Monday, November 18, 2013

El relato del pintor


Cuadro: Roberto Huezo
Un cuento inspirado en una anécdota sobre Romero y los Jesuitas que me contó el pintor, Roberto Huezo, en julio de 2013~

Un día vinieron seiscientas y pico de personas desplazadas de Dios sabe dónde a vivir a un sitio que se llama Soyatenepeque  que queda allá por Ateos pegado a un río que se llama El río sucio.  Ahí la gente se baña en aguas que son azules un día, aguas verdes el siguiente, y en aguas rojas otro día porque la mina ahí lanza sus colores.  Muy cerca hay una empresa donde hacen carnes y destazan pollos y las tripas las tiran al sol.  Tan así es que de lejos se ven los árboles llenos de zopes y hay un mal olor durante los dos kilómetros que recorres ese sitio.  

La gente que llegó a Soyatenepeque había dejado enterradas hasta las maquinas de coser y se vinieron con nada más que sus bueyes y su prole.  A los bueyes les abrieron las yugulares y les sacaban sangre en un guacal y les ponían un elote para que no les saliera sangre.  De eso les dieron de comer a sus hijos en la huida de catorce días.  Por la sangre de bueyes es que casi todos están hoy en Estados Unidos.

Lo que más quería la gente de Soyatenepeque era una ermita a la Virgen de Rosario para que les cuidara sus efectos personales hasta que los fueran a desenterrar.  Un día llegaron a Soyatenepeque unos sacerdotes jesuitas y un pintor que encargó el molde a un hombre que trabajaba en un cementerio. Cuando estaba hecha la ermita, el Padre Montes fue por ella y la trajo a la comunidad en una camioneta vieja y el pintor terminó de darle vida al molde de cemento.

El día de la inauguración de la imagen dejaron ir unas bombas amarillas que picaron los ojos porque no habían invitado al Coronel del sector para que llegara. Y aún así celebraron con los tamalitos y el cafecito que las mujeres de la comunidad habían madrugado preparando.

Al amanecer un día de la semana siguiente hallaron la imagen partida en tres pedazos y hablaron por teléfono a los padres jesuitas para contarles lo que había pasado.  La gente contaba que habían llegado los escuadrones de D’Aubuisson pero eran muy imprecisos; unos decían que habían visto al mismo D’Aubuisson y otros decían que no, que eran unos militares desconocidos.  El pintor se desesperó al ver que en un zas habían llegado a destruir el trabajo de semanas.  Le preguntó a uno de los padres jesuitas, “Y ahora que hacemos?”  Y Ellacuría le respondió “¿Qué hacemos?  Otra.”  Y Nacho Martín Baró asintió, “Otra imagen.  No hay problema.  Vamos a hacer otra”.  Y así fue.



WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...