Monday, May 27, 2013

¿Adiós Abercrombie?


¿Somos clientes «perfectos»? Si no somos jóvenes, distinguidos y guapos, ¿entramos en los planes de la cadena de moda Abercrombie? Una interesante crítica al mundo de las apariencias.

Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

Madison, Wisconsin.- Esta semana levantó mucha polémica la revelación que la cadena de moda estadounidense Abercrombie & Fitch solo busca clientes que cuentan con un físico muy concreto. Olvídate de las mujeres con sobrepeso. Para disuadirlas de visitar sus tiendas no venden ropa más grande que la talla 10/M. Tampoco quieren que los mayores de treinta años o las personas no hermosas luzcan su marca; solo buscan clientes jóvenes, guapos y distinguidos. Según el CEO Michael Jeffries, los clientes «menos atractivos» son dañinos para la marca: «¿Que si somos exclusivos?, absolutamente», admitió Jeffries con candor. Como es de esperar, el plan de empresa de A&F ha causado revuelo y sin embargo habría que reflexionar sobre cómo la arrogancia de la firma es lo que hace girar al sistema capitalista.

Ya en 1967 en La sociedad del espectáculo, el teórico crítico Guy Debord nos advierte que los medios de comunicación colaboran con las empresas para fabricar imágenes idealizadas que dominan la vida social. El sujeto moderno se somete a la autoridad del consenso de imágenes que monopolizan el mundo de las apariencias. Cuando vemos el perfil «bello» de Abercrombie hay una interiorización de un ideal externo; el individuo entiende su distancia del ideal como una carencia propia y como una prueba de su inferioridad. Esta invocación de lo que Debord determina «pseudo-necesidades» impulsa la compra de productos de valor abstracto para llenar un vacío emocional. Mientras tanto, las modas y los ideales son efímeros y siguen cambiando para quedarse más allá del alcance y así seguir estimulando el comercio. Según Debord, la economía capitalista depende de la profunda alienación del sujeto actual.

El problema de Michael Jeffries es que ha roto el acuerdo entre el capitalismo y la sociedad de consumo al rechazar a los clientes imperfectos. Jeffries ha creado una grieta en el espectáculo. Si ahora le toca a Abercrombie pasar de moda por los comentarios de Jeffries, ojalá que el ejemplo sirviera para mostrar que el capitalismo es un castillo de arena; una ilusión frágil. Nuestra liberación del teatro de sombras está en dejar de participar en la idealización de las imágenes que nos proyectan los medios de comunicación. Eso de que la gente se de cuenta de que puede alcanzar la paz interna al distanciarse de la sociedad del espectáculo es lo que la estructura del capitalismo de veras no puede tolerar.

(*) Columnista de contrACultura.

Wednesday, May 8, 2013

Roque Dalton: Un asesinato sin resolver


Mientras los testigos oculares se obstinen en un juego semántico de decir las cosas a medias, otro diez de mayo viene y se irá sin que se aclaren los detalles materiales del asesinato de Roque Dalton.




Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

El crimen es el espejo de la sociedad.

Raymond Chandler



Madison, Wisconsin-. Mientras los testigos oculares se obstinen en un juego semántico de decir las cosas a medias, otro diez de mayo viene y se irá sin que se aclaren los detalles materiales del asesinato de Roque Dalton. Por el momento lo que abundan son versiones que imaginan las circunstancias de su asesinato. Al respecto, me llamó la atención un comentario de Manlio Argueta reproducido en El asesinato de Roque Dalton. Mapa de un largo silencio de Lauri Garcia Dueñas y Javier Espinosa (2012). Argueta compara el caso de Roque Dalton con una novela detectivesca: “El criminal siempre comete un error…no hay crimen perfecto, el gran error de ellos fue decir que era agente de la CIA”. De inmediato me parece lógico que así se organice la memoria de uno de los más debatidos asesinatos no resueltos de la historia salvadoreña. No obstante, habría que entrar un poco en los fundamentos del género detectivesco para considerar hasta qué punto funciona como un marco narrativo para el asesinato de Roque Dalton.

La novela negra latinoamericana es parte de la tradición detectivesca que empezó en 1841 con el detective C. Auguste Dupin en Murders in the Rue Morgue de Edgar Allan Poe y que continuó Charles Dickens con su detective, Inspector Buckett, en Bleak House, y más adelante, Sir Arthur Conan Doyle con su detective Sherlock Holmes. A pesar de que estas obras del siglo diecinueve funcionan como referentes para la novela negra actual, el género negro latinoamericano se relaciona en forma más directa con el noir norteamericano que aparece por primera vez en obras como Red Harvest (1927), The Maltese Falcon (1930) y The Glass Key (1931) de Dashiell Hammett.

Un rasgo definitivo de la novela negra es que el lector muchas veces sabe desde el principio quién cometió el crimen; no hay duda de “whodunit” como en la novela detectivesca clásica, es decir, ya sabemos quién fue el autor del crimen. En el sentido de tener claro quienes cometieron el crimen, el asesinato de Roque Dalton cuaja con la estructura de la novela negra. Además, consideramos que la novela negra es un género “thriller” porque el crimen y la investigación se juntan y, por lo tanto, el que investiga vive el impacto del crimen. Como símbolo fundamental de la cultura nacional no podemos separar el asesinato de Roque Dalton en 1975 de su carga simbólica en la actualidad. Por esto mismo quizás nunca lleguemos a conocer los detalles del asesinato de Roque Dalton con la precisión desinteresada de C. Auguste Dupin. Con todo, mientras no sepamos con exactitud qué pasó, me parece productivo reflexionar sobre éste y otros marcos narrativos que se utilizan para imaginar el caso icónico.

(*) Columnista ContrACultura

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