Friday, March 28, 2014

Apuntes de lectura sobre 'Las cárceles clandestinas de Ana Guadalupe Martínez'


Este es un testimonio de 456 páginas y de 43 capítulos y un epilogo.  El libro circula en la clandestinidad antes de ser publicado por la UCA en 1992.  La circulación clandestina ayuda a entender la función del libro como una reflexión sobre el encarcelamiento, la colaboración y el secuestro de Poma.  Todavía están en un momento de guerra y revolución y es una reflexión crítica cuya meta es didáctica para que sus compañeros aprendan de lo que le sucedió en la cárcel.

La primera parte de testimonio narra la captura de Ana Guadalupe Martínez y luego describe el tiempo en las cárceles clandestinas de la Policía Nacional de San Salvador.  Las primeras cien páginas se dedican a describir el ambiente de inseguridad y las condiciones miserables de los militantes en las cárceles clandestinas.  El tono a lo largo del libro es militante, no pierde la esperanza en la vía armada, incluso diría que su experiencia fortalece su compromiso con la vía armada.  Dice, por ejemplo, que entiende la necesidad de armarse cuando la secuestran y se siente incapaz de protegerse (27).  Algo que me sorprende es que cae por la traición y colaboración de uno de sus compañeros; la entrega Juan José Yánez (Valle).  Esta tensión del asunto de la colaboración está presente a lo largo del libro.

En la primera parte, Ana Guadalupe se preocupa por las técnicas que tienen la policía nacional para obtener información porque se da cuenta de que saben información muy detallada del ERP y toda esta información tienen que haberla sacado de militantes torturados.  Describe por lo menos una sesión de tortura eléctrica que le dan, pero también describe medicamentos que deprimen la corteza cerebral que dan para que la gente colabore como, por ejemplo, el pentotal y el suero de la verdad (46).  Más adelante cuenta que el suero de la verdad es sumamente dañino y describe un hombre desgastado por cinco administraciones del suero.  La violación y el acoso sexual son otras formas de tortura que describe y dice que esto es una amenaza constante para las mujeres encarceladas.  Describe por lo menos una violación.  En las sesiones de interrogación les preguntan información acerca de la organización del grupo y también sobre los secuestros de gente de la oligarquía.  Preguntan por ejemplo si Ana Guadalupe participa en el secuestro de Escobar Vides (62).  El capítulo cinco se enfoca en las salidas y en la incertidumbre de no saber a dónde la llevan.  Era parte de la tortura psíquica para ablandar y hacer que colaboraran.  Algo interesante que noto es que hay algo performático de la tortura y del encarcelamiento.  Por ejemplo, Castillo siempre se hace el bueno y la llevan cuando él no está a otro lugar para que la torturen.  Luego, el dice que no autorizó la tortura(116)  Otras de las guardias le dicen que la llevan a ciertos lugares o la asustan pero todo es parte del drama.  Muchas veces no pasa a más.  Sin embargo, el efecto es que ablanda la resistencia psíquica de los encarcelados.

En términos de la retórica de esta parte creo que hay cierta explicación de por qué es que la gente colabora en las cárceles.  Ana Guadalupe siempre condena la colaboración, pero creo que nos explica la lógica de la colaboración y que es sumamente difícil no colaborar sobre todo porque ella está allí por seis meses.  Luego llega el momento en que ella misma colabora y da información que considera que es menos importante, pero aún así es una clara instancia de colaboración en que da la dirección de una casa en San Miguel considerado que los compañeros habían tenido el tiempo suficiente para dejar el lugar (112).  Más adelante sabemos que ella se critica fuertemente por esta colaboración mínima y parte de la razón que da por escribir su testimonio es aportar algo al ERP para que puedan reflexionar y mejorar el entrenamiento de los militantes.  “Mi libro es para que los jóvenes revolucionarios sean mejores de lo que yo fui”.  Narra los momentos de debilidad de ella y Marcelo (350-1).  Ella dice que deben de preparar los militantes para el detenimiento como si fuera una segunda etapa, sólo que individual, de la lucha armada.  Lo que noto es que la colaboración es un asunto muy ambiguo en el testimonio.  Por una parte  el testimonio de Ana Guadalupe explica, como mencioné, que la colaboración es común y que es casi imposible no colaborar.  Sin embargo, al final (en el capítulo 40 “si llegaras a caer preso, camarada”) recalca los estándares bolcheviques de disciplina indoblegable del ERP de no colaborar para nada (117) (129).

Otro asunto interesante es que las guardias se valen de los conflictos internos de la izquierda FPL ERP (172-173).  Ana Guadalupe también describe la división de la derecha; entre los oligarcas y los burgueses sobre asuntos como la reforma agraria.  También narra la captura de Lil Milagros; el ERP no la pide cuando piden a Ana Guadalupe porque supuestamente no sabían que estaba presa porque era del RN.

Hay una parte en que ella describe lo que Roberto Poma dijo en sus últimos días y me pareció chocante lo muy poco ético de esta parte del testimonio.  Me sorprende el tono del testimonio cuando capturan a Poma.  Hay un desprecio total hacia Ricardo Poma, que llega como parte de la negociación para liberar a su hermano, y Martínez hasta describe como las guardias se alían en contra de los Poma.  Por otra parte, no me parece para nada ético la manera en que Ana Guadalupe Martínez utiliza los testimonios de los otros guerrilleros para hablar por Roberto Poma. La manera en que lo representan es como si fuera un gigante vencido que ofrece hasta su mujer y sus hijos para sustituirlo (452).  Por otra parte recalcan la idea de culpar la víctima de una manera tan ofensiva.  Le dicen a Roberto Poma que si él no hubiera luchado estaría sano; es su culpa si está herido y dicen que Roberto Poma lo reconoció y lo aceptó, pero a mi parecer este razonamiento no tiene lógica, no tiene sentido.  Es como si a una mujer le pegan y luego la culpan a ella por las heridas por no dejarse vencer sin menos lucha (452).  Como parte de la reflexión Martínez dice que mejor hubieran traído algún calmante para administrarle a Poma para dominarlo para evitar la lucha que se dio en el Minivan.

En fin, me da mucha pena leer este testimonio porque me da pocas esperanzas de que en algún momento pueda haber reconciliación en el país.  Para mi ambos son culpables de igual forma.  No estoy de acuerdo con la vía armada de la izquierda ni con la represión de la derecha.  Cárceles clandestinas habían en los dos campos como vemos aquí con el caso de Ana Guadalupe Martínez que estaba en las cárceles clandestinas de la Policía Nacional, pero Roberto Poma también terminó en una cárcel clandestina alquilada de Los Planes de Renderos donde murió de las heridas que sostuvo en su secuestro.  Quizás lo mejor de este testimonio es que no resuelve nada para mí, me deja con una ambigüedad dolorosa.

Apuntes sueltos:
En el capítulo 41 ella pone una mapa de la Policía Nacional y lo busqué en google maps y veo que todavía está en el mismo lugar.  Esto es interesante si pensamos en cómo otros países han convertido estos lugares en espacios de memoria.

Al final menciona que le escribe una carta a la mamá de Poma para darle a saber cómo fue la muerte y que no fue su intención que se muriera

Menciona a I. Ellacuría en el epilogo

Wednesday, March 26, 2014

Ramona: Un cortometraje sobre la vida "moderna" (corto completo)


¿Qué harías si un día una señora de tercera edad se instalara en su apartamento?  ¿Le hablarías?  A ver.  Ramona (2011) de Juan Cavestany es un cortometraje español de 14 minutos (14:34) de duración que abre con el texto, “Una historia basada en hechos reales”.  Esta frase inmediatamente sugiere que Ramona responde a un fenómeno que sucede en la sociedad actual.  El cortometraje cuenta la historia de Ramona Espinosilla, una señora de tercera edad, que regresa a Madrid de unas vacaciones en Teruel, Aragón y se instala en el apartamento de un matrimonio que no conoce.  Los tres viven juntos en el apartamento sin hablarse por cuatro meses.  La degradación de la vida social que critica Guy Debord en La sociedad del espectáculo se nota en la indiferencia, la actitud irreflexiva, y la pasividad de los tres personajes de Ramona ante la vida cotidiana.

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La cámara sigue a Ramona mientras jala su maleta por la ciudad; de la estación de autobuses a un bloque residencial.  Parece desorientada por el viaje, pero uno se da cuenta de que simplemente deambula por la ciudad sin pensar.  Entra en el bloque residencial y toma el ascensor hasta cierto piso, sale y se sienta en el suelo recostándose contra una pared en el pasillo como si se le hubiera extraviado la llave, pero ninguno de los apartamentos es de Ramona.  Después de un largo rato, Julián Ramírez, uno de los habitantes, sale para botar la basura y Ramona entra en su apartamento.  En la sala de estar pasa detrás de Carmen Sagarzazu, la ama de casa, que está soñolienta frente la televisión.  Ramona pasa inadvertida y se acomoda en uno de los dormitorios mientras el murmullo de la televisión se oye de fondo.  Julián regresa de sacar la basura y se sienta frente la televisión con Carmen.  Oyen a Ramona cerrar una puerta y Carmen voltea a ver.  “Qué pasa?” pregunta Julián sin prestar mucha atención.  Su mujer le responde, distraída por la televisión, “No, nada.”  Y así nace el simulacro de que “nada pasa” ante una situación absurda que se desarrolla en el corto.

En Ramona hay una fuerte crítica del concepto del espectáculo que fabrican los medios de comunicación y la pasividad del ser humano ante el espectáculo.  La televisión prendida es una presencia constante en el apartamento.  Los tres personajes andan por el apartamento medio oscuro como zombis que sólo se reúnen ante la luz hipnótica del televisor.  Los tres se sientan pasivamente frente la televisión absorbiendo imágenes que “normalizan” la precariedad, la inmigración, y la crisis económica en España.  Mientras miran televisión Julián y Carmen observan a Ramona, se ven perturbados por su presencia, pero no responden. No le dicen nada a ella ni comentan su presencia entre sí.

El hecho que la pareja no puede responder a la presencia de un desconocido en su casa se puede interpretar como una crítica de la profunda alienación de la sociedad moderna.  Durante las semanas que siguen el matrimonio apenas cruza un par de palabras: Carmen pregunta, “Te das cuenta de que hay una señora viviendo en casa?” y Julián responde volteándose en la cama, “No quiero hablar de eso ahora, déjame dormir.”  En otra escena Ramona y Carmen se encuentran haciendo compras en el supermercado y en vez de reconocerse, se evitan.  La música de terror extradiegética al fondo de la escena ilustra el desencuentro de las mujeres para quienes la eventualidad de tener que hablarse inspira pánico.

Cuando una reportera entrevista al matrimonio sobre el hecho de que una desconocida ha vivido con ellos durante cuatro meses, Carmen se ve aliviada y Julián reflexiona mientras contesta las preguntas la reportera.  Se deja ver que Julián y Carmen no son incapaces de reflexionar y de actuar ante la situación, pero necesitan la arbitración de los medios de comunicación para poder activarse.  Cuando la reportera les pregunta cómo ha sido convivir con un desconocido, Julián admite por primera vez,”Pues, ha sido bastante extraño.”  A Ramona le pregunta la reportera por qué no se fue a su propia casa.  Ramona responde: “Lo que pasa es que en ese momento yo no me daba cuenta.”  Ahora, con la presencia de los medios de comunicación, Ramona reconoce su error.

Una condición de el espectador más interactivo es que hay menos distinción entre el espectador y el objeto de consumo, en este caso los medios de comunicación.  Esta implosión es lo que se deja ver en Ramona cuando los personajes parecen necesitar la arbitración de los medios de comunicación para poder evaluar la situación y ejercer su voluntad.  Los tres se dan cuenta de que la situación en que se encuentran no es “normal” cuando reacciona la prensa como si los medios de comunicación autorizan los pensamientos de los personajes.  Como se ha señalado, la participación del espectador en el espectáculo borra la distinción entre la consciencia humana y el espectáculo.

A pesar del fuerte dominio del espectáculo en las vidas de los personajes, hay momentos en que ejercen su propia agencia.  Ramona le explica a la reportera cómo terminó todo de una forma muy normal: Julián le pregunta qué hace ella aquí y Ramona le responde, “No lo sé.”  Es el primer momento en que se hablan y la comunicación parece romper el encanto del espectáculo.  Al final del corto, Ramona usa su agencia para frenar la incursión de los medios de comunicación en su vida personal: “Y por favor, eso sí, pido que se respete mi intimidad,” dice justo antes de cerrar la puerta de su propia casa dejando afuera la reportera y las cámaras.


Wednesday, March 19, 2014

La carta bomba de Óscar del Barco: sobre la memoria en Argentina

En la hegemonía moral de la memoria, ¿Existen guerrilleros poeta-mártires “buenos” que pueden asesinar y militares “malos” que no pueden asesinar?

El debate argentino conocido como “No matarás” estalla en 2005 con la carta bomba de Óscar del Barco (adjuntada abajo).  En una carta abierta el filósofo Oscar del Barco sostiene que todos los que simpatizaron o participaron directa o indirectamente con la izquierda armada de los 60 y 70 "somos responsables" de las muertes cometidas en hacer la revolución.  Oscar del Barco se conmueve a publicar su carta abierta en Revista La Intemperie al leer el testimonio de Héctor Jouvé, un ex integrante del Ejército Guerrillero del Pueblo [EGP].  En su testimonio Jouvé relata el fusilamiento de dos jóvenes militantes, Adolfo "Pupi" Rotblat y Bernardo Groswald, en Salta en 1964 por los altos dirigentes del EGP.  "Somos responsables de esos asesinatos" escribe del Barco, retomando el tono confesional del testimonio de Héctor Jouvé.  Oscar del Barco fundamenta su argumento sobre la responsabilidad de la izquierda en el mandato cristiano “No matarás” y hace una equivalencia entre las vidas de todos los seres humanos haciéndose eco del discurso de la declaración universal de derechos humanos. “Los otros mataban, pero los ‘nuestros’ también mataban. Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo”.  En este sentido, el argumento de Oscar del Barco se aproxima a la teoría de los dos demonios que desde los primeros años de la transición democrática intenta atribuir la responsabilidad por las violaciones de los derechos humanos tanto a las fuerzas armadas como a la guerrilla.  Los distintos grupos de izquierda reaccionan a la teoría de los dos demonios con señalar la abismal diferencia entre los crímenes perpetrados por el estado y otros tipos de acciones armadas organizadas por grupos de militantes.  Por lo tanto el trabajo de investigación y de denuncia se ha concentrado en el terrorismo estatal mientras que las acciones armadas de la izquierda han pasado a un segundo plano.

Del Barco reconoce que hay quienes dirán que está haciendo eco al razonamiento de la derecha, pero arguye que ese argumento retórico es una manera de tapar lo que pasó; es ilógico que existan guerrilleros poeta-mártires “buenos” que pueden asesinar y militares “malos” que no pueden asesinar. De ahí, del Barco plantea que los movimientos revolucionarios produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Romania, China, Corea, Cuba, etc.  y los llamados “revolucionarios” se convierten en asesinos seriales, desde Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Fidel Castro, y Ernesto Guevara.  “Los otros mataban pero los nuestros también mataban.”  Óscar del Barco también cuestiona cómo se puede construir una nueva sociedad sobre los campos de exterminio.  En vez de tapar el pasado, del Barco insiste en que hay que hacer un acto de constricción y pedir perdón.

La Carta de Óscar del Barco (2005)

Señor Sergio Schmucler (de la Revista cordobesa Intemperie):

Al leer la entrevista con Héctor Jouvé, cuya transcripción ustedes publican en los dos últimos números de La Intemperie, sentí algo que me conmovió, como si no hubiera transcurrido el tiempo, haciéndome tomar conciencia (muy tarde, es cierto) de la gravedad trágica de lo ocurrido durante la breve experiencia del movimiento que se autodenominó “ejército guerrillero del pueblo”. Al leer como Jouvé relata suscinta y claramente el asesinato de Adolfo-Rotblat (al que llamaban Pupi) y de Bernardo Groswald, tuve la sensación de que habían matado a mi hijo y que quien lloraba preguntando por qué, cómo y dónde lo habían matado, era yo mismo. En ese momento me di cuenta clara de que yo, por haber apoyado las actividades de ese grupo, era tan responsable como los que lo había asesinado. Pero no se trata sólo de asumirme como responsable en general sino de asumirme como responsable de un asesinato de dos seres humanos que tienen nombre y apellido: todo ese grupo y todos los que de alguna manera lo apoyamos, ya sea desde dentro o desde fuera, somos responsables del asesinato del Pupi y de Bernardo.

Ningún justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano. Responsabilidad antes los seres queridos, responsabilidad sin sentido y sin concepto ante lo que titubeantes podríamos llamar “absolutamente otro”. Más allá de todo y de todos, incluso hasta de un posible dios, hay el no matarás. Frente a una sociedad que asesina a millones de seres humanos mediante guerras, genocidios, hambrunas, enfermedades y toda clase de suplicios, en el fondo de cada uno se oye débil o imperioso el no matarás. Un mandato que viene de afuera, desde otra parte, sino que constituye nuestra inconcebible e inaudita inmanencia.

Este reconocimiento me lleva a plantear otras consecuencias que no son menos graves: a reconocer que todos los que de alguna manera simpatizamos o participamos, directa o indirectamente, en el movimiento Montoneros, en el ERP, en la FAR o en cualquier otra organización armada, somos responsables de sus acciones. Repito, no existe ningún “ideal” que justifique la muerte de un hombre, ya sea del general Aramburu, de un militante o de un policía. El principio que funda toda comunidad es el no matarás. No matarás al hombre porque todo hombre es sagrado y cada hombre es todos los hombres. La maldad, como dice Levitas, consiste en excluirse de las consecuencias de los razonamientos, el decir una cosa y hacer otra, el apoyar la muerte de los hijos de otros y levantar el no matarás cuando se trata de nuestros propios hijos.

En este sentido podría reconsiderarse la llamada teoría de los “dos demonios”, si por “demonio” entendemos al que mata, al que tortura, al que hace sufrir intencionalmente. Si no existen “buenos” que sí pueden asesinar y “malos” que no pueden asesinar, ¿en qué se funda el presunto “derecho” a matar? ¿Qué diferencia hay entre Santucho, Firmenich, Quieto y Galimberti, por una parte, y Menéndez, Videla o Massera, por la otra? Si uno mata el otro también mata. Esta es la lógica criminal de la violencia. Siempre los asesinos, tanto de un lado como del otro, se declaran justos, buenos y salvadores. Pero si no se debe matar y se mata, el que mata es un asesino, el que participa es un asesino, el que apoya aunque sólo sea con su simpatía, es un asesino. Y mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente.

Más aún. Creo que parte del fracaso de los movimientos “revolucionarios” que produjeron cientos de millones de muertos en Rusia, Rumania, Yugoeslavia, China, Corea, Cuba etc., se debió principalmente al crimen. Los llamados revolucionarios se convirtieron en asesinos seriales, desde Lenin, Trotzky, Stalin y Mao, hasta Fidel Castro y Ernesto Guevara. No sé si es posible construir una nueva sociedad pero sé que no es posible construirla sobre el crimen y los campos de exterminio. Por eso las “revoluciones” fracasaron y al ideal de una sociedad libre lo ahogaron en sangre. Es cierto que el capitalismo, como dijo Marx, desde su nacimiento chorrea sangre por todos los poros. Lo que ahora sabemos es que también al menos ese “comunismo” nació y se hundió chorreando sangre por todos sus poros.

Al decir esto no pretendo justificar nada ni decir que todo es lo mismo. El asesinato, lo haga quien lo haga, es siempre lo mismo. Lo que no e lo mismo es la muerte ocasionada por la tortura, el dolor intencional, la sevicia. Estas son formas de maldad suprema e incomparable. Sé, por otra parte, que el principio de no matar, así como el de amar al prójimo, son principios imposibles. Sé que la historia es en gran parte historia de dolor y muerte. Pero también sé que sostener ese principio imposible es lo único posible. Sin él no podría existir la sociedad humana. Asumir lo imposible como posible es sostener lo absoluto de cada hombre, desde el primero al último.

Aunque pueda sonar a extemporáneo corresponde hacer un acto de contrición y pedir perdón. El camino no es el de “tapar” como dice Juan Gelman, porque eso -agrega- “es un cáncer que late constantemente debajo de la memoria cívica e impide construir de modo sano”. Es cierto. Pero para comenzar él mismo (que padece el dolor insondable de tener un hijo muerto, el cual, debemos reconocerlo, también se preparaba para matar) tiene que abandonar su postura de poeta-mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Su responsabilidad fue directa en el asesinato de policías y militares, e incluso de algunos militantes montoneros que fueron “condenados” a muerte. Debe confesar esos crímenes y pedir perdón por lo menos a la sociedad. No un perdón verbal sino el perdón real que implica la supresión de uno mismo. Es hora, como él dice, de que digamos la verdad. Pero no sólo la verdad de los otros sino ante todo la verdad “nuestra”. Según él pareciera que los únicos asesinos fueron los militares, y no el EGP, el ERP y los Montoneros. ¿Por qué se excluye y nos excluye, no se da cuenta de que así “tapa” la realidad?

Gelman y yo fuimos partidarios del comunismo ruso, después del chino, después del cubano, y como tal callamos el exterminio de millones de seres humanos que murieron en los diversos gulags del mal llamado “socialismo real”. ¿No sabíamos? El no saber, el hecho de creer, de tener una presunta buena fe o buena conciencia, no es un argumento, o es un argumento bastardo. No sabíamos porque de alguna manera no queríamos saber. Los informes eran públicos. ¿O no existió Gide, Koestler, Victor Serge e incluso Trotsky, entre tantos otros? Nosotros seguimos en el Partido Comunista hasta muchos años después que el Informe-Krutschev denunciara los “crímenes de Stalin”. Esto implica responsabilidades. También implica responsabilidad haber estado en la dirección de Montoneros (Gelman dirá, por supuesto que él no estuvo en la Dirección, que él era un simple militante, que se fue, que lo persiguieron, que lo intentaron matar, etc., lo cual, aun en el caso de que fuera cierto, no lo exime de su responsabilidad como dirigente e, incluso como simple miembro de la organización armada). Los otros mataban, pero los “nuestros” también mataban. Hay que denunciar con todas nuestras fuerzas el terrorismo de Estado, pero sin callar nuestro propio terrorismo. Así de dolorosa es lo que Gelman llama la “verdad” y la “justicia”. Pero la verdad y la justicia deben ser para todos.

Habrá quienes digan que mi razonamiento, pero este no es un razonamiento, es el mismo que el de la derecha, que el de los Neustadt y los Grondona. NO creo que ese sea un argumento. Es otra manera de “tapar” lo que pasó. Muchas veces nos callamos para no decir lo mismo que el “imperialismo”. Ahora se trata, y es lo único en que coincido con Gelman, de la verdad, la diga quien la diga. Yo parto del principio del “no matar” y trato de sacar las conclusiones que ese principio implica. No puedo ponerme al margen y ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, o a la inversa. Yo culpo a los militares y los acuso porque secuestraron, torturaron y mataron. Pero también los “nuestros” secuestraron y mataron. Menéndez es responsable de inmensos crímenes, no sólo por la cantidad sino por la forma monstruosa de sus crímenes. Pero Santucho, Firmenich, Gelman, Gorriarán Merlo y todos los militantes y yo mismo también lo somos. De otra manera, también nosotros somos responsables de lo que sucedió.

Esta es la base, dice Gelman, de la salvación. Yo también lo creo.

Lo saludo.

Oscar del Barco

Sunday, March 16, 2014

La Cabuda Cartonera El Salvador

Foto tomada por Alma Herrera

La Cabuda. (definición) f. El Salv. y Hond. Contribución económica voluntaria de varias personas para un fin común.

La Cabuda Cartonera es un proyecto editorial dirigido por Dany Portilla y Alma Herrera que nace en El Salvador en 2009.  La editorial edita libros en pequeñas ediciones hechos con papel reciclado y cartón de desecho.  El objetivo de La Cabuda es divulgar los libros a través de materiales reciclados para que la literatura sea accesible y para que los autores puedan dar a conocer su obra.  En efecto, la editorial pone el desperdicio en servicio de la literatura salvadoreña.  La Cabuda Cartonera participa en la Feria Internacional de Libros Centroamericanos FILCEN 2014 el 28 de marzo al 6 de abril. 
 
Foto tomada por Alma Herrera
Historia de las editoriales cartoneras:
La primera editorial cartonera Eloísa Cartonera surge en Buenos Aires, Argentina en 2003.  Las cartoneras responden a la inaccesibilidad del campo cultural para una gran parte de la población.  La técnica de hacer los libros por la mano de obra en materiales reciclados y de divulgar la literatura a precios accesibles es una manera de resistir las injusticias del capitalismo salvaje.  Hoy en día existen editoriales cartoneras en una gran parte de los países latinoamericanos.

Entrevista a Alma Herrera por Evelyn Galindo-Doucette 
¿Qué tipos de textos edita La Cabuda Cartonera?
La Cabuda Cartonera edita y ha editado hasta hoy textos de poesía pero para este año queremos empezar a editar cuentos cortos.  Ya tenemos algunos autores que nos han enviado su obra.  La Cabuda Cartonera siempre acepta la edición siempre y cuando el autor se someta al proceso.  Solemos buscar autores muy consolidados para que la venta de sus textos sirva para el auspicio de otros escritores de menor trayectoria pero con una especial fuerza literaria; buscamos textos de calidad que no son publicables para las grandes editoriales.


Foto tomada por Alma Herrera

¿Puede describir el proceso paso por paso de editar un texto?
1. Recibir el texto
2. Enviarlo a la comisión editorial
3. Recibir y comunicar el dictamen
4. Establecer relación de trabajo conjunto con el autor
5. Corrección del texto
6. Maquetación y diagramación
7. Diseño de portadas (Las portadas son elaboradas a mano de cartón y aunque el texto es uniforme las portadas son elaboradas una a una)
8. Prueba de impresión
9. Diseñar tapas y encuadernar; embalar
10. Presentación del libro y venta al público
 
Foto tomada por Alma Herrera

¿Cuál es la agenda filosófica o la ideología de La Cabuda Cartonera?
Somos una editorial independiente que busca editar a escritores y escritoras jóvenes y consolidados que tengan una propuesta fresca que se base en el contexto social y en las dinámicas culturales.  Partimos de un principio de cooperación donde el autor o autora aporta su texto, nosotros lo editamos y lo publicamos.  Con lo que se recauda se puede editar otros libros. Hacemos llegar la literatura a las personas en materiales reciclados y a precios accesibles.  De ahí el nombre de La Cabuda que se refiere a un sistema en el que un colectivo pone a disposición sus recursos para la consecución de sus objetivos.
 
Foto tomada por Alma Herrera
¿Hay actividades literarias, talleres, o algo por el estilo que fomenta la editorial?
Damos talleres de fabricación de libros.  Hacemos un taller donde los jóvenes pueden hacer su propio libro y escribir sus propias historias.

¿Cuáles son algunos de los autores editados por La Cabuda Cartonera?
Algunos autores editados son Ricardo Castro Rivas, Rafael Mendoza, Julio Iraheta, Otoniel Guevara, Luis Melgar Brizuela, Aída Parraga, Marisol Briones, Jorge Galán, Kenny Rodríguez, Carlos Ernesto García, Pablo Benítez, Néstor Durán, Amilcar Colocho, Marco Pernavarre, David Juárez, Juan Luis Olmo, Rodolfo Herrera, Rafael Herrera, Vladimir Amaya, Andrés Norman Castro, entre otros.  También tenemos dos ediciones de poetas internacionales:  de Panamá David Robinson y de España Pepa Ortiz

¿Qué aporta La Cabuda Cartonera en cuanto la divulgación de libros?
La Cabuda Cartonera publica libros que no son de interés para las editoriales porque la mayoría de las personas no están interesadas en comprar libros de poesía y los autores no pueden pagar por una edición porque los precios no son accesibles, así que nosotros publicamos utilizando lo mínimo de recursos, no tenemos ganancias solo se saca los costos y a veces menos que los costos pero es para difundir autores que consideramos las personas deben conocer y hay público para ellos.

¿Hay otras editoriales cartoneras en El Salvador?
En El Salvador hay dos, nosotros y una más que se llama Pirata Cartonera que la fundó un poeta llamado Jonathan Velásquez.  Por otra parte existe una serie de proyectos independientes que aunque no se denominen como tal, estas sí funcionan con la filosofía y el sistema económico cartonero, son verdaderos proyectos colaborativos.
Foto tomada por Alma Herrera

Foto tomada por Alma Herrera




Wednesday, March 12, 2014

Negarse a narrar: Un comunista en calzoncillos de Claudia Piñeiro y Los rubios de Albertina Carri



Un comunista en calzoncillos (2013) de Claudia Piñeiro es una novela sobre la etapa de dictadura en Argentina, pero además es una meditación sobre la memoria.  La primera parte tiene la forma tradicional de una novela corta.  La narradora es una niña de once años cuyo referente principal es su papá, "un comunista en calzoncillos" que forma parte del sistema capitalista por ser un vendedor de ventiladores.  El papá se considera una víctima del sistema y culpa a la sociedad y a su familia por domesticarlo y por la pérdida de sus ilusiones comunistas.  La novela parece terminar de una manera abrupta.

La segunda parte que sigue, Caja chinas, presenta recuerdos fragmentados que incluyen reflexiones, recortes de periódicos y fotos.  Esta segunda parte enfatiza la materialidad de la memoria que se basa en los objetos físicos que quedan del pasado.  Esta sección incluye, por ejemplo, una reflexión sobre las fotos y la narradora (Pineira?) comenta que las fotos muchas veces interrumpen a la memoria porque son objetos con más autoridad que la memoria.  Si en una foto una familia sonríe, la foto impone la narrativa de que la familia fue feliz en ese momento aún si la memoria contradice esa versión del pasado.  Esta segunda parte incluye un par de fotos en que la narradora está con su papá que se titulan “la felicidad” a pesar de que la primera parte de la novela narra una relación mucho más compleja entre padre e hija.  Por otra parte, no suele haber narración que acompaña los fragmentos y el lector sólo puede reflexionar e imaginar el pasado de la narradora, pero la “memoria” se le niega.  En una forma semejante, Cajas chinas rompe el encanto de la primera parte de la novela; pone paro a la progresión de la narrativa y el lector regresa forzosamente a una reflexión sobre la memoria en el momento actual.

                                                    Los rubios (parte 3) de Albertina Carri

Esta técnica me recuerda mucho a la película Los rubios (2003) y a la manera en que la directora, Albertina Carri, se niega a reconstruir el pasado de sus padres desaparecidos.  Lo que más se enfatiza con la película de Carri es la ausencia y lo irrecuperable del pasado.  Hay un esfuerzo consciente en estos dos casos de no resolver la memoria del todo para no crear la ilusión de que lo que pasó y las ausencias que quedan se puedan resolver con ver un documental o leer una novela.

El problema que veo con esta técnica de no narrar es que hay un contrato tácito de entretener la audiencia o el lector y de resolver la situación que se presenta.  Como documental, la crítica puede evaluar Los rubios como una película sin sentido por la fragmentación y porque niega narrar la historia de los padres de Albertina Carri.  De una manera semejante, se puede leer Un comunista en calzoncillos y pensar que la primera parte de la novela fue buena, pero que luego, en la segunda parte, leerlo pierde el gusto.  Fuera de un contexto académico, ¿Hasta que punto funciona esta técnica de no narrar en una película o en una novela?

Friday, March 7, 2014

Suspicion Surrounds Salvadoran Presidential Election Run-Off

There is a dense fog of suspicion surrounding this weekend’s final round of presidential elections.  In the last few days social media reports have surfaced of bankers and business owners forcing employees to vote for the right wing ARENA party as well as claims of gang members bullying communities into voting for the left. 

In the same vein of quasi-paranoia, President Mauricio Funes was publically accused in February of drunk driving and crashing a Ferrari worth over two hundred thousand dollars in the early hours of the night in San Salvador.  While the President denies involvement in the crash, his opponents argue that his role in the accident was covered up.  The President has responded that the Ferrari story was fabricated by ARENA supporters and has threated to file a claim of defamation against his accusers. 

Regrettably Salvadorans have good reason to be guarded about official versions of events.  Last August, for example, El Salvador’s soccer federation suspended 22 players in an investigation into alleged match-fixing by the national team.  Players were purportedly paid $10,000 to throw international games.  Critics like Hector Silva have argued that the soccer scandal is a metaphor for a culture of corruption.  In 2012 El Faro, a leading national newspaper, disclosed that the government had brokered a secret deal with the street gangs to reduce violence.  While the government received much criticism for negotiating with gangs the truce resulted in a notable drop in violence.  However a secret mass grave was uncovered last December that put in question how much violence has actually decreased as a result of the truce.  Authorities accuse the gangs of digging the grave to “disappear” victims of continued gang violence. 


While Salvadorans have become adept at reading between the lines of official versions of events, the newly elected President will have the critical task before him of rebuilding the much-eroded trust of the public.

Tuesday, March 4, 2014

Muertos de amor de Jorge Lanata

Hace tres o cuatro días que sueño con café.  Se lo conté al Cubano, que me respondió una pelotudez absoluta:
            --Chico, hay quienes al café no lo han visto nunca.
            Yo sí lo vi.  Yo vi café.  Lo vi, lo sentí cayendo en la garganta, dándole forma caliente al hueco de mis manos, oliendo su perfume, jugando con la espuma.  Sí, yo vi café.  Me confieso culpable.  Lo vi, y lo tomé.  Y no pensé en quienes nunca lo habían visto o tomado.  Y los que nunca lo vieron o tomaron, ¿pensaron alguna vez en mí?  Les pido perdón.  Pido perdón por este pensamiento pequeño burgués, y por haber soñado con café. (65)      


Acabo de terminar de leer Muertos de amor de Jorge Lanata, una novela corta de 144 páginas sobre el ambiente e ideología del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) en Argentina en los años 60 y 70.  No es una novela típica puesto que incluye testimonios, cartas y aparecen unas secciones de listas de armas y principios de disciplina.  Tampoco me queda claro si la voz narrativa es el autor que dirige estas observaciones al lector: "Esto es pelear?  Pelear es esperar.  Es en la espera cuando en destino decide si se pierde o gana”.   

Lanata se enfoca en Comandante Segundo, el principal líder del EGP y describe la compartmentalización de la organización y la creciente paranoia de ser infiltrados de los líderes.  Se instala una fuerte disciplina revolucionaria y un reglamento de justicia militar que sanciona con pena de muerte a una lista de delitos como la cobardía, la insubordinación, el robo, la deserción y la homosexualidad, entre otras cosas (58).  A pesar de que el EGP nunca entra en combate, varios miembros son ajusticiados y mueren por fusilamiento. 

Es interesante considerar estas memorias críticas de la izquierda como parte de la transición política y que podrían señalar una análoga alternancia de memoria de las guerras y dictaduras.

Alfaguara 2007.

WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...