Los bichos de por ahí


San Salvador, El Salvador. 1, 2, 3, 4…así aprenden a contar los niños salvadoreños, con las plaquitas blancas de la PNC que catalogan otro cuerpo asesinado más.  Los adultos en cambio ven la violencia constante de los mareros y no piensan, sino levantan muros de incomprensión entre ellos, “los bichos endiablados que viven por ahí”, y nosotros.  Sólo los monstruos son capaces de esa crueldad tan espantosa.  Quizás se han vendido cien mil veces al demonio, intercambiando sus almas por pisto, drogas, e influencia.  En una reunión hace unos días una amiga hasta me advirtió que los niños pequeños, los de la primaria, son los más peligrosos.  A ellos los compran por dulces o babosadas para que roben o maten.

¿Qué está detrás de esta plaga que sufre nuestra sociedad?  Según Hannah Arendt, un testigo ocular del juicio del líder nazi Adolf Eichmann en Jerusalén, el mal social es un fenómeno plenamente banal.  Durante el juicio, Arendt se dio cuenta que Adolf Eichmann era un hombre completamente común y corriente que colaboró con el exterminio de los judíos europeos porque nunca reflexionó sobre sus acciones.  De hecho, Eichmann cumplió muy bien con las ordenes de sus superiores; de una manera robótica sin cuestionar el impacto que él tenía como una parte de la máquina de genocidio.  En un análisis todavía bastante polémico, Hannah Arendt también cuestiona la manera en que tantos judíos, sobretodo los líderes, fueron capaces de entregarse a la misma máquina sin sublevación.  Es una idea que no termino de procesar y que no sé si sea justa, pero Arendt propone que se puede fustigar también a los líderes judíos por su obediencia ciega y por su falta de reflexión crítica.  La pregunta me inquieta y no la pretendo resolver aquí.

Retomando el caso salvadoreño y el momento actual, las ideas de Hannah Arendt complican, de una manera muy beneficiosa, el fenómeno de las maras.  Es claro, cuando pensamos críticamente, que toda esa cantidad de jóvenes no puede ser una aberración de la humanidad.  Entonces, ¿Por qué estamos perdiendo tantos niños a esa maldad?  Y aquí la intervención de Arendt: es, en gran parte, una falta de la práctica de reflexión y del pensamiento crítico.  El error está en el no comprender, y en el no enfatizar, el impacto y la importancia de cada ser humano.

Con todo, la criminalidad juvenil no es un mal incomprensible, y eso implica que la solución tampoco es tan enigmática.  La sociedad tiene que asumir la responsabilidad debida por sus niños.  Para empezar nos hace falta fomentar una práctica de reflexión en los jóvenes sobre el impacto directo que tienen en su entorno y hace falta que cada cipote entienda que va creando estelas de energía vital hacia el bien o hacia el mal.

(*) Publicado en ContrACultura.com.sv 12 de julio 2013