones en primera persona.  Por otra parte, Sarlo plantea que la literatura puede ser otra ventana al pasado que se suele pasar por alto porque  no pretende ser otra cosa que una ficción subjetiva.  Sin embargo, Sarlo arguye que toda historia es ficción sujetiva y que la literatura puede ser una manera de llegar a entender el pasado.  En fin, Sarlo despierta a los historiadores y a los críticos culturales de unas décadas de irreflexión sobre la experiencia personal como argumento de verdad.


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