Monday, April 21, 2014

La Pirata Cartonera Editorial Needs Your Help

Jonathan Osmin Velasquez leads a non-profit editorial based in El Salvador called 
La Pirata Cartonera
Jonathan Osmin Velasquez leads a book making workshop

La Pirata Cartonera publishes the work of authors often excluded or marginalized by big name editorials.  They democratize literacy by producing low–cost books and making them available to people with few resources. 
La Pirata's books on display

La Pirata Cartonera organizes book-making workshops that involve the community in producing books from cardboard.  Through their workshops La Pirata Cartonera also helps to break down economic barriers that tend to keep children from early reading experiences.

Participants in a recent La Pirata book-making workshop

La Pirata recently sustained damage to their laptop which has slowed their ability to edit and produce books. Would you like to collaborate with La Pirata Cartonera editorial by donating a used, but good condition laptop to El Salvador?  If you have a used laptop that is collecting dust in your home that you can donate, we would love to put it to work producing books at La Pirata Cartonera
Please contact me by commenting below or at this email if you can help: egalindo@wisc.edu

La Pirata's editing set-up and damaged laptop

Damaged laptop close-up

Once we have a laptop to send we can ship it or find someone traveling to the area to deliver the laptop to La Pirata Cartonera.  Another way to help is by sharing this information and spreading the word.  Thank you!

Friday, April 18, 2014

It's Friday which means I have survived another #tbt...

University of Wisconsin c. 1922 #tbt All these women standing where we stand today are dead now.  Memento mori.
It's Friday which means I have survived another #tbt.  It's curious how people limit nostalgia on social media to a single photograph with a lighthearted caption like "#tbt with the ladies" or "tbt with Dad" when they should be screaming #tbt as if it were REDRUM..."#TBT We're all going to die!!  This old picture is proof!!"

Also, I admit that I don't know the #tbt rules.  Is every week #tbt, or only certain Thursdays?

I hate old photos.  I mean, I really hate and avoid them.  I take pictures, but then I archive them online or in a photo album that I only ever look at when forced by a random school timeline project or when cornered for some unusual reason.

Actually, there are some old pictures that I take and live with on a daily basis but these never get put away, there is no "throw-back" because they are always present.  Mostly, old photos remind me that those days and people are gone and that time is passing too quickly and I can't help but think that this #tbt image of ourselves will outlive us whether we print it out or just leave it as a .jpg trace.

Nostalgia is like quick-sand for me; never as simple as uploading a photo and then moving on. Throwing back requires at least a three hour block of time and each episode leaves its trace for weeks.

I get nostalgic about things that didn't even happen to me; for poetry and music that wasn't even a part of my own generation and so I am careful with #tbt images.  Looking at someone else's "good old days" can open a Pandora's box.

I realize that maybe the #tbt culture is onto something with their quick and lighthearted glances back. They're right on some level to limit the nostalgia to a furtive upload on a given Thursday.  They're also right to focus the other six days on the immediate present.  How can we ever have another "good old day" again if we are constantly living 5, 10 or 20 years ago? What if there is something new out there?  Another good day waiting for us to be present enough to embrace and explore it?

So while I still don't buy into the flippancy and levity of #tbt...I'm opening to the idea of possibly consolidating nostalgia so that we can be more fully present for our lives.



Tuesday, April 8, 2014

¿Qué hace que un libro sea malo? El curandero de amor de Washington Cucurto

Anoche empecé a leer El curandero de amor (2006) de Washington Cucurto.  Traté de hallarle la gracia por las primeras cuarenta páginas, pero allí por la página 43 me di por vencida.  Sin embargo como me toca discutir el texto en un seminario esta semana no hay remedio aparte de leer las 200 páginas que ejemplifican, para mí, la mala escritura.  Voy por casi la mitad y para descansar un poco me he quedado frente el laptop pensando, ¿Qué es lo que hace que un libro sea malo?

Hay algo dentro de mí que quisiera poder creer que la mala escritura no existe y que toda lectura es constructiva como cada cual tiene sus propios gustos.  Tampoco pretendo ir más allá del terreno subjetivo en esta crítica; puede que el libro ni sea tan malo y a lo mejor la deficiencia es mía.  Puede que no exista la mala literatura, sólo los lectores perezosos, elitistas, impacientes, y mal acostumbrados.  En fin, por algo, Planeta Emecé lo decidió publicar y no es por gusto que haya terminado en la lista de lecturas obligatorias del seminario graduado.  Sin embargo, y a pesar de todas estas admisiones, insisto en que El curandero de amor gana un lugar propio entre las peores novelas que jamás he leído.  El ambiente desespera, el protagonista es despreciable, las representaciones de los personajes femeninos son misóginos y además no convencen, la temática es monótona y trivial, y el autor parece aferrarse a lo tabú para ver si así logra medio mantener la atención del lector.

La crítica más optimista ve en El curandero de amor un libro avante garde que interrumpe la hegemonía estética de la cultural elitista.  Arguyen que Cucurto representa a seres marginales de una forma más democrática a la que solemos encontrar en las novelas.  Sobre todo la crítica enfatiza que no podemos separar a Cucurto y su actividad social de su escritura; que sólo tomando en cuenta quién es el autor como cartonero (en Eloísa Cartonera) podemos llegar a entender el rechazo del consenso cultural que presenta su ficción.  Pero, ¿Cómo le vamos a dar carte blanche a la obra de Cucurto simplemente porque acordamos con su política personal?  Me encanta Eloísa Cartonera como un proyecto social y literario, y aun así, este libro no me encanta, para nada.

En La muerte del autor Roland Barthes arguye en contra de la lectura y la crítica de un texto que se basa en la identidad del autor.  Según Barthes no podemos sustentar nuestras interpretaciones de un texto en las opiniones políticas del autor, ni en su contexto social, ni en su raza, ni en su edad, ni en cualquier otra característica personal.  Si la identidad del autor sirve para evaluar la calidad del texto, ¿No estamos frente otra forma de tiranía estética?  Si no nos gusta el texto nos tildan de burgueses elitistas.  Y de ahí me preguntó si El curandero de amor se publicó no por su calidad literaria sino por la identidad del autor.  ¿Si yo presentara este libro a un editorial, me lo publicarían?  ¿Y eso es “democrático"?
   
Se habla bastante de la literatura que llama la atención por ser buena, pero casi nunca de los libros que llaman la atención por ser malos, así que, en tu opinión ¿Existe la mala literatura? ¿Qué hace que un libro sea malo?

Thursday, April 3, 2014

La “nueva” escritura salvadoreña

Luis Cornejo Steph 2012, Museo MARTE San Salvador, El Salvador
¿Cómo podemos conceptualizar la relación entre las generaciones literarias salvadoreñas a partir de la firma de los acuerdos de paz en 1992?  

En Los prisioneros de la torre (2011) Elsa Drucaroff reflexiona sobre cómo la escritura generacional imprime las huellas del tiempo histórico y de las condiciones socio-políticas.  No se trata de imponer una definición rígida y cerrada a la literatura sino de identificar, en un sentido amplio, “cierta entonación, de ciertos procedimientos y manchas temáticas tendencialmente recurrentes”.  Drucaroff previene contra la fetichización de la “nueva” escritura puesto que esta no se basa en la innovación sin antecedente alguno sino en lo “nuevo” como una reformulación de lo anterior.  Es decir, lo “nuevo” no suplanta lo anterior sino que carga con el peso de la historia.

Drucaroff trae a colación el modelo generacional de Ortega y Gasset.  Ortega propone la coexistencia de dos generaciones que negocian la representación de la realidad social; una generación emergente formada por personas entre los treinta y los cuarenta y cinco años de edad y otra generación, en su pleno predominio, formada de personas entre los cuarenta y cinco y sesenta años de edad.  Pensando en el contexto literario salvadoreño, las dos generaciones vitales y activas hoy en día, según la fórmula de Ortega, serían los escritores nacidos entre 1954 y 1969 y los escritores nacidos entre 1970 y 1984.  El marco de la generación anterior entonces incorpora a escritores como Miguel Huezo Mixco (1954), Jacinta Escudos (1961), Roger Lindo (1955), Horacio Castellanos Moya (1957), y Carmen González Huguet (1958), por mencionar sólo a algunos.  La generación emergente incluye a autores y poetas como Claudia Hernández (1975), Krisma Mancía (1980) y Jorge Galán (1973).  Sin embargo la receta casi matemática de Ortega es problemática desde un principio por la sobrestimación del significado de la edad biológica.  Con esto excluye a los menores de treinta años y a los mayores de sesenta años y no toma en cuenta que la juventud y la vejez son construcciones sociales que van cambiando.  Esto nos presenta con uno de los límites más tajantes de la receta de Ortega y Gasset; en el contexto salvadoreño este modelo sugiere que escritores como Claribel Alegría (1924), Manlio Argueta (1935), Roque Dalton(1935), y David Escobar Galindo (1943) ya no intervienen en la representación cultural del país y que los escritores jóvenes como Miroslava Rosales (1985), Vladimir Amaya (1985) y Mario Zetino (1985) todavía no tienen voz en esta.

Con todo, la receta de Ortega y Gasset excluye a una gran parte de los escritores que siguen siendo pilares culturales y a otros que, a pesar de su temprana edad, ya se han destacado como voces culturales de sustancia.  A pesar de las claras limitaciones de Ortega es interesante considerar el modelo de múltiples generaciones activas que negocian la representación cultural.  Elsa Drucaroff examina la tensión de una generación que emerge sobre las traumas, traiciones y obsesiones de una generación mayor y arguye que es difícil que la generación “nueva” penetre en el campo cultural establecido por una generación anterior.  De ahí viene el título del libro de Drucaroff, Los prisioneros de la torre; la nueva generación de escritores tiene una voz cultural siempre y cuando hacen eco de los temas que propone la generación anterior.  En su opinión, ¿Cómo se relacionan las generaciones literarias salvadoreñas?

WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...