Tuesday, December 18, 2012

La continuidad del pasado en el presente **



[Los lugares encantados son los únicos espacios que la gente puede habitar.  Michel de Certeau]
MADISON, WISCONSIN Un poco porque no sabía qué más hacer en el momento, tomé una foto.  Me ha quedado la imagen de una guayabera gris colgada sobre un torso de plástico duro.  En la foto el tronco que luce la camisa del Padre Rutilio Grande emerge de la nada como si fuera una instalación pos-moderna del MARTE.  La expresión aturdida de mi madre se ve reflejada en el escaparate de cristal, tendida nebulosa sobre un lado de la camisa de Rutilio Grande, y un desfile de placas conmemorativas se destaca atrás.  Tomé la foto la última vez que estuve en laSala Memorial de Mártires, un espacio que recuerda a los jesuitas de la UCA y a otros trabajadores religiosos que fueron asesinados durante los años de la guerra civil o poco antes. 
En la foto los agujeros que hilaron las balas antes de deshacer su cuerpo parecen innocuas manchas de tinta oscura.  Me pregunto si en un tiempo el color gris de la camisa era un añil fuerte como las camisas que parecían ser un uniforme de los taxistas justo a la salida del Aeropuerto Internacional Comalapa.  A lo mejor ni es gris, sino que un azul desteñido como consecuencia del jabón y la lejía, por colgarla en el sol del trópico, y por darle la buena planchada del tiempo.  No hay remedio, dado el escurridizo arte de la representación, siempre habrá una brecha infranqueable incluso entre las más fieles y éticas representaciones del pasado y la persona, evento, u objeto original.                  
Como hizo notar Roland Barthes, el impacto penetrante de una foto es el efecto de una dualidad que emerge de la imagen; la yuxtaposición inesperada de dos elementos que parecen, a primera vista, paradójicos.  En este caso, un artefacto que representa un pasado colectivo escenificado en un museo y la rememoración personal del sujeto salvadoreño en el presente.
Pero la brecha de la memoria se intensifica; va más allá de la memoria personal y colectiva y trasciende los campos políticos.  Hoy en día están quienes vivieron la guerra, están los “demasiado jóvenes” a quienes la guerra les fue contada, y están los que se fueron y les toca una memoria transnacional mediada principalmente por la comunicación electrónica.  También hay indiferencia, silencio, olvido, amnistía e impunidad. 
En fin, la doble perspectiva que primero descarté como un defecto lamentable de la foto, ahora me parece símbolo de una brecha nacional de la memoria.  Por un lado la foto sugiere una experiencia doble del sujeto que se identifica con las narrativas emblemáticas de la memoria colectiva y con los recuerdos personales que no encajan dentro de los marcos históricos hegemónicos.  Por otro lado también muestra la continuidad del pasado en el presente.  La camisa de Padre Rutilio Grande no se limita a ser un artefacto de la época represiva, sino que está incrustada en la subjetividad salvadoreña actual en nuestra cultura de violencia e impunidad. 
(*) Columnista de contrACultura
(**) Publicado en ContraCultura 26-12-13

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