Saturday, April 20, 2013

Boston

Por Evelyn Galindo-Doucette (*)

MADISON, WISCONSIN-Poco después de las explosiones de esta semana en Boston, se tuiteaban las fotos de cuerpos desplomados y de la acera salpicada con sangre y melena.  En la mayoría de estas imágenes, es claro que las víctimas no advierten nuestra presencia.  Como es de esperar, están sumergidas en la inmediatez del momento, en su propia corporalidad, y no se fijan en el mar de espectadores detrás de la cámara del axiomático fotógrafo arrodillado.

Somos un público que clama por ver; unos miran por compasión o miedo, otros, indiferentes al sufrimiento de los demás, miran para satisfacer alguna curiosidad fugaz.  De vez en cuando en las fotos de Boston, nos encontramos con ojos que resisten nuestro deseo de penetrar en la vulnerabilidad del momento.  En una de éstas, una mujer de poncho amarillo se agacha al lado de una víctima; su mirada fija es una armadura que reprende el impulso voyeurístico del espectador.  El caos es marcado.  Hay un nido de personas inclinadas sobre el cuerpo y una lluvia de manos activas que se pierden en el frenesí del instante.  Alguien se ha quitado la camisa y la usa como una venda con la que envuelve la pierna de la herida.

Sin embargo, da no sé qué un veinteañero parado un poco fuera del círculo.  Balancea su IPhone y una botella de agua en una mano y una bolsa atlética en la otra.  Se ve la titilación en su expresión y, en contraste con el alboroto de los demás, sus manos se suspenden en la labor de tomar una foto.  Lo descubrimos en el acto de representar el dolor y la fragilidad de la víctima para nosotros; un público hambriento de imágenes.

(*) Publicado en ContrACultura el 19 de abril 2013

Tuesday, April 16, 2013

Miroslava Rosales y la nueva generación de escritores salvadoreños


“A mí me han preguntado por qué no escribo una poesía más luminosa o más esperanzadora o más juguetona, pero la verdad no creo que eso estaría acorde con mi entorno”, señala la poeta y cuentista Miroslava Rosales.  Nacida en 1985, Rosales forma parte de una generación salvadoreña que cobra conciencia social a partir de la década definida por la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.  En su escritura aborda temas sacados de la reserva poética que documenta en su libreta de apuntes; la ciudad, sobre todo el centro de San Salvador, la violencia cotidiana que Rosales nota en las calles y “en las formas de relacionarnos”, y las construcciones culturales de la mujer, el amor y la muerte.  A la vez, la acción de cuentos como Norma Jean (2012), publicados en las revistas españolas GRUNDmagazine, Paperfront Magazine, Norma Jean Magazine; en la mexicana Síncope; en la colombiana Crónica y en la salvadoreña Contracultura, gira alrededor de las relaciones humanas mediadas a través de los espacios y comunidades virtuales.  Así es que en su obra se nota una exploración existencialista de la realidad, del aislamiento y de lo absurdo.

Según la jóven escritora, a pesar de las crisis nacionales, el ámbito literario está viviendo un momento muy esperanzador y sano de intercambio.  “La poesía se ha convertido en una zona de denuncia, gozo, consuelo, más allá de un partido. Está dando cuenta de nuestras realidades, no desde un discurso totalizante ni desde una estética programática.”  Entre los referentes nacionales de Miroslava Rosales están Jorge Galán, Roxana Méndez, Horacio Castellanos Moya, Mauricio Orellana Suárez, Miguel Huezo Mixco, Jacinta Escudos y Manlio Argueta.  Por otra parte, su escritura también se alimenta del trabajo y visión de un “circuito artístico” de escritores e intelectuales emergentes: Vladimir Amaya, Rebeca Henríquez, Elena Salamanca, Mario Zetino, Laurí García Dueñas y Ana Escoto.  Actualmente, el primer poemario de Miroslava Rosales, Las descargas eléctricas del corazón (2013) está en el proceso de publicación.


ENTREVISTA CON LA ESCRITORA MIROSLAVA ROSALES:

¿Cuál ha sido su formación como escritora y poeta? (sus maestros y referentes)

Me formé en las aulas de la Universidad de El Salvador. Allí conocí a personas que de una u otra forma me alentaron a asumir la literatura como un proyecto de vida; entre ellas, Pablo Benítez, y luego Jorge Galán, ya en la Dirección de Publicaciones e Impresos. No puedo dejar de agradecer, por el interés y la fe que mostraron desde un inicio en mi trabajo literario, a la académica Tania Pleitez Vela, radicada en Barcelona, y al escritor Manlio Argueta. Asimismo, al crítico peruano Carlos Morales Falcón, con quien he mantenido una comunicación constante, basada en la confianza en sus juicios estéticos y su humanismo.

Las influencias han ido cambiando, con los años y las experiencias acumuladas, así como las búsquedas estéticas. Aquello que en la adolescencia nos sorprendía, pues ahora ya no es tanto (en ciertos casos). Hay autores que persisten como maestros indudablemente, entre ellos Dostoievski, Mann, Hesse, Joyce, Cortázar, Poe, Mansfield, Capote. Roberto Bolaño se ha incorporado recientemente a mis pilares, sobre todo porque es una literatura muy vivencial. En el caso de la poesía, la generación del 27, en especial Alberti y Aleixandre, así como Leopoldo María Panero, por ser una poesía descarnada, maldita, radical. Un caso atípico en la tradición española; Octavio Paz, cuyo trabajo en el ensayo me parece monumental y de una agudeza poco común; César Vallejo y Jorge Eduardo Eielson, dos peruanos que realmente admiro; Blake, T.S. Eliot, Pound, Ginsberg, Plath, Lee Masters, Szymborska y Kavafis.

¿Qué cuentos o poemas ha publicado y en qué espacios ha publicado?  

He publicado poesía en las revistas mexicanas Palabras Malditas, Cuadrivio, Periódico de Poesía, La Hoja de Arena, Rojo Siena; en las españolas La comunidad inconfesable, Ariadna-RC, Paperfront Magazine, Excodra, Kokoro; en la nicaragüense 400 elefantes, y en las salvadoreñas ARS, Cultura y Contracultura.

Mis cuentos han aparecido en las revistas españolas GRUNDmagazine, Paperfront Magazine, Norma Jean Magazine; la mexicana Síncope; la colombiana Corónica y la salvadoreña Contracultura.

¿Cuál es su proceso de escritura? (Su método de escribir, el surgimiento de las ideas, las principales dificultades y el modo de corregir y revisar textos)

Siempre cargo una libreta de apuntes, que me sirve, como diría Maiakovski, como reserva poética. Camino mucho, sobre todo en el centro de San Salvador, porque allí es donde encuentro la poesía, la génesis de mi proceso de escritura. A veces voy con mi cámara fotográfica como una forma también de exploración de nuevos espacios. Es muy estimulante. Aunque estas incursiones admito prefiero hacerlas sola.

Ocupo el fin de semana o las pocas tardes libres durante la semana para escribir, puesto que mis trabajos no me permiten dedicarme a tiempo completo a la literatura. Es un problema que vivimos la mayoría, y quizás sea esa la mayor dificultad. Las noches me sirven para corregir o leer. Prefiero dejar mis textos en pausa, para luego volver a ellos.

Tengo una habitación propia con buena ventilación e iluminación natural, donde está mi computadora de escritorio y mis libros. Allí paso la mayor parte del tiempo. Suelo poner incienso y escuchar jazz en los intermedios. Solo puedo escribir y corregir en el silencio. Esto es muy importante. El menor ruido me exaspera fácilmente.

¿Qué opinión tiene de la poesía y cuento salvadoreño actual?

Creo que la poesía está viviendo un momento muy esperanzador, un momento de buena salud, a pesar de las crisis, el desencanto de nuestros países. La poesía se ha convertido en una zona de denuncia, gozo, consuelo, más allá de un partido. Está dando cuenta de nuestras realidades, no desde un discurso totalizante ni desde una estética programática. Es gratificante saber que hay mucho trabajo que se está valorando más allá de nuestras fronteras, como por ejemplo el de Jorge Galán, Roxana Méndez, Horacio Castellanos Moya, Mauricio Orellana Suárez, Miguel Huezo Mixco, Jacinta Escudos. Hay intercambio, y mucho deseo por hacer de la vida un poema, por apostarle a esto que es de lo más incierto y contradictorio.

No puedo dejar de mencionar el trabajo de las jóvenes escritoras residentes en el exterior como Lauri García Dueñas, Ana Escoto, que siempre mantienen un vínculo con el país. Así como tampoco el realizado aquí, con mucha perseverancia y altura, por Vladimir Amaya, Rebeca Henríquez, Elena Salamanca, Mario Zetino. Es decir, a pesar de que tenemos un circuito artístico muy débil se sigue creyendo en la literatura como forma de vida, como un estar en el mundo.

Es de señalar el surgimiento de editoriales independientes que están haciendo una labor de hormigas: Índole Editores, Equizzero, La Cabuda Cartonera Editorial, Zeugma Editores. Todo con el fin de dar nuestras propuestas.

¿Cuáles son sus autores o poetas predilectos y qué efecto tienen estos en su propia escritura?  ¿Qué vínculo hay entre su obra y la de otros autores y poetas?

No podría decir que hay una influencia directa de un solo autor. Más bien soy una constelación, y cada autor que me ha conmocionado es parte de ella. Por ejemplo, Leopoldo María Panero me sacude con cada poema, y como diría Huidobro «Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía».

¿Forma parte Ud. de una generación o comunidad literaria?

Entré al taller literario El Perro Muerto en el 2008, y desde entonces hemos tenido un trabajo constante, una apuesta de vida por la literatura. Cada uno con sus particularidades, su visión de mundo, pues no queríamos convertirnos en una fábrica de hacer versos.

Mi compañero de taller Vladimir Amaya ya ha publicado dos antologías relevantes de poesía salvadoreña (¡y esto sin ninguna ayuda gubernamental!): Una madrugada del siglo XXI, que recoge 34 autores de lo que sería la joven poesía, convirtiéndose así en una instantánea de lo producido en el país hasta el 2010. Luego, vino Perdidos y delirantes. 34 poetas salvadoreños. 34 olvidados. Una investigación que le significó muchos años en solitario.

El año pasado como taller se publicó la antología Las perlas de la mañana siguiente, como un escaparate de lo que al interior se venía trabajando desde su fundación en el 2007, en las aulas de Letras de la Universidad de El Salvador.

Desde febrero de este año mantuve con Vladimir un taller de poesía, con ayuda del Centro Cultural de España. Fue una experiencia muy rica, pues nos dimos cuenta de cómo los más chicos (de los 14 a los 21 años) están mirando el mundo, la ciudad. La literatura sigue teniendo adeptos con mucho entusiasmo, y eso es de celebrar. No sabemos cuántos de los que participaron continuarán, pero lo que sí constatamos es que hay mucho material poético.

¿Qué temáticas aborda en su obra?

Los principales temas son la deconstrucción del amor. He tratado de desmitificarlo, de abordarlo no con ingenuidad, sino más bien revelar las fisuras en torno a este concepto, que es tan relevante en  la construcción cultural de la mujer, ya que la sociedad nos dictamina que se debe dejar todo por amor, pero esto sin duda tiene graves consecuencias para los proyectos de vida; asimismo, la muerte, lo que eso significa para nosotros. Un día un amigo me contaba que a las seis de la mañana, afuera de su casa, dos vigilantes conversaban sobre el tipo de arma que preferirían que utilizaran para su muerte, y eso le pareció tan descabellado, pero en un contexto como el nuestro es usual que hablemos de ello con mucha naturalidad y hasta indiferencia; la violencia, pero no desde una forma evidente o panfletaria. Busco sus manifestaciones en los actos cotidianos, en las calles, sobre todo las del centro de San Salvador, en las zonas marginales o en las formas de relacionarnos.

¿Qué impacto tiene el contexto social actual de  El Salvador en su obra?

Primero, el escenario. La ciudad, en ese sentido, no se vuelve en signo del progreso, sino de la barbarie. Somos habitantes de uno de los países más violentos, y eso se muestra en nuestra desconfianza permanente, siempre nos sentimos perseguidos, acosados. A mí me han preguntado por qué no escribo una poesía más luminosa o más esperanzadora o más juguetona, pero la verdad no creo que eso estaría acorde con mi entorno, con mi historia personal (la cual ha estado marcada por el adiós). Esos elementos te van configurando, y me hacen recordar unos versos de Hesse: «Parece que lo hermoso, que lo amable/ tienda a la destrucción,/ tan cerca siempre de la muerte».

¿De alguna manera la violencia política y social de los años ´80 tuvo repercusiones en su obra? 

No creo que sea de manera evidente. Pero sí reconozco que la violencia de hoy tiene sus vasos comunicantes con ese pasado reciente, y que persisten en nuestro país las heridas de la guerra, porque no hemos tenido tiempo para el duelo. Nuestros muertos se siguen acumulando, y en cantidades desbordantes. No es de extrañar que ante una realidad tan asfixiante como la nuestra las personas sigan emigrando, aun cuando saben los riesgos de la travesía. De ahí que El Salvador me recuerde al grabado Campo de batalla de Kollwitz.

¿Considera Ud. que su escritura tiene un carácter colectivista o intimista?

Considero que el yo poético es muy deslizable. Puedo pasar del mundo interior al exterior, pues al fin y al cabo lo que trato de hacer con mi trabajo es entender el mundo; afrontar mis demonios, esos habitantes que persisten, y la realidad.

Comente por favor la tecnología, Facebook y las redes sociales en su obra:

Pues son herramientas que han venido a demostrarnos que el hombre contemporáneo se siente demasiado solo, que es incapaz de ver su entorno, de adentrarse a su corazón, pues eso lo enfrenta consigo mismo, con sus demonios, con sus miedos, con sus fantasías más remotas, con ese niño abandonado y asustado que ha tratado de aniquilar. Esa contradicción la he tratado de explorar en algunos cuentos, sobre todo porque me parece triste cómo se nos puede ir la vida en esas dinámicas por no querer afrontar el aquí y ahora, esta realidad.

* Entrevista 16 de abril 2013 

Thursday, April 4, 2013

La cueva negra de la biopsia


La biopsia como una de las "Cuevas oscuras de la vida"

Por Evelyn Galindo-Doucette(*)

MADISON, WISCONSIN-Que te hagan una biopsia quiere decir, primero, que uno tiene el acceso al cuidado preventivo necesario para mantener la buena salud; eso en sí es un privilegio que no hay que dar por hecho dado que una gran parte de la población mundial no recibe atención médica.

De ahí podemos entrar a la cueva opaca que son esos días de esperar los resultados.  Son días en los que uno empieza a desprenderse de la trayectoria hacia el futuro porque tenemos muy presente que ese porvenir no le es prometido a nadie.  Interesante es ver qué fácil se sueltan hasta nuestros objetivos profesionales más claros sin mayores inconvenientes y cómo deja de tener tanta urgencia estar al tanto de las novedades de Facebook y Twitter.  Lo único que interesa del Internet es buscar síntomas, eso sí.  Y qué anhelo de estar con tus seres más queridos, para que estén cerca, pero que no te pregunten nada de nada.

La ventaja de la oscuridad es que ya no eres ni vieja, ni gorda, ni imperfecta.  Te ves en el espejo como una bella creación que nunca has podido ver bien, ni apreciar, hasta hoy.  A saber por qué.  Pero ahora sí, ahora que tu reflexión te mira con esa expresión de lástima.

Y bueno, de ahí, todo lo más feo; pánico, ansiedad, puro cortisol.  De hecho, según un estudio de Harvard en 2008 publicado en la revista médica Radiology, esperar los resultados de una biopsia afecta los niveles de hormonas de estrés igual como recibir la mala noticia de un cáncer.  En ese mismo estudio 126 mujeres se hicieron biopsias mamarias y después de cinco días 73 todavía no tenían los resultados de sus biopsias.  Las que no sabían los resultados tenían los mismos niveles de cortisol que las 16 a quienes les diagnosticaron un cáncer.  Total que esperar no es nada chiche.

Al fin y al cabo hay que dar gracias por las veces que logramos zafarnos de las cuevas negras de la vida.  Hay que salir de ese espacio tenebroso y saber apreciar el bello cielo despejado y la luz del día.  Lo mejor que podemos hacer es saber aprender de los malos ratos que pasamos para poder vivir mejor.

(*) Publicado en ContrACultura 4 de abril 2013

WJT Mitchell — Notes on Picture Theory

In analyzing the “pictorial turn” in his book Picture Theory, Mitchell begins by raising important questions about how images reference t...