Ramona: Un cortometraje sobre la vida "moderna" (corto completo)


¿Qué harías si un día una señora de tercera edad se instalara en su apartamento?  ¿Le hablarías?  A ver.  Ramona (2011) de Juan Cavestany es un cortometraje español de 14 minutos (14:34) de duración que abre con el texto, “Una historia basada en hechos reales”.  Esta frase inmediatamente sugiere que Ramona responde a un fenómeno que sucede en la sociedad actual.  El cortometraje cuenta la historia de Ramona Espinosilla, una señora de tercera edad, que regresa a Madrid de unas vacaciones en Teruel, Aragón y se instala en el apartamento de un matrimonio que no conoce.  Los tres viven juntos en el apartamento sin hablarse por cuatro meses.  La degradación de la vida social que critica Guy Debord en La sociedad del espectáculo se nota en la indiferencia, la actitud irreflexiva, y la pasividad de los tres personajes de Ramona ante la vida cotidiana.

video

La cámara sigue a Ramona mientras jala su maleta por la ciudad; de la estación de autobuses a un bloque residencial.  Parece desorientada por el viaje, pero uno se da cuenta de que simplemente deambula por la ciudad sin pensar.  Entra en el bloque residencial y toma el ascensor hasta cierto piso, sale y se sienta en el suelo recostándose contra una pared en el pasillo como si se le hubiera extraviado la llave, pero ninguno de los apartamentos es de Ramona.  Después de un largo rato, Julián Ramírez, uno de los habitantes, sale para botar la basura y Ramona entra en su apartamento.  En la sala de estar pasa detrás de Carmen Sagarzazu, la ama de casa, que está soñolienta frente la televisión.  Ramona pasa inadvertida y se acomoda en uno de los dormitorios mientras el murmullo de la televisión se oye de fondo.  Julián regresa de sacar la basura y se sienta frente la televisión con Carmen.  Oyen a Ramona cerrar una puerta y Carmen voltea a ver.  “Qué pasa?” pregunta Julián sin prestar mucha atención.  Su mujer le responde, distraída por la televisión, “No, nada.”  Y así nace el simulacro de que “nada pasa” ante una situación absurda que se desarrolla en el corto.

En Ramona hay una fuerte crítica del concepto del espectáculo que fabrican los medios de comunicación y la pasividad del ser humano ante el espectáculo.  La televisión prendida es una presencia constante en el apartamento.  Los tres personajes andan por el apartamento medio oscuro como zombis que sólo se reúnen ante la luz hipnótica del televisor.  Los tres se sientan pasivamente frente la televisión absorbiendo imágenes que “normalizan” la precariedad, la inmigración, y la crisis económica en España.  Mientras miran televisión Julián y Carmen observan a Ramona, se ven perturbados por su presencia, pero no responden. No le dicen nada a ella ni comentan su presencia entre sí.

El hecho que la pareja no puede responder a la presencia de un desconocido en su casa se puede interpretar como una crítica de la profunda alienación de la sociedad moderna.  Durante las semanas que siguen el matrimonio apenas cruza un par de palabras: Carmen pregunta, “Te das cuenta de que hay una señora viviendo en casa?” y Julián responde volteándose en la cama, “No quiero hablar de eso ahora, déjame dormir.”  En otra escena Ramona y Carmen se encuentran haciendo compras en el supermercado y en vez de reconocerse, se evitan.  La música de terror extradiegética al fondo de la escena ilustra el desencuentro de las mujeres para quienes la eventualidad de tener que hablarse inspira pánico.

Cuando una reportera entrevista al matrimonio sobre el hecho de que una desconocida ha vivido con ellos durante cuatro meses, Carmen se ve aliviada y Julián reflexiona mientras contesta las preguntas la reportera.  Se deja ver que Julián y Carmen no son incapaces de reflexionar y de actuar ante la situación, pero necesitan la arbitración de los medios de comunicación para poder activarse.  Cuando la reportera les pregunta cómo ha sido convivir con un desconocido, Julián admite por primera vez,”Pues, ha sido bastante extraño.”  A Ramona le pregunta la reportera por qué no se fue a su propia casa.  Ramona responde: “Lo que pasa es que en ese momento yo no me daba cuenta.”  Ahora, con la presencia de los medios de comunicación, Ramona reconoce su error.

Una condición de el espectador más interactivo es que hay menos distinción entre el espectador y el objeto de consumo, en este caso los medios de comunicación.  Esta implosión es lo que se deja ver en Ramona cuando los personajes parecen necesitar la arbitración de los medios de comunicación para poder evaluar la situación y ejercer su voluntad.  Los tres se dan cuenta de que la situación en que se encuentran no es “normal” cuando reacciona la prensa como si los medios de comunicación autorizan los pensamientos de los personajes.  Como se ha señalado, la participación del espectador en el espectáculo borra la distinción entre la consciencia humana y el espectáculo.

A pesar del fuerte dominio del espectáculo en las vidas de los personajes, hay momentos en que ejercen su propia agencia.  Ramona le explica a la reportera cómo terminó todo de una forma muy normal: Julián le pregunta qué hace ella aquí y Ramona le responde, “No lo sé.”  Es el primer momento en que se hablan y la comunicación parece romper el encanto del espectáculo.  Al final del corto, Ramona usa su agencia para frenar la incursión de los medios de comunicación en su vida personal: “Y por favor, eso sí, pido que se respete mi intimidad,” dice justo antes de cerrar la puerta de su propia casa dejando afuera la reportera y las cámaras.