Saturday, October 5, 2013

Respuesta a los hombres


Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

Las mujeres han servido todos estos siglos de espejos que poseen el poder mágico y delicioso de reflejar la figura de un hombre el doble de su tamaño natural.
~Virginia Woolf

Madison, Wisconsin.- Ha sido curioso leer los argumentos publicados en los medios en estos días que tocan el tema de la dominación masculina en la sociedad salvadoreña. Según Rafael Lara-Martínez, en la entrevista que publicó La Prensa Gráfica el pasado domingo 15 de septiembre, el machismo se nota hasta en nuestro sistema simbólico más elemental: el lenguaje que usamos y con expresiones como «soberano» y «dar verga» que tienen su origen en el acto de violación corporal de la mujer o del cuerpo que ocupa una posición social afeminada. Por el remolino de réplicas y respuestas que ha levantado Lara-Martínez, se ve que la mujer es un tema muy contencioso.

Todo esto me hace pensar en varias cosas, primeramente, afirma la conclusión que saca Virginia Woolf de su investigación en el Museo británico: abundan los textos sobre la condición femenina escritos por hombres enojados. Por otra parte, me hace pensar en la serie de escritos renacentistas que contestan la misoginia de ese tiempo comoDe las mujeres ilustres de Giovanni Boccaccio y De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino (1529) de Cornelio Agripa de Nettesheim. En esos debates como en este, la misoginia se convierte en un juego literario, un asunto para que los escritores masculinos muestren sus habilidades retóricas y su conocimiento teórico, mientras reproducen la misma estructura de dominación textual que pretenden criticar.

Por otra parte la idea que el lenguaje cotidiano lleva rasgos machistas es una idea válida, pero incompleta. Yo diría que el machismo se muestra más patentemente en la exclusión de la mujer de debates intelectuales como este. Hay una falta general de voces femeninas en la vida pública. Esto lo podemos comprobar sólo con pararnos frente el mural de los presidentes de la república salvadoreña en la biblioteca del centro. Y para que no digan que no hay mujeres salvadoreñas que escriben sobre estos temas concluyo con un poema maravilloso de Carmen González Huguet, «Memorial de agravios»:

Porque el blanco odia al negro
Porque el amo teme al esclavo
Porque el ladino necesita al indio
Porque somos distintas
Porque no débiles
Porque lúcidas
Porque el deseo
Porque somos malas y bellas como Satán
Porque irracionales
Porque corruptoras
Porque objeto de deseo
Porque quebrantamos todas y cada una de las leyes humanas y divinas
Sólo con existir
Porque somos el otro, es decir, la otra
Porque el diablo nos tiene por aliadas
Porque Judith se atrevió a cortarles la cabeza
Y a castrarlos simbólica y físicamente
Porque Dalila ídem
Porque Pandora y Eva
Se les salieron del huacal
Porque la Medusa
Porque las Sirenas

Porque las Parcas
Porque las Furias
Porque Circe y su piara
Porque la Papisa Juana
Porque las brujas
Porque las putas

Porque somos las madres
Y tenemos el amenazante y terrible
poder de dar la vida entre las piernas
por todo eso
cuánto, en realidad,
nos odian y nos temen.

(*) Columna primero publicada en contrACultura 28 de septiembre 2013.
Leer carta pública de Ricardo Lindo a Rafael Lara-Martínez.
Leer respuesta de Rafael Lara-Martínez a la carta pública de Ricardo Lindo.
Leer aporte de Carlos Cañas-Dinarte sobre el contexto histórico de Hugo Lindo.
Leer respuesta de Ricardo Lindo a Carlos Cañas-Dinarte.
Leer réplica de Carlos Ábrego a Rafael Lara-Martínez.

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