¿Adiós Abercrombie?


¿Somos clientes «perfectos»? Si no somos jóvenes, distinguidos y guapos, ¿entramos en los planes de la cadena de moda Abercrombie? Una interesante crítica al mundo de las apariencias.

Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

Madison, Wisconsin.- Esta semana levantó mucha polémica la revelación que la cadena de moda estadounidense Abercrombie & Fitch solo busca clientes que cuentan con un físico muy concreto. Olvídate de las mujeres con sobrepeso. Para disuadirlas de visitar sus tiendas no venden ropa más grande que la talla 10/M. Tampoco quieren que los mayores de treinta años o las personas no hermosas luzcan su marca; solo buscan clientes jóvenes, guapos y distinguidos. Según el CEO Michael Jeffries, los clientes «menos atractivos» son dañinos para la marca: «¿Que si somos exclusivos?, absolutamente», admitió Jeffries con candor. Como es de esperar, el plan de empresa de A&F ha causado revuelo y sin embargo habría que reflexionar sobre cómo la arrogancia de la firma es lo que hace girar al sistema capitalista.

Ya en 1967 en La sociedad del espectáculo, el teórico crítico Guy Debord nos advierte que los medios de comunicación colaboran con las empresas para fabricar imágenes idealizadas que dominan la vida social. El sujeto moderno se somete a la autoridad del consenso de imágenes que monopolizan el mundo de las apariencias. Cuando vemos el perfil «bello» de Abercrombie hay una interiorización de un ideal externo; el individuo entiende su distancia del ideal como una carencia propia y como una prueba de su inferioridad. Esta invocación de lo que Debord determina «pseudo-necesidades» impulsa la compra de productos de valor abstracto para llenar un vacío emocional. Mientras tanto, las modas y los ideales son efímeros y siguen cambiando para quedarse más allá del alcance y así seguir estimulando el comercio. Según Debord, la economía capitalista depende de la profunda alienación del sujeto actual.

El problema de Michael Jeffries es que ha roto el acuerdo entre el capitalismo y la sociedad de consumo al rechazar a los clientes imperfectos. Jeffries ha creado una grieta en el espectáculo. Si ahora le toca a Abercrombie pasar de moda por los comentarios de Jeffries, ojalá que el ejemplo sirviera para mostrar que el capitalismo es un castillo de arena; una ilusión frágil. Nuestra liberación del teatro de sombras está en dejar de participar en la idealización de las imágenes que nos proyectan los medios de comunicación. Eso de que la gente se de cuenta de que puede alcanzar la paz interna al distanciarse de la sociedad del espectáculo es lo que la estructura del capitalismo de veras no puede tolerar.

(*) Columnista de contrACultura.